(Publicado en ABC, 7 de julio de 2006)
Hace ahora un año, mientras usted leía este periódico, tres terroristas islámicos se volaban en el Metro de Londres y un cuarto en un típico autobús de dos pisos. Mohamed Siddique Khan, el líder del grupo, había dejado un vídeo póstumo en el que declaraba «estamos en guerra y yo soy un soldado». Su acción dejó más de media docena de muertos y 700 heridos, así como la conmoción de ver cómo cuatro jóvenes criados en Inglaterra, aparentemente normales, luchaban contra su propio país movidos por el fanatismo religioso.
Al igual que en el 11-M en Madrid, la izquierda enseguida encontró un vínculo entre el brutal ataque y la guerra en Irak, acusando entonces a Blair, como se hizo aquí con Aznar, de ser el último responsable de la tragedia. Pocos quisieron encontrar en la ideología que inspiraba a los terroristas, el Yihad contra Occidente. Tony Blair -al igual que Aznar- no obstante entendió desde el principio el problema: no sólo eran condenables el método utilizado, sino también las ideas de los yihadistas. Y para prevalecer sobre su terror había que defenderse de lo primero -las bombas- y combatir lo segundo -la ideología.
Para lo primero, el Gobierno de Blair ha propuesto medidas y acciones que suponían un profundo cambio en la tradicional actitud complaciente que las autoridades británicas habían mostrado hacia el islamismo. Londres no podía seguir siendo Londonistán. Sin embargo en el combate ideológico ha sido el pensamiento débil el que se ha impuesto sobre Blair. A lo que se aspira hoy es a que los llamados islamistas moderados diluyan la atracción que ejercen los yihadistas sobre buena parte de la población musulmana.
El problema es que no hay islamistas moderados, como en su día no hubo nazis moderados. Los islamistas pueden diferir en sus tácticas, pero no en sus objetivos, la expansión y la imposición del islam. Es más, hoy se considera islamistas moderado a todo aquel que no está dispuesto a suicidarse matando inocentes. Lo cual es una aberración de nuestro pensamiento. Sí hay musulmanes moderados, pero porque no son islamistas, esto es, islamizados por la fuerza, y porque se toman con distancia los preceptos del Corán. Lamentablemente son una minoría marginada dentro de su pueblo y en su mayor parte, además, silenciosa. Convendría ayudarles y no aupar a los Tariq Ramadán por el deseo de apaciguar a los radicales.
Cinco años después del 11-S, dos años tras el 11-M y en el primer aniversario del 7/7 da la impresión de que seguimos preocupantemente confusos sobre el enemigo que tenemos enfrente. Las bombas de Madrid y Londres no estuvieron provocadas por una venganza de Sadam. En todo caso por la venganza del profeta.