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Decir no a la jugada de Teherán
Colaboraciones nº 1012   |  16 de Junio de 2006
 
De la nada, el Irán revolucionario ha ofrecido conversaciones directas con Estados Unidos. De la nada, los sujetos habituales - comentaristas europeos, progresistas americanos, analistas disidentes de la CIA, Madeleine Albright - están animando a la administración a recoger el guante.
 
No es infrecuente ver a un régimen como el de Irán -- despótico, internamente débil, sintiendo que el mundo se le viene encima -- intentar una estratagema tan transparente por aliviar la presión sobre sí. Lo que es poco frecuente es ver la cobarde celeridad con la que tal estratagema es adoptada por otros.
 
Recuerde mis palabras. El impulso en favor de negociaciones Irán-Estados Unidos sólo acaba de empezar. La atención sobre la crisis iraní entera comenzará a cambiar de la cuestión de si Teherán detendrá su programa nuclear a si Washington se sentará en la mesa de negociaciones con Teherán directamente.
 
A este cínico señuelo no puede haber otra respuesta americana que un No. Absolutamente no.
 
Apenas ayer el mundo censuraba a la administración Bush su unilateralismo - en Kyoto, el Tratado ABM y, sobre todo, Irak - y exigía que Washington actuase en concierto con "la comunidad internacional". Apenas ayer, un candidato presidencial Demócrata atacaba la política exterior del Presidente Bush precisamente por rehusar consultar con, escuchar a, y trabajar con, "los aliados".
 
Día nuevo, principio nuevo. Ahora Bush es presionado para que abandone su multilateralismo y trate en solitario con Irán. Recuerde: en septiembre del 2003, antes de que Irán quedase en evidencia engañando acerca de su programa nuclear, Estados Unidos quería una acción inmediata en la ONU. Los aliados argumentaban en favor de un enfoque más blando. Gran Bretaña, Francia y Alemania querían negociar con Teherán y ofrecer incentivos diplomáticos y económicos a cambio del abandono por parte de Irán de su programa armamentístico nuclear. Estados Unidos cedió.
 
Tras dos años y medio de total futilidad, el Trío de la UE tuvo que admitir el fracaso y reconocer lo obvio: Irán no tiene intención de abandonar sus ambiciones nucleares. Irán hizo irrefutable la idea cuando rompió los precintos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y reanudó descaradamente el enriquecimiento de uranio.
 
La coincidencia total que teníamos con nuestros aliados era que si el proceso del Trío de la UE fracasaba, acudiríamos juntos al Consejo de Seguridad e impondríamos sanciones a Irán. Sí, Rusia y China aún podrían interponerse. Pero incluso así, las sanciones concertadas entre América, Europa y otras potencias económicas podrían tener efectos devastadores sobre Irán y su inestable dictadura clerical.
 
¿Cuál es el motivo por el que los mulás lanzaron esta iniciativa reciente? Saben, y temen, que si Occidente persiste en su curso actual y concertado, afrontarán sanciones tan serias que su gobierno, ya impopular, puede estar en peligro. El hecho mismo de que Irán esté intentando desesperadamente cambiar de tema, cambiar de escenario y pasar el muerto a Estados Unidos demuestra lo cerca que los mulás creen que estamos de lograr una presión internacional importante sobre ellos.
 
Empujar a Washington a abandonar el proceso multilateral y entrar en negociaciones en solitario es más que hipocresía exuberante. Es una falta de sentido común perjudicial. Cortocircuitaría el proceso que, tras años de vacilación, está a punto de dar sus primeros frutos: sanciones a las que Teherán teme. Desmontaría el consenso aliado, produciría nuevos retrasos interminables y daría más tiempo a Irán para alcanzar el punto sin retorno, tras el cual su posición nuclear sería un fait accompli.
 
Entrar en negociaciones conlleva la responsabilidad de hacer algo si fracasan. El Trío de la UE comprendió eso cuando comenzó a tratar con los mulás hace un par de años. Las conversaciones bilaterales Estados Unidos-Irán son el modo perfecto de descolgar a Europa. Evitarían todas las presentes conversaciones acerca de sanciones, colocarían toda responsabilidad de éxito en las negociaciones, y prepararían a América para asumir la culpa de su inevitable fracaso.
 
Es una trampa obvia. Deberíamos decir no con resolución.
 
Excepto con una condición. Si los aliados, en lugar de pasar la responsabilidad de este proceso entero a Washington, reafirman su responsabilidad, prometiendo apoyo a Estados Unidos y /o a la acción militar de la coalición contra Irán en caso de que las conversaciones bilaterales fracasen, entonces podríamos lograr algo.
 
¿Quiere que hablemos? Bien. Iremos allí, pero solamente si nos armáis con la vara más larga de todas: vuestro apoyo público a la acción militar si las conversaciones fracasan. Los mulás ya temen sanciones económicas; temerán infinitamente más la acción militar norteamericana de respaldo europeo. Tales negociaciones realmente podrían lograr algo.

Esa es nuestra condición. De otro modo, toda la sugerencia de conversaciones bilaterales es un plan que debería ser rechazado con el mismo desprecio con el que fue propuesto.


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