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2003, un presupuesto paralizante
Por GEES
Notas nº 4   |  13 de Enero de 2003
 
El presupuesto del Ministerio de Defensa para el 2003 es el resultado de un doble estancamiento: del proceso de profesionalización de los ejércitos y del proyecto de modernización de las Fuerzas Armadas. En el primer caso, las dificultades en el reclutamiento de tropa y marinería han llevado a una revisión a la baja de los objetivos a alcanzar en cuanto al número de efectivos, para situarlos en el mismo número que el año anterior. Es más, en las cifras del presupuesto se produce incluso una disminución de los créditos dedicados a la retribución para el Personal Militar de empleo de más de 5 millones de euros.
 
En segundo término, el proceso de modernización se paraliza porque las inversiones se reducen en términos reales, culminando así una desaceleración de la capacidad inversora del departamento que en realidad se viene observando desde el año 2000. Esta debilidad inversora se pone especialmente de manifiesto si se tiene en cuenta que sólo un 4% del presupuesto de inversión del 2003 puede dedicarse a nuevos proyectos, porque el 96% restante está ya comprometido en proyectos en curso o a inversiones de carácter “permanente” (municiones, repuestos, reposición de vehículos, etc). Este porcentaje tan bajo  pone en cuestión la imprescindible capacidad de adaptación de nuestros ejércitos a un entorno estratégico y tecnológico en cambio acelerado.
 
Esta escasez de inversiones se ha venido paliando en los últimos años gracias a los anticipos concedidos a las industrias de defensa por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, créditos que han permitido poner en marcha importantes programas de adquisición, como el avión EF-2000, la fragata F-100 o el carro Leopardo. Sin embargo, esta política puede terminar ahogando a medio plazo el presupuesto de defensa, sino se produce paralelamente un aumento de los presupuestos de inversión del propio Ministerio. Así, en el año 2005 los pagos a efectuar por el Ministerio de Defensa derivados de los cuatro principales programas financiados por Ciencia y Tecnología, los tres mencionados más el avión de transporte A-400M, pueden ser ya superiores al total del actual programa de modernización de las Fuerzas Armadas. La cuestión ya no será entonces el escaso porcentaje disponible para iniciar nuevos programas, sino la incapacidad del Departamento para financiar las adquisiciones que ya están en curso.
 
Por último, se observa también en el presupuesto una cierta tendencia a la burocratización del gasto, lo que se pone de manifiesto tanto en el fuerte crecimiento experimentado por el presupuesto del Órgano Central, en detrimento de las Fuerzas Armadas, como por el aumento del 8,2% en el programa de Administración y Servicios Generales de Defensa, frente a una disminución del 4,4% del de gastos operativos en las Fuerzas Armadas o a un crecimiento mucho más limitado, tan sólo del 2,9%, en el programa de modernización de los ejércitos.
 
Por otro lado, los gastos de personal siguen teniendo un peso excesivo en el conjunto del presupuesto. En el 2003 este tipo de gastos absorbe el 57,8% del total de los créditos disponibles, mientras que a material se dedica el 42,2 restante. Esta proporción está muy alejada del 60% para material / 40% para personal que se marcó como objetivo a alcanzar en el nuevo modelo de Fuerzas Armadas profesionales.
 
Por servicios, los grandes beneficiados del 2003 son el Órgano Central y la Armada, cuyos presupuestos crecen respectivamente un 6,99 y un 6,24%. El Ejército del Aire crece también, aunque algo más moderadamente, un 4,96%. Por el contrario, el EMAD y el Ejército de Tierra son los grandes sacrificados, con una pérdida del 6,78 y el 3,6% respectivamente. En este último caso, las inversiones en modernización se reducen en una tercera parte respecto a las de 2002.  
 
En definitiva, la defensa continúa un año más al margen de las prioridades de gasto público del Gobierno, más interesado en todo caso en la mejora de la seguridad interior que en garantizar la defensa. Todo ello, a pesar de un escenario internacional y de seguridad más complejo condicionado por conflictos como la guerra contra el terrorismo, la amenaza de proliferación de armas de destrucción masiva o la reciente crisis del Perejil. Sin embargo, los objetivos de estabilidad económica se siguen imponiendo en el 2003 a cualquier otra consideración estratégica.


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