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Tropas americanas esposadas
Colaboraciones nº 1062   |  3 de Julio de 2006
 
¿Sabía que hay siete jóvenes Marines y un miembro del cuerpo médico de la Marina sentados ahora mismo en una prisión militar esposados en piernas y cintura - a pesar del hecho de que no han sido acusados de ningún crimen?
 
Los hombres se encuentran en confinamiento en solitario, encerrados en celdas 8'x8' en Camp Pendleton, San Diego, mientras los investigadores investigan un incidente del 26 de abril en relación con el Tercer Batallón, 5º Regimiento, Primera División Marine. Están entre rejas 23 horas al día; los familiares sólo pueden verles a través de Plexiglass de una pulgada de grosor. Los cuentistas del ejército han dicho a la prensa que los hombres de servicio son sospechosos de secuestrar y disparar a un hombre en la ciudad iraquí de Hamandiya. La familia del iraquí se informa que salió a la luz para pedir pago en metálico por su muerte mientras la histeria de los medios entraba en escena por la presunta atrocidad distinta en Haditha.
 
Estos hombres - nuestros hombres - pueden ser inocentes. Pueden ser culpables. Pueden presentarse cargos o no, esta semana. Pero esto es mucho más seguro: las filtraciones mediáticas y la Murtha-ficación de los medios ya se están cobrando un alto coste en las tropas y sus familias. Los titulares ya les han condenado: "Asesinato de iraquí planeado por marines, afirma oficial" y "Marines planearon matar a civil iraquí, colocando pruebas después".
 
Los medios nacionales ignoraron la protesta de los defensores en el exterior de Camp Pendletonover este fin de semana. "Quiero que los Marines sepan que no son olvidados, que la gente está aquí fuera pensando en ellos", decía un asistente. El padre de uno de los hombres en custodia, el Marine de primera clase John J. Jodka, se preocupaba: "Me parece que ésta es la reacción de algunos altos mandos para mostrar que 'estamos al mando, estamos haciendo limpieza'".
 
No se escucha ni un silbido aún de la American Civil Liberties Union. La página web de los cruzados auto-santificados de los derechos individuales contiene cientos de artículos acerca de los derechos de sospechosos de al Qaeda y una indignada circular de prensa acerca de los suicidios de sospechosos en la Bahía de Guantánamo. Pero ni una mención a los ocho de Camp Pendleton. Por su parte, los grupos de derechos humanos estaban demasiado ocupados derramando lágrimas por el suicidio terrorista de Guantánamo y elevándolos a la categoría de "héroes", en palabras de William Goodman, del Centro de Derechos Constitucionales. Los viñetistas editoriales han estado ocupados alterando el logotipo del Cuerpo de los Marines y representando a las tropas como asesinos de bebés.
 
Una voz clara entró esta semana en el fregado para cargar contra la prisa global por juzgar a nuestras tropas. Ilario Pantano, veterano de la Tormenta del Desierto convertido en banquero de Wall Street y nuevo empresario de medios realistado en los Marines procedente de Hell's Kitchen, presentaba su poderoso libro "Warlord: No Better Friend, No Worse Enemy" esta semana, que recuerda su tétrica experiencia como Marine difamado y absuelto. La pasada primavera afrontó la pena de muerte por defenderse a él y a sus hombres en el fragor de la batalla y matar a dos insurgentes iraquíes. Fue acusado entonces, igual que los Marines son acusados hoy, de ejecutar iraquíes a placer para enviar un mensaje. La defensa de Pantano por parte de su familia y amigos se encontró, igual que las de los Marines se encuentran hoy, con incredulidad y apatía.
 
No hubo peticiones de aguardar al juicio contra Pantano procedentes del New York Times entonces. No hay programas de Oprah hoy con las esposas e hijos de las tropas acusadas.
 
Mientras una agitada y condescendiente Ann Curry de Today Show, en la NBC, intentaba pintar a Pantano el lunes como un criminal de sangre fría, él contestó con dignidad tranquila: "No creo que ayude a la seguridad nacional celebrar este tipo de auto-flagelación antes de que los hechos sean dados a conocer realmente".


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