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Afganistán: es la guerra
Por GEES
Notas nº 26   |  25 de Julio de 2006
 
Proporcionalmente, si los Estados Unidos hubieran tenido las bajas mortales que España ha sufrido ya en Afganistán, habría enterrado en aquellas tierras nada más y nada menos que 1200 soldados. Esto quiere decir, al menos, tres cosas.
 
La primera, que el precio en vidas que está pagando España en Afganistán es tremendamente alto en términos comparativos. Ni siquiera durante las invasión en 2001 ningún ejército perdió el 0’6% de sus hombres y mujeres allí desplegados, que es la tasa real de bajas experimentadas por nuestras Fuerzas Armadas.
 
En segundo lugar, que las sociedades están mucho más dispuestas a encajar la pérdida de sus soldados de lo que tradicionalmente se creía. Algo que también se está viendo en Irak. Los muertos son importantes, sin duda. Es más, deben serlo. Pero el nivel de sacrificio humano no parece ser el factor determinante en una guerra. Si el debate americano sobre Irak indica algo es que la gente se hastía de la guerra no porque haya muchas bajas, sino porque no ve posible la victoria. Un muerto en combate es malo, pero un muerto inútil es mucho peor.
 
Tercero, la situación en Afganistán está más cerca de lo que dicen las autoridades militares americanas de lo que cuenta aquí el gobierno. Desde finales de febrero los responsables norteamericanos vienen avisando del recrudecimiento de la violencia organizada en suelo afgano. Acusan dos razones tácticas, el traspaso de la misión allí a manos de la OTAN, una institución aparentemente menos creíble, puesto que los talibán se siente bien preparados para hostigar a las fuerzas de los europeos; y una mayor injerencia iraní en el tráfico de personas, activistas y armas. Precisamente en el sector occidental donde patrullan las fuerzas españolas. Y también una razón de fondo: la debilidad institucional del gobierno de Kabul, sobre todo en lo referente a la protección y seguridad.
 
Hay quien piensa, a tenor de la violencia desatada en Afganistán, que el error está en combatir a los talibán que aún se mueven con libertad por el difícil terreno de aquel país y que la OTAN debe acelerar la componente de ayuda a la reconstrucción a fin de generar un claro apoyo social al proceso democrático afgano. Se equivocan. Ese apoyo ya se ha manifestado en las urnas y quienes lo ponen en peligro están fuera del sistema y lo seguirán estando. Si la OTAN se plantea Afganistán como una misión más de ayuda humanitaria y no está dispuesta al combate, se va a encontrar con más enemigos sobre el terreno de lo que se piensa y tendrá que lidiar con más bajas. Alguien del gobierno debería explicarnos el por qué y el para qué de ese elevado riesgo.


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