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El «remake» coreano
En letra impresa nº 575   |  11 de Julio de 2006
 
(Publicado en ABC,  11 de julio de 2006)
 
 
Las recientes pruebas con misiles realizadas por Corea del Norte nos han situado, una vez más, ante un discurso diplomático tan conocido como inútil. Es el mismo que escuchamos durante la actual crisis iraní o las precedentes crisis norcoreanas, tanto las referidas a misiles como a tecnología nuclear. El guión es, más o menos, el siguiente: se obtiene información sobre un hecho que vulnera acuerdos internacionales y supone una amenaza para la seguridad internacional; Estados Unidos y los Estados europeos hacen fuertes declaraciones, trazan «líneas rojas» que no se deben superar y amenazan con graves sanciones económicas e, incluso, con el uso de la fuerza; el Estado en cuestión ignora las «líneas rojas», intuyendo que quien amenaza va «de farol», y continúa con sus actividades; Estados Unidos y sus socios europeos convocan entonces al Consejo de Seguridad y presentan un borrador de resolución que impone las anunciadas graves sanciones económicas; Rusia y China consideran que la aplicación de esas sanciones sólo tendría efectos negativos y que se debe perseverar en la vía diplomática; al final todo queda en una resolución descafeinada que confirma a los gobernantes del Estado aludido que han hecho muy bien en ignorar las presiones internacionales.
 
Hay otra variante. Cuando Estados Unidos decide actuar sin el respaldo del Consejo de Seguridad. No sería la primera vez ni tampoco la última, pero este tipo de intervenciones se administra en dosis espaciadas, para evitar males mayores.
 
Los diplomáticos norteamericanos y europeos nos dicen que están haciendo un gran esfuerzo por llegar a un punto de encuentro con el resto de los Estados miembros del Consejo, pero cada día es más evidente que el consenso pasa por limitar el carácter sancionador del texto. Esto nos lleva a la cuestión capital: ¿el objetivo es impedir la proliferación de medios de destrucción masiva y de sus vectores, es decir de misiles, o mantener un ambiente de colaboración en el Consejo? Dicho más claramente, ¿el Consejo es un medio para preservar la seguridad internacional o un fin en sí mismo?
 
Parece evidente que si el Consejo no asume su responsabilidad en la contención de las tendencias proliferadoras no está cumpliendo con su obligación fundamental y, por lo tanto, está dando un nuevo argumento a aquellos que critican el papel de la ONU en la gestión de los asuntos de interés general. Tanto es así que la Unión Europea, de cuya pasión multilateralista no cabe dudar, acuñó tiempo atrás un concepto aterrador, que aparece recogido en su documento de estrategia: «multilateralismo efectivo». Cuando hay que añadir la palabra «efectivo» es que se reconoce la existencia de un multilateralismo que no lo es.
 
La historia de la Sociedad de Naciones debería servirnos para algo. Ganar tiempo no es la mejor de las políticas.   


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