Desde principios de Mayo, Corea del Norte se ha estado preparando para un posible lanzamiento de misiles que ahora parece inminente. Como respuesta, los americanos están debatiendo cómo debe responder Estados Unidos a tal lanzamiento. En este momento, hay varios hechos claros.
Primero, la amenaza norcoreana pone énfasis en la importancia de un exhaustivo sistema nacional de defensa contra misiles, capaz de defender a Estados Unidos y a sus aliados.
Segundo, a Corea del Norte – o a cualquier estado canalla que se rehúse a atenerse a las costumbres de una sociedad civilizada – no se le debería permitir que se meta a hacer lanzamientos amenazantes y no anunciados. Finalmente, algunos han sugerido que Estados Unidos debería dar un golpe preventivo atacando la plataforma de lanzamiento del misil norcoreano. En realidad, esta toma de decisión podría estar justificada si se determinase que el lanzamiento es una amenaza, como por ejemplo que el misil tuviese una ojiva nuclear.
Sin llegar a esa amenaza explícita, Estados Unidos debería escoger el término medio poniendo a funcionar su sistema de defensa contra misiles. En cuestión de segundos de un lanzamiento norcoreano, los sensores americanos podrían analizar la trayectoria del misil y determinar el propósito, lo más probable es que sea el despliegue de un satélite o un misil balístico intercontinental. Si el lanzamiento pareciese ser el de un misil, Estados Unidos debería usar su sistema de defensa contra misiles para destruirlo.
Según los informes de noticias, el Departamento de Defensa ya ha puesto en estatus operativo el sistema nacional de defensa contra misiles, aún en desarrollo, como respuesta a las preparaciones norcoreanas. Ésta es una reacción inteligente porque los militares deben estar preparados para defender la vida y propiedad de los americanos contra cualquier amenaza a causa del eventual lanzamiento de un misil norcoreano, sea que la amenaza venga en la forma de ataque intencional o como consecuencia de un vuelo errante. Igualmente, Estados Unidos tiene que cumplir las obligaciones contraídas en acuerdos con sus aliados como Australia, Japón y Corea del Sur en caso que las acciones de Corea del Norte amenacen su soberanía o intereses vitales. Para realzar sus opciones defensivas, Estados Unidos necesita intensificar sus esfuerzos construyendo un sistema de defensa contra misiles.
La opción defensiva confiere un término medio entre la destrucción preventiva de la zona de lanzamiento de misiles y la espera para tomar represalias después de la pérdida de vidas y la destrucción de bienes. Las fuerzas militares de Estados Unidos podrían destruir la zona de lanzamiento del misil antes de que se lance pero esto sería difícil, aunque no imposible, de justificar. Además, un ataque preventivo podría provocar un conflicto militar a gran escala. No obstante, si la Administración Bush pudiera demostrar de manera convincente que Corea del Norte había acoplado una ojiva nuclear a su misil y que por tanto estaba intentando lanzar un ataque como objetivo, entonces la opción preventiva estaría justificada y sería necesaria.
Por otro lado, una represalia como respuesta acepta la posible pérdida de vidas y bienes y asume, quizá incorrectamente, que una acción norcoreana justifica una represalia. Defender que Estados Unidos debería tomar represalias militarmente como respuesta a la destrucción causada por lo que luego se viese era la prueba de un misil errante es algo problemático. Un ataque como represalia, por ejemplo un ataque preventivo, también conlleva el importante riesgo de un conflicto militar más grande.
Una defensa muy limitada
Sin embargo, el Congreso y el pueblo americano deben entender que el sistema de defensa contra misiles – en particular para contrarrestar misiles de largo alcance del tipo que Corea del Norte parece estar alistando para su lanzamiento — tiene una capacidad muy limitada.
Primero que el sistema defensivo está recién en desarrollo y tiene una capacidad operativa integrada porque el sistema tiene que montarse para poder probarlo. Y segundo que sólo hay 11 interceptores de tierra – 9 posicionados en Alaska y 2 en California – capaces de interceptar misiles de largo alcance. Según dijo el director de la Agencia de Defensa de Misiles, el teniente general Henry A. Obering, en su testimonio del 9 de marzo de 2006 ante el subcomité de Fuerzas Estratégicas del Comité de Servicios Armados de la Cámara, la Marina está buscando posicionar hasta 20 interceptores de misiles Standard 3 (SM-3) en 4 naves Aegis para finales de este año. No obstante, estos misiles están actualmente diseñados para contrarrestar misiles de medio alcance. Estos interceptores están reforzados por una gama de sensores y radar para detectar y seguir la pista de misiles en vuelo así como una red de comando y control para operar el sistema.
Dadas las muy limitadas capacidades de esta defensa, la habilidad del sistema para interceptar y destruir un misil norcoreano en vuelo no nos proporciona una defensa segura, incluso bajo circunstancias favorables para la defensa. Si el misil norcoreano es uno de largo alcance con dirección hacia Alaska o la Costa Oeste, los interceptores de tierra en Alaska y California tienen la capacidad de efectuar una interceptación. Si el misil es de largo alcance y se lanza en dirección de un aliado americano como Australia, los interceptores de tierra no están bien posicionados para llevar a cabo la interceptación. Si el misil resulta ser de medio alcance y se lanza sobre el océano – por ejemplo en dirección al territorio americano de Guam o de un aliado americano como Japón, el SM-3 tiene, en teoría, la capacidad de efectuar una interceptación. La capacidad real depende de la ubicación de la nave que lleve los interceptores SM-3 en el momento del lanzamiento del misil norcoreano, de modo que es imposible afirmar con exactitud las probabilidades de éxito. No obstante, el intento de interceptación es algo apropiado para cuando existe la probablidad de que el lanzamiento irrestricto sea una amenaza para Estados Unidos o que ponga en peligro los intereses supremos de un aliado americano.
La abandonada Protección Global Contra Ataques Limitados
Comprensiblemente, el Congreso y el pueblo americano pueden sentirse incómodos con las limitadas capacidades defensivas antimisiles de hoy en día. Esas capacidades podrían ser mucho más fuertes en la actualidad. El 12 de febrero de 1991, el embajador Henry F. Cooper, director de la Organización para la Iniciativa de Defensa Estratégica y Stephen J. Hadley, Secretario Adjunto de Defensa para Política de Seguridad Internacional (actualmente Consejero de Seguridad Nacional del Presidente Bush) comunicaron a la prensa y al público en general sobre el plan defensivo antimisiles llamado Protección Global Contra Ataques Limitados (GPALS por sus siglas en inglés).
El plan estaba basado en el análisis de las tendencias en el desarrollo y despliegue de misiles balísticos en el mundo entero en ese momento. Mirando retrospectivamente, la base del plan se justifica por la capacidad de los misiles balísticos de Corea del Norte en la actualidad. Por lo menos, una parte de los elementos importantes de la arquitectura del GPALS estaría operativa hoy si el Congreso y la Administración Clinton no hubiesen abandonado el plan en 1991.
El GPALS habría sido capaz de defendernos contra 200 misiles individuales con vehículos de reentrada. La arquitectura habría incluido una gama de interceptores defensivos para contrarrestar misiles de corto y medio alcance, defensas en tierra para contrarrestar misiles balísticos de largo alcance lanzados contra el territorio americano en números mucho más elevados que los 11 disponibles en la actualidad además de también estar operativos, un sistema más amplio y resistente con red de sensores, comando y control así como una constelación de interceptores en el espacio llamados Brilliant Pebbles (Piedritas brillantes).
Los interceptores Brilliant Pebbles habrían proporcionado una defensa contra la mayoría de misiles de corto alcance y de todos los misiles balísticos de largo alcance. Además, la constelación habría tenido la capacidad teorética de contrarrestar misiles de largo alcance lanzados desde cualquier parte del mundo contra cualquier objetivo en el mundo. La capacidad real, en última instancia, dependía de los números y del patrón de despliegue de los interceptores. Visto como un todo, esta arquitectura también nos habría permitido múltiples disparos contra el tipo de misil que Corea del Norte se está preparando para probar. En 1991, se calculaba que el coste de adquisición del sistema GPALS sería aproximadamente de 41 mil millones de dólares (en dólares de 1988).
Incluso si toda la cantidad al completo de cada elemento de la arquitectura del GPALS no estuviese desplegada hoy en día, igualmente seguiría cubriendo toda la gama de objetivos en potencia de un ataque de misiles por parte de Corea del Norte, incluyendo territorio americano así como el territorio de amigos y aliados de Estados Unidos. Esto incluye un misil con contraofensivas y señuelos diseñados para abrumar a la defensa. El nivel de confianza para contrarrestar un único misil sería mucho mayor que el que tenemos hoy en día.
Conclusión
Una opción defensiva contra ataques de misiles es indispensable para una postura militar americana equilibrada al enfrentar el tipo de amenaza que supone Corea del Norte en la actualidad. Le da al presidente una mayor variedad de opciones militares en un mundo en el que las armas nucleares y los sistemas de entrega para misiles balísticos proliferan y donde los acontecimientos futuros son difíciles de predecir. Las otras opciones militares disponibles para el presidente, especialmente las opciones preventivas y retaliativas, actualmente son sólidas. La opción defensiva, sin embargo, sigue estando desfasada.
Si los norcoreanos lanzan un misil balístico intercontinental, el presidente debería actuar en defensa del país y derribarlo. Además, hace tiempo ya que es hora que este Congreso tome los pasos necesarios que el Congreso anterior y la Administración Clinton deberían haber tomado a principios de los años 90 y poner en marcha una arquitectura de defensa frente a toda la posible gama de misiles similar a la del GPALS. Corea del Norte ha dado un motivo para entender por qué esto es necesario.