Lo que convencionalmente se conoce como “muros defensivos”, que el reino de Marruecos ha implantado en el Sahara Occidental, son unas gigantescas barrenas de piedras y arena fortificadas, minadas, alambradas y custodiadas por más de 165.000 soldados pertrechos con un arsenal bélico relativamente sofisticado. Estos muros se han edificado con un ostensible fin prioritario: “materializar el hecho consumado de la ocupación por la fuerza”. Una ocupación que ninguna instancia internacional ha reconocido ni mucho menos legitimado hasta el momento.
Entre los años 1976-1979, el ejército Saharaui haciendo un uso adiestrado de las tácticas de la guerra de guerrillas y la guerra de posiciones y beneficiado por un gran conocimiento del relieve topográfico del terreno, emprende ataques relámpagos sobre las zonas de acantonamiento y puntos de apoyo logístico de las fuerzas invasoras, ampliando su escenario operacional y adentrándose en el sur de Marruecos hasta 500km. En esta etapa de desconcierto para Marruecos, cabe destacar que Francia tuvo que intervenir directamente en el conflicto bombardeando las unidades saharauis con aviones ¨JAGUAR¨ en 1977.
Como resultado directo de la eficacia de la táctica emprendida por los saharauis, la cúpula militar marroquí, tras el aniquilamiento de unidades de élite como UHUD, ZALAGA, 3GB…etc., con un ejercito crecientemente desmoralizado y ante la ineficacia de todas las tácticas emprendidas hasta el momento, se ve en la inminente obligación de buscar una solución mágica para frenar la osadía saharaui y salvar a su ejército de una derrota contundente. Siguiendo las sugerencias de los estrategas extranjeros aliados que habían acudido en un intento de ayuda (franceses, israelíes, americanos) y con el sustento económico de sus principales proveedores del golfo (Arabia Saudita, Qatar, Kuwait e Irak) comienza entonces la edificación de los acerbos muros “defensivos”.
Entre los años 1980-1987, decenas de miles de soldados, centenares de excavadoras y brigadas de zapadores e ingenieros, arrumbaron la gran muralla del desierto que se convertiría años después en el orco del ejército marroquí. Después del tiempo pasado se puede decir simple y llanamente que los estrategas marroquíes y sus aliados han errado en el diagnóstico de la rinalgia que padecía su ejercito. Y es que se puede decir que el remedio fue peor que la enfermedad en muchos aspectos.
Económicamente, es bien conocido, que en 1980 el presupuesto de defensa era el 17,4% del presupuesto global de Marruecos, y que entre los años 1985-1991 el coste de manutención y sustento de las fuerzas armadas reales (FAR) en el muro alcanzó la astronómica cifra de 3 millones de dólares diarios. Cualquier conocedor de la situación marroquí, no dudaría en decir que la economía marroquí muy débil estructuralmente, es incapaz de soportar estos gastos, basándose en los siguientes argumentos principales:
· Las principales fuentes de ingreso de divisas de Marruecos, son ingresos variables y fuertemente dependientes de la coyuntura, como el turismo, la exportación de cítricos y las aportaciones de los emigrantes en el extranjero.
· Los principales proveedores de Marruecos en su guerra del Sahara fueron tradicionalmente, los países del golfo (Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Irak) y estos desde 1991 se han atascado en sus propios problemas (terrorismo, auge del fundamentalismo islamista en la zona, la guerra de Irak…etc), y ya no son unos proveedores tan fiables. Esto es especialmente significativo si tenemos en cuenta que Marruecos es totalmente deficitario y dependiente en materia energética, y consecuentemente se ve muy afectado por coyunturas como la actual, marcada por un alza en los precios del petróleo.
· La economía marroquí, como un reciente informe del banco mundial ha señalado, no logra crecer al ritmo necesario ni tan siquiera para hacer frente al crecimiento demográfico (crece un 3% anual, mientras que le había falta al menos crecer en un 6% anual). De reanudarse las hostilidades en el Sahara occidental, el esfuerzo económico destinado a la guerra se volvería a incrementar dramáticamente situando a la economía marroquí al borde del colapso total.
A tenor de lo citado, cualquier observador objetivo y ecuánime, formularía las interrogantes siguientes:
· ¿A quien favorece el alto el fuego?
· ¿Quienes estaban y aun están detrás del alto el fuego , o en otros términos, quienes velan por mantenerlo como subterfugio para evitar la inminente desaparición del trono real alauita?
· ¿Por qué el alto el fuego es el primer y único capítulo del plan de paz de la ONU que se ha cumplido, por no decir que de facto figura hoy como único mandato de la Minurso?
· ¿Han acertado quienes en sus análisis después de 14 años del alto el fuego lo califican de sórdido, siniestro y petulante?
¿Que es exactamente el muro?
Para una mejor comprensión de lo acerbo que son estos muros, me parece oportuno citar los distintos obstáculos explosivos y no explosivos que componen la armadura de los mismos:
· Muros de arena: construidos a lo largo del dispositivo, con una altura de 2,5m y un ancho de 1’5 m.
· Muros de piedra: aparecieron mas tarde para impedir el paso de las fuerzas blindadas Saharauis, una vez demostrada la ineficacia de los muros de arena. Sus dimensiones son de 2m de altura y 1,5m de espesor.
· Las alambradas, tendidas principalmente frente a los puntos de apoyo (zona de defensa de una compañía -120 soldados-).
· Escarpas y contra escarpas: zanjas de 3m de longitud por 0,5 de profundidad, para impedir la penetración de los tanques y demás medios blindados (motorizados-mecanizados).
· Campos de minas: constituyen la pieza clave del dispositivo de ¨defensa¨, sembradas frente, detrás y en los flancos de todas las posiciones (puntos de apoyo de compañías, puntos de resistencia de secciones, intervalos,…etc). Los campos minados son generalmente irregulares y mixtos (antipersonales y anticarro), generalmente dotados de dispositivos de anti-levantamiento. Entre los tipos de minas existentes en el muro podemos citar por ejemplo (fmp-1,m-35, vs-50, m-966,mk-1, vs33, k-1, prom1 y muchísimas otras variedades de diversas designaciones tácticas). Cabe resaltar que el ejército marroquí ha sembrado en el Sahara Occidental entre 7 y 10 millones de minas de diversas designaciones tácticas, lo que convirtió a la población Saharaui en el grupo humano amenazado por más minas por persona del mundo.
· Sistemas de detección: su piedra angular la constituyen los radares, instalados a lo largo del dispositivo. La gama de radares en servicio del ejército marroquí incluye los modelos RATAC (francés), STENTOR(americano), RAZIT(americano).
· Despliegue de tropas: en la primera línea se despliegan las unidades de infantería, por cada 2,5 km se encuentra un punto de apoyo (zona de defensa de una compañía, un punto de resistencia de sección (pelotón), un punto de observación avanzado y los intervalos (generalmente ocupados por grupos de las unidades de intervención rápida). En la segunda línea, se despliegan las unidades de intervención rápida, tanques, artillería y puestos de mando, a una distancia de 6-8km de la primera línea.
Es preciso puntualizar, que la actual línea de ¨defensa¨ es el resultado de seis fases de construcción: el primer muro (1981-1982) que comprendió de Ras el Janfra a Bojador tiene una longitud de 900 km; el segundo muro (1983-1984) de Bucraa a Amgala es de 300km; el tercer muro (1984) de Zac a Ratmia tiene 320 km de longitud; el cuarto muro (1984-1985) de Taref Buhenda a Lebraiga mide 380km; el quinto muro (1985) de Amgala a Lebuerda (sur de Dajla-Villa Cisneros) es de 670km de longitud; el sexto muro (1987) de Taref el Abda hasta la costa atlántica (60 km al norte de La Güera) cuya longitud es de 550km. Cabe destacar que de la sumatoria de todos estos tramos, se desprende que hoy día es operacionalmente activa una línea de 2700km.
El territorio controlado por Marruecos se encuentra a su vez dividido por varios tramos de muro. Estas son las partes no operativas del muro, que no están custodiadas actualmente por soldados, pero, y esto es muy importante, sí están minadas, sobre todo las aledañas o próximas a los centros poblacionales (Smara, Bojador, Bucraa, Dajla-Villa Cisneros) lo que ha convertido las ciudades saharauis ocupadas en un gran presidio, cuyos centinelas son las minas.
Objetivos y consecuencias del muro
· Con la edificación de esta gran muralla, los estrategas marroquíes suponían alcanzar los fines táctico-operacionales siguientes:
· Alejar el ejército Saharaui de las ciudades más importantes.
· Garantizar la usurpación de los recursos naturales.
· Crear una concentración de fuerzas.
· Retardar cualquier intento de ofensiva saharaui, propiciando tiempo para una respuesta adecuada.
· Privar a los saharauis de las ventajas tácticas que ofrece el factor sorpresa.
Para los saharauis la edificación de estos muros lleva implícitos otros objetivos de carácter estratégico, entre los que se destaca una metódica política de exterminio de la población saharaui, la implantación de colonos y la usurpación irracional de los recursos naturales.
Es preciso puntualizar que la edificación de estos muros supuso, como no podía ser de otro modo, un cambio de estrategia para el ejército saharaui, pasando de la guerra de guerrillas a la guerra de desgaste (hostigamientos, infiltraciones, asaltos, emboscadas,… etc) y creando así las condiciones propicias para llevar a cabo operaciones de envergadura empleando fuerzas blindadas, artillería… etc. Pese al grandioso esfuerzo militar que han supuesto los muros, los combatientes saharauis se adaptaron progresivamente a la nueva táctica del adversario, demostrando la vulnerabilidad del muro desde el punto de vista táctico-combativo y engendrando un clima de inestabilidad psíquica y tensión permanente entre los oficiales y soldados marroquíes, por la simple razón de que no saben cuándo, cómo y dónde van a ser atacados, lo que ha acentuado fenómenos como la deserción, insubordinación, consumo de drogas, etc. Estos fenómenos solo son propios de un ejercito desmoralizado.
Por otra parte, este insolente y pródigo muro ha acarreado nefastas repercusiones en todos los ámbitos de la vida de los saharauis, y no solamente para ellos, pues también repercute negativamente en el desarrollo y la prosperidad de toda la región del Magreb Árabe. Hablar de una integración económica en el Magreb Árabe mientras esta muralla continúe seccionando el Sahara Occidental es pura ficción política.
Para la mejor asimilación de dichas repercusiones citaré las más reveladoras, dada la imposibilidad de abarcarlas todas.
En el ámbito social, su implantación y continuidad viola los mas elementales derechos de los refugiados, acentúa la extremas condiciones del exilio, obvia los vínculos sociales y priva la continuidad social y cultural por la simple razón de que ha separado familias por más de 30 años.
En el plano psíquico, esta barrera encierra a un grupo poblacional (los saharauis en las zonas ocupadas), que se encuentran en la abrumadora situación de optar por una de las tres infernales opciones de posible traspaso: por el norte de Marruecos, por el Oeste mediante las pateras de la muerte y por el Sur y Este el muro (afrontando todo un ejército, millones de minas y alambradas). Por lo que ha acertado quien lo describe como la prisión a cielo abierto más grande del mundo. A pesar de todo lo citado, creo que hoy es ostensible para los gobernadores de Marruecos que los saharauis son difíciles de subyugar, como ha evidenciado la intifada en los territorios ocupados del Sahara Occidental, después de 30 años de ocupación por la fuerza.
Políticamente, esta barrera es uno de los principales obstáculos para la organización de un referéndum de autodeterminación libre y transparente, además de ser un factor de desestabilización política en la zona.
Económicamente, la berma es un centinela de la metódica e irracional usurpación de los recursos naturales del Sahara Occidental, que priva y privará del intercambio comercial, obstruye las comunicaciones y el libre desplazamiento de los habitantes oriundos (nómadas por lo general).
Bien es sabido que todas las instancias internacionales no reconocen la supuesta soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, hecho ostensible en todas las resoluciones de la ONU (Asamblea General, Consejo de Seguridad) así como en el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Por eso mismo resulta desolador, agobiante e indigno el aturdido silencio de la comunidad internacional ante los efectos y secuelas que se derivan de la construcción y permanencia de este muro. Realmente es un razón de una inquietad.
Las generaciones saharauis (actual y futura) cosecharán con suplicio lo sembrado por Marruecos en el Sahara Occidental. De lo que sí estamos convencidos los saharauis, es que después de 14 años del alto el fuego supervisado por la inoperante MINURSO, el muro ha perdido su razón de existir y seguros estamos que algún día tendrá el mismo paradero de otros muros (Barlev- Mauricio-shall- Maginot…).
Al final, la convicción saharaui es que el muro no es ni podrá ser EVITERNO.