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La gran mentira más reciente de Abbás
Colaboraciones nº 1020   |  16 de Junio de 2006
 
Recién salido de su tete-a-tete con el líder de la AP Mahmoud Abbás la semana pasada, la Ministro de Exteriores Tzipi Livni daba órdenes a su representante de prensa de decir a sus homólogos ministros del gabinete que permanecieran callados a propósito de la última jugada "diplomática" de Abbás. En palabras de su director de comunicaciones Shai Ben Maor, la decisión de Abbás de convertir un documento redactado por criminales y homicidas palestinos sentados en cárceles israelíes en la pieza central de su política diplomática es "un tema interno palestino" y por tanto Israel no debe tratar de ello.
 
¿Cuál es el contexto de la nueva iniciativa de Abbás al respecto de la cual se supone que Israel no tiene postura oficial?
 
Tras recibir la aprobación oral de la Administración Bush durante la visita del Primer Ministro Ehud Olmert a Washington, DC la semana pasada, Abbás entró en acción. Tras la caracterización de Abbás por parte de Bush como un hombre que "está a favor y que habla de paz y negociaciones", Abbás -- que nunca ha movido un dedo y que en la práctica suplicó nunca mover un dedo para luchar contra Hamas, Fatah o cualquier otra organización terrorista -- anunciaba que tiene un nuevo plan.
 
El plan de Abbás tiene dos componentes centrales. En primer lugar, quiere que el gobierno de Hamas en la AP acepte el documento redactado por criminales y homicidas condenados. En segundo lugar, Abbás quiere que Israel le permita reunir, armar y desplegar una nueva milicia con 10.000 soldados para complementar a los 20.000 soldados que Abbás ya contrató en los preparativos para las elecciones palestinas de enero.
 
Tanto los medios israelíes como los medios internacionales se han referido a la declaración de los terroristas condenados como "un plan de paz". El resumen del Daily Telegraph londinense de lo que los editores consideraron los principales puntos de la declaración representa más o menos lo que todos los órganos mediáticos en Israel y en el extranjero han estado diciendo.
 
La información del Telegraph afirma que el plan tiene seis componentes principales. Según sus palabras, esos componentes son: "Un acuerdo negociado con Israel si el estado judío se retira de la tierra ocupada desde la guerra de Oriente Medio de 1967; continuación de la resistencia, centrándose en medios pacíficos, en la tierra ocupada desde 1967 -- la franja de Gaza, el West Bank y el Jerusalén Este árabe; un estado palestino independiente en toda la tierra ocupada desde 1967, con Jerusalén como su capital; un gobierno palestino unificado que reúna a todas las facciones, incluyendo Hamas y Fatah; garantizar el derecho de retorno de los refugiados palestinos a sus anteriores hogares dentro de Israel y la liberación de todos los presos palestinos en Israel; aceleración de los esfuerzos por incorporar a Hamas y la Jihad Islámica bajo el paraguas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que ha negociado acuerdos interinos anteriores".
 
SI SE TOMAN estos términos textualmente, quizá esto podría verse como un paso adelante. Pero como demuestra el escrutinio más superficial, lo que los terroristas encarcelados anuncian no es nada más que una nueva reelaboración de su declaración de guerra contra Israel y la renovación del compromiso con su objetivo de destruir el estado judío.
 
Es cierto que el documento habla específicamente de la retirada de Israel de Judea y Samaria, así como de Jerusalén. Pero liderados por el asesino de masas, cabecilla de Fatah y adorado de la izquierda israelí Marwán Barghouti, los terroristas reiteraban que "la liberación de la tierra", es decir, de todo Israel, es su objetivo real.
 
La afirmación del Telegraph de que se supone que "la resistencia" a Israel es en gran medida "por medios pacíficos" lleva al lector a presumir que esto significa que los terroristas piden el fin del terrorismo. Nada podría estar más alejado de la realidad. En 6 cláusulas separadas de la declaración, los terroristas dejan claro su continuo compromiso con perpetrar actos de terrorismo contra Israel como parte de su estrategia para destruir el estado judío. Esos actos de terrorismo se supone que son realizados en coordinación con actos callejeros civiles, negociaciones con Israel dirigidas por Abbás (algo que Irán y su filial de la Jihad Islámica palestina no aceptan), así como con una campaña diplomática internacional en cooperación con organizaciones no gubernamentales aliadas dedicadas a deslegitimar y demonizar a Israel.
 
Lejos de pedir el final del terrorismo, los terroristas piden el establecimiento de una nueva organización terrorista conjunta llamada "Frente de Resistencia Popular" que se supone está compuesto de terroristas de Hamas, la Jihad Islámica y Fatah. Según ellos explican en su declaración, la tarea de este nuevo grupo será "liderar e involucrarse en la resistencia contra la ocupación y unificar y coordinar las acciones y la resistencia y constituir una referencia política unificada para el frente".
 
No está claro cuál es la diferencia entre esta organización terrorista propuesta y los Comités de Resistencia Popular que Barghouti y sus colegas de Hamas y la Jihad Islámica constituyeron en los meses previos al estallido de su guerra de terror en septiembre del 2000.
 
El Telegraph observa que los terroristas encarcelados insisten en que Israel acepte el denominado "derecho de retorno" de los denominados "refugiados", pero el periódico, al igual que sus homólogos mediáticos israelíes, omite reconocer el verdadero significado de esta demanda repetida. Estos asesinos están exigiendo que a cambio de un cese temporal de los ataques de terror contra sus ciudadanos, Israel acuerde su destrucción nacional. El llamado "derecho de retorno" es la exigencia de que Israel acepte la inmigración sin cortapisas de millones de árabes hostiles nacidos en el extranjero a su territorio soberano.
 
ESTOS ASESINOS dedican una cantidad de extraordinaria de atención en su declaración a detallar su deseo de incorporar a Hamas y a la Jihad Islámica a la OLP liderada por Abbás. Piden repetidamente unidad entre las facciones "nacionalista e islámica". Es decir, piden unidad en sus filas para el propósito de impulsar su guerra para la destrucción de Israel.
 
Finalmente, en una tendencia decididamente interesada, los asesinos condenados piden enfáticamente su propia liberación de las cárceles israelíes y ven su liberación como "el deber nacional sagrado".
 
En pocas palabras, como era de esperar, los asesinos de masas palestinos condenados procedentes de diversas organizaciones terroristas reunidos en una cárcel israelí se unen para volver a comprometerse con sus seguidores a su guerra para la destrucción de Israel. Y, como era de esperar, la prensa internacional y la prensa israelí presentaron esta declaración de guerra como plan de paz.
 
ABBÁS PILLÓ a los medios por sorpresa con su destacada declaración el pasado jueves de que si Hamas no acepta la declaración de los prisioneros dentro de diez días, la propondrá al público palestino como referendo. "¡Qué valiente esfuerzo!" exclamaba la prensa excitadamente. Imbuido en su éxito, Abbás anunciaba la segunda mitad de su plan. Con el fin de garantizar que Hamas se da cuenta de que va en serio, Abbás renovaba su exigencia de que Israel le permita recibir armas y munición para sus leales. Anunciaba además su intención de incrementar el tamaño de su actual ejército personal -- la Fuerza 17 -- de entre 2500 a 3000 hombres hasta los 10.000.
 
No hay nada nuevo en la declaración de los terroristas condenados o en el apoyo de Abbás a su declaración. Abbás lleva apoyando declaraciones de guerra contra Israel desde que ingresó en Fatah como representante de Yasser Arafat en 1959. Tampoco hay nada nuevo en la exigencia de Abbás de que Israel o bien le suministre armas o le permita a suministrar armas, incluso cuando tales armas y munición han estado involucradas directamente en el asesinato de cifras significativas de civiles israelíes desde 1996.
 
Lo que es nuevo es la respuesta del gobierno de Israel.
 
Desde el 2000, el gobierno ha rechazado las peticiones palestinas de armas y munición. Pero, la semana pasada, el gobierno de Olmert permitía a Abbás recibir armas y municiones para la Fuerza 17 procedentes de Jordania y Egipto. El gobierno no solamente permitió a las fuerzas comprometidas con la destrucción de Israel recibir armas y municiones, fuentes bien informadas afirman que la oficina del Ministro de Defensa Amir Peretz fue la fuente de la campaña de desinformación que ha etiquetado la declaración de los presos como plan de paz.
 
Al engañar a la ciudadanía de Israel acerca del contenido de la declaración de guerra de los asesinos y al permitir el rearme y la cuadriplicación del tamaño del ejército personal de Abbás, el gobierno israelí y los medios israelíes y los internacionales también han instado a la administración Bush. El enviado militar norteamericano a la AP liderada por Hamas, el General Keith Dayton, ha sido presuntamente un importante partidario del deseo de Peretz de armar a los hombres de Abbás. Los americanos han estado presionando para obligar a desplegar su milicia en el norte de Gaza, donde presuntamente sus miembros detendrán los misiles Kassam disparados contra Israel incluso aunque Abbás, su comandante, ha aprobado un plan que pide la continuación de los ataques contra Israel.
 

Es difícil encontrar palabras educadas para describir a un gobierno israelí que apoya de manera entusiasta una declaración de guerra contra su país y que permite a su enemigo armarse y desplegar ejércitos que han sido entrenados para matar a sus ciudadanos. Es difícil no ver el apoyo norteamericano al denominado "plan de paz" como el abandono de la Doctrina Bush.

 

Caroline Glick es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post. Tras finalizar sus estudios, ingresó en el ejército y alcanzó una consejería en las negociaciones de Oslo junto al ex primer ministro Rabin. Tras abandonar la esfera política, Glick pasó al periodismo con una columna semanal de portada en el diario. Durante el reciente conflicto de Irak, fue la periodista empotrada del medio, estando en el primer escuadrón americano que entró en Bagdad y siendo la primera mujer en poner el pie en la capital durante el conflicto.


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