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Tropas en Irak
En letra impresa nº 569   |  30 de Junio de 2006
 
(Publicado en La Razón, 30 de junio de 2006)
 
Maldita sea, ya están hablando otra vez de reducir las tropas en Irak. Es compulsivo, obsesivo, maníaco... e indigno. Ahora es Casey, el jefe militar de la coalición sobre el terreno. ¿Cómo no se lo habrá prohibido Bush? Es perfectamente contradictorio con todo lo que el presidente dice sobre el conflicto. Erre que erre nunca ha dejado de repetir que no se va hasta que no esté todo razonablemente encarrilado. Y recientemente ha quemado las naves declarando que en todo caso la retirada le corresponderá a su sucesor.
 
¿A qué viene ese parloteo sin sentido? Elecciones, ni hablar. Lo que la base conservadora necesita son éxitos, no ridículos estadillos de tropas a la baja. Un Zarqawi menos le ha pegado un brinco de seis o siete puntos a las escuálidas encuestas de Bush. El argumento de que la ocupación es impopular y cuanto menos se vea mejor es puro absurdo. Para eso no haber entrado y en todo caso liar el petate y largarse con todo el equipo, que es lo que dicen los candidatos demócratas con menos posibilidades de ser elegidos.
 
La ocupación es impopular porque no proporciona la seguridad que la mayoría del país esperaba. No les cabe en la cabeza a los iraquíes que la hiperpoderosa América no sea capaz de acabar con una panda de fanáticos islamistas y bandidos sadamistas. No es que su cabeza ande muy bien, con tanta desgracia que han tenido que padecer a lo largo de la historia y tan firmes creencias en las aviesas conspiraciones como causa de todos sus males, pero algo, algo de razón puede que tengan, aunque la componenda que tan fácilmente imaginan de Washington con los malos para quedarse para siempre sea pura irracionalidad.
 
Con más soldados los fanáticos del jihad y los perdedores suníes puede que se hubieran cogido más y más intensas pataletas, si posible fuera, pero es difícil de colegir en qué puede agravar la situación las consecuencias prácticas de esos exasperantes estados emocionales. Por el contrario, los que se sintieron liberados con la invasión y hasta el día de hoy no la han rechazado ni han mostrado ninguna clase de ardores por volver a someterse a los suníes árabes, hubieran obtenido más de la ansiada e indispensable seguridad sin la cual la legitimidad del gobierno resulta irrelevante y la economía tiene menos posibilidades de despegue que una gallina coja.
 
Con más soldados menos muertos. Claro está que más blancos para los que los toman como dianas. Con esa lógica que el general Perogrullo se los lleve a todos. Pero si los tiradores de la heroica resistencia al gobierno mayoritario libremente elegido no se atreven a asomarse, la funeraria sale perdiendo. Y si un número más crecido de los primeros permite perseguir a los segundos con mayor agresividad, el balance se torna positivo para las funerarias y para todo el país.
 
A la hora de hablar de errores cometidos, invariablemente consistentes en la fórmula curalotodo preferida de cada maestrillo, un servidor cree que es importante el de no haber sometido a referéndum la presencia de tropas extrajeras mientras los matarifes sigan haciendo de las suyas. Aún hay tiempo. Incluso puede que los tiempos para una tal consulta sean mejores que nunca. Los kurdos casi las aman, los chiíes no quieren perderlas de vista de momento, diga lo que diga el demagogo sin escrúpulos que es Múktada al Sadr, que con la inestimable cooperación iraní atenta contra ellas mientras le sirven de parapeto contra las iras de los insurgentes. Lo mejor de dos mundos. La gloria del resistente y la protección, imperfecta pero suficiente para él, del ocupado. Hasta los líderes suníes dicen que siguen queriendo que se vayan cuanto antes, pero ahora resulta que ese «antes» viene después de que hayan desarmado a las milicias chiíes, las cuales hartas de aguantar estoicamente durante tres años las matanzas de inocentes entre los suyos se decidieron a pasar de Sistani y a la acción y comenzaron a hacer lo propio con los otros, contribuyendo así a que el horror de Irak sea más equitativo aunque todavía más horroroso.
 
Pero si los americanos siguen con su manía retiratoria ¿qué va a ser de la coalición? Los italianos se van, con muchísima más dignidad que nosotros, y no sólo porque la diferencia entre cero y algo sea siempre infinita. Los japoneses consideran que también les ha llegado su tiempo, aunque el cohete koreano haya aparecido en el momento menos oportuno, puesto que los cooperantes nipones, casi no llegan a soldados, están comprando protección americana. Al heroico, sin reticencias, Blair, la cosa se le pone imposible. ¿Y quien se cree esas monsergas de que el ejército en ciernes iraquí asombra al mundo por su fiereza? Puede cada vez más si va detrás de los evanescentes americanos, pero muy poco por sí solo, situación por lo demás inexistente, porque cuando se habla de trasferencia de mando de una zona, queda toda una infraestructura logística y de apoyo de toda clase casi exclusivamente americana. Y aunque fuera cierto, ¿para qué retardar el proceso recortando fuerza?

   


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