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Probando un misil norcoreano
Colaboraciones nº 1059   |  30 de Junio de 2006
 
Según informes internacionales de inteligencia, durante las 5 últimas semanas, Corea del Norte ha estado preparándose sin cesar para la prueba de lanzamiento del Taepodong 2, un misil balístico intercontinental con un alcance de hasta 6.000 kilómetros, distancia suficiente como para llegar a Alaska.

Los satélites de inteligencia revelan que Pyongyang ha cargado los cohetes aceleradores en una plataforma de lanzamiento en Musuduan-ri, en la provincia de Hamgyong del Norte ubicada en la parte noreste de Corea del Norte, y que ha estado desplazando tanques de combustible como preparación para cargar ese combustible. Esta acción es una violación de los acuerdos internacionales que Corea del Norte ha firmado y parece que lo que busca con ello es presionar a Estados Unidos para sostener conversaciones bilaterales directas. Estados Unidos debe evitar picar el anzuelo. Nada bueno resultará al recompensar a Corea del Norte por su comportamiento beligerante.

Una prueba de misiles es algo problemático para la región y también para Estados Unidos porque terminaría con la moratoria de pruebas de misiles de largo alcance, autompuesta por Corea del Norte desde 1999, -- una moratoria que fue reiterada en la Declaración de Pyongyang cuando el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi se reunió con el líder de Corea del Norte, Kim Jong Il, en septiembre de 2002. La prueba supondría más problemas para las estancadas negociaciones del Acuerdo de las 6 partes acerca de las ambiciones nucleares del Norte. En un espectro más amplio, una prueba plantearía dudas sobre la estabilidad y seguridad futura de la región así como sobre el duradero rol de Corea del Norte como el problemático alborotador de la región.

Si la prueba se llevase a cabo, la Administración Bush no debe sucumbir a la presión de entrar en conversaciones bilaterales con Corea del Norte. Estados Unidos ha sido muy claro en el punto de que todas las negociaciones diplomáticas deben ser a través del marco del Acuerdo de las 6 partes que involucran a: Corea del Norte, Estados Unidos, Corea del Sur, Rusia, Japón y China. La Administración Bush debería poner muy en claro que el comportamiento agresivo de los norcoreanos no será motivo para que Estados Unidos altere su posición.

¿Por qué la prueba?

La última vez que Corea del Norte probó un misil de largo alcance fue en agosto de 1998 cuando disparó un misil Taepodong 1 con un alcance de 2.000 kilómetros sobre el norte de Japón. Esa prueba cogió a muchos por sorpresa y confirmó que las capacidades norcoreanas habían progresado más allá de cálculos previos. El lanzamiento del Taepodong 2 pondría de vuelta en el punto de mira los esfuerzos militares de Corea del Norte y demostraría que ahora tiene un misil con un alcance como para llegar al territorio continental de Estados Unidos.

Los conocimientos sobre el Taepodong 2 son limitados, en parte porque el sistema nunca ha sido probado. Un Estimado Nacional de Inteligencia (NIE) de Estados Unidos en 2001 predijo que una versión del misil en tres etapas podría llegar a América del Norte llevando una carga considerable. Podría ser equipado con una ojiva química o biológica pero seguramente no con una carga nuclear porque no es muy probable que Corea del Norte haya desarrollado la capacidad de miniaturizar un arma nuclear.

Estados Unidos – junto con Japón, Corea del Sur y Australia – ha exhortado a Corea del Norte para que abandone sus planes de probar el misil, afirmando claramente que un lanzamiento sería peligroso, provocativo y perjudicial para los intereses de los norcoreanos. Pero puede que Pyongyang haya llegado a la conclusión opuesta. Desde el punto de vista norcoreano, una prueba de lanzamiento de misiles promovería 3 objetivos:

1) El objetivo estratégico de Pyongyang es subir el listón para las conversaciones del Acuerdo de las 6 partes que se han quedado estancadas desde que Corea del Norte se rehusó a volver a la mesa de negociaciones el pasado mes de noviembre. Washington tiene pocos incentivos para ceder en su largamente sostenida insistencia de que Pyongyang debe aceptar primero volver a la mesa de negociaciones sin poner condiciones previas; si a eso se le añade la percepción global de que Irán se ha convertido en la principal prioridad de Washington, entonces una prueba de lanzamiento elevaría el nivel de tensión y volvería a llevar la atención de regreso a Corea del Norte. Además una prueba de lanzamiento añadiría un tema más a la mesa de negociaciones y Pyongyang tiene la esperanza de distraer así la atención de los asuntos primordiales de su programa de armas nucleares.

2) Corea del Norte quiere poner a prueba sus años de inversión en investigación y desarrollo de misiles. A fin de cuentas, la única manera de probar que un misil funciona es probándolo. Una prueba no sólo serviría como una seria advertencia sobre la fortaleza de la capacidad que tienen los misiles balísticos de Corea del Norte, sino que también aumentaría la legitimidad de los misiles de Corea del Norte en el mercado de proliferación de armas. Debido en parte a las medidas represivas contra las actividades financieras ilícitas de Corea del Norte – una importante fuente de ingresos para el régimen de Kim Jong Il – Pyongyang puede dirigir su atención hacia otra parte, por ejemplo, podría ser el caso del lucrativo mercado de armas y misiles. Las preparaciones para la prueba del lanzamiento están discurriendo abiertamente a la vista de los satélites extranjeros; claramente vemos que Pyongyang está haciendo alarde de sus capacidades.

3) La presión doméstica también podría estar en juego. Una prueba de misiles demostraría la supremacía militar en el hacer de la política nacional. Un lanzamiento también podría ser una enorme inyección de moral para el pueblo norcoreano. El régimen ha estado haciendo prueba de motores para un nuevo misil por lo menos desde el año 2002 y una prueba exitosa reforzaría las afirmaciones de Kim de que él ha logrado desarrollar tecnología avanzada para su pueblo. Esto tendría el beneficio añadido de estimular el nacionalismo como contrapeso a las crecientes presiones internacionales sobre el régimen.

Respuesta regional

¿Está Pyongyang completamente preparado para las repercusiones negativas por el lanzamiento? Japón está enormemente preocupado por un lanzamiento que consideraría como una amenaza directa a su seguridad. La prueba del Taepodong 1 sobrevolando Japón en 1998 fue una llamada de atención que llevó a Tokio a cooperar con Washington en un sistema de defensa de misiles. Un nuevo lanzamiento no sólo serviría para reforzar los esfuerzos japoneses en la construcción de capacidades de defensa contra Corea del Norte sino que probablemente animaría al Congreso de Estados Unidos a aumentar su apoyo a favor de la defensa de misiles.
Más aún, semejante agresión por parte de Corea del Norte podría jugar un papel en la selección de los futuros líderes de Japón. El Primer Ministro japonés, Junichiro Koizumi, está preparando su renuncia al cargo en septiembre y las encuestas indican que Shinzo Abe, que mantiene una firme postura contra Corea del Norte y China, va por detrás del candidato moderado Yasuo Fukuda. Una prueba norcoreana podría favorecer a la campaña de Abe y reducir la posibilidad de una reconciliación diplomática entre Corea del Norte y Japón.

La reacción de Seúl es más incierta. Una prueba de misiles por parte de Corea del Norte socavaría aún más la “política de compromiso” con Pyongyang liderada por el presidente de Corea del Sur, Roh Moo Hyun, que ya está bajo presión debido a la falta de reciprocidad por parte de Corea del Norte. Un lanzamiento de prueba atraería la crítica tanto doméstica como internacional. El ex presidente y Premio Nobel Kim Dae-Jung tendría que cancelar su viaje programado para finales de junio. Sin embargo, no queda claro si un lanzamiento de misiles sería suficiente para que la opinión pública se pusiese en contra del compromiso con el Norte. Aunque las voces críticas irán en aumento, una nueva prueba será percibida bastante igual que la prueba previa lo fue en 1998: Una preocupación abstracta que no es una amenaza directa para los surcoreanos.

Puede que Corea del Norte tenga la esperanza de que los surcoreanos se centren en las duras reacciones negativas de Estados Unidos y Japón en lugar de hacerlo en la amenaza norcoreana y por tanto provocarían la discordia entre Seúl y Washington. Ya existe un precedente: El lanzamiento del misil en 1998 no ralentizó la “Política del Rayo de Sol” avalada por Kim Dae Jung.

Opciones

Para la comunidad internacional, si Pyongyang procediese con su prueba, lamentablemente la gama de decisiones políticas es limitada. Washington y Tokio ya tienen sanciones estrictas en vigor y hay poca presión económica adicional que puedan ejercer. Lo que sí pueden, y probablemente harán, es seguir presionando al régimen norcoreano persiguiendo agresivamente sus actividades ilícitas pero esto tendrá efectos limitados a menos que China y Corea del Norte decidan acabar con su asistencia económica al Norte.

Una opción militar –como por ejemplo derribar el misil norcoreano con interceptores de respuesta – debería mantenerse en la mesa de negociaciones. En caso de que ocurriese un lanzamiento, Estados Unidos debería llevar ante el Consejo de Seguridad de la ONU la agresión de Corea del Norte. Aunque las sanciones de la ONU tengan un impacto mínimo en la práctica, sí que tendrían un importante valor simbólico.

Estados Unidos y sus socios en el proceso del Acuerdo de las 6 partes no deben sucumbir a la manipulación y al catastrofismo llevado al límite por parte de Corea del Norte. Sin duda, uno de los objetivos de Pyongyang es meterle presión a Washington para comprometerlo otra vez a sostener conversaciones bilaterales directas para resolver, no sólo el asunto del misil, sino sus programas nucleares. Corea del Norte tiene algo de razón al pensar que esa estrategia le funciona: Después de su lanzamiento de misil en 1998, la Administración Clinton desplegó un esfuerzo concertado bilateral de alto nivel con Pyongyang por el asunto de los programas de misiles, pero no sirvió de nada. Por tanto, la Administración Bush debería continuar insistiendo que el proceso diplomático debe desarrollarse dentro del contexto de un formato multilateral ya establecido. No debería permitir que las acciones agresivas de Corea del Norte alterasen ese discurrir.

Las 5 partes comprometidas con Corea del Norte están de acuerdo en que una prueba de misiles por parte de los norcoreanos sería un acto peligroso y sólo serviría para aislar aún más a Pyongyang del resto de la comunidad internacional. Irónicamente, ese aislamiento es un paso importante para la conclusión exitosa del Acuerdo de las 6 partes.


Balbina Y. Hwang es analista de Política especializada en Asia Nororiental del Centro de Estudios Asiáticos de la Fundación Heritage.


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