Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Colaboraciones > La tambaleante base del partido Republicano





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
La tambaleante base del partido Republicano
Colaboraciones nº 1010   |  15 de Junio de 2006
 
Al igual que un montón de conservadores, no votaré a los Republicanos en las elecciones al Congreso este otoño. Que conste, no tendré elección - en Massachusetts, los candidatos Republicanos al Congreso generalmente ahorran a los votantes el problema de derrotarles, no molestándose en presentarse antes de nada.
 
Pero millones de conservadores sí tendrán elección. Y contra más se acerca el Día de las Elecciones, más claro queda que un montón de ellos elegirá no votar a los Republicanos. A menos que algo cambie dramáticamente - y pronto - el partido Republicano está destinado a perder sus votantes más fieles, y con ellos cualquier esperanza de conservar su mayoría en el Congreso.
 
¿Cuán descontenta está la base del partido? En encuestas recientes, menos del 70% de los Republicanos registrados decían aprobar el modo en el que el Presidente Bush está desempeñando su trabajo, un marcado descenso desde el apoyo del 90% con el que podía contar. Entre los conservadores auto-identificados la posición es menor incluso: apenas el 51% evalúa su labor favorablemente, según la última encuesta New York Times/CBS. En un momento en el que el apoyo del presidente entre los Demócratas se ha hundido a cifras de un solo dígito, y cuando apenas un independiente de cada cuatro le concede una valoración positiva, lo último que puede permitirse perder es la buena voluntad de sus partidarios acérrimos. Pero la está perdiendo.
 
Y el Congreso sale peor parado aún. Según la encuesta más reciente de CBS News, mientras que el 59% del público desaprueba el modo en el que la Cámara y el Senado están funcionando, la cifra entre los Republicanos es del 62%. Lea eso de nuevo: a los Republicanos les disgusta el Congreso de control Republicano aún más que a los Demócratas y a los independientes.
 
Los liberales y los Demócratas que se enfurecen radicalmente al hablar acerca del gobierno Republicano en Washington tienen que encontrar desconcertantemente gratificante ver a conservadores y leales del partido Republicano echando fuego por la boca cuando hablan de ellos, también. National Review, el influyente diario conservador, muestra "A View of Congress" en la portada de su número 22 de mayo con una enorme foto poco agraciada de los cuartos traseros de un elefante. Dentro, el editor jefe Rich Lowry y la editora de Washington Kate O'Beirne escriben: "La mayoría Republicana se ha hecho notar recientemente por su torpeza, su falta de escrúpulos, su defensa interesada y su histeria -- en ocasiones todo a la vez".
 
Muchos en la derecha no son menos ácidos al describir a Bush. Un comentarista conservador le describía recientemente como "un Demócrata de todo a 100" y "una vergüenza ajena", y escribía que "un presidente Republicano y un Congreso Republicano han perdido el control del presupuesto federal y no saben resistir a la tentación de detener el saqueo de las cuentas públicas". Que el autor de estas palabras - Tony Snow - se acabe de convertir en portavoz de la Casa Blanca dice muy poco acerca de la disponibilidad de Bush a escuchar tales críticas.
 
Pero que el partido Republicano ataje la hemorragia de su base exigirá más que escuchar a sus críticos simplemente.
 
Los conservadores Reaganitas llevan más de veinte años siendo los incondicionales del partido Republicano, y muchos de ellos están enfadados con el abandono de los principios Reaganitas a ambos extremos de la Avenida de Pennsylvania. Si hubieran querido presupuestos astronómicos, nuevas burocracias federales, más regulación del discurso político y un callejón sin salida en inmigración, energía y Seguridad Social, dicen, habrían votado a los Demócratas. En su lugar votaron a los Republicanos -- ¿y qué sacaron? Presupuestos astronómicos, nuevas burocracias federales, más regulación del discurso político y un callejón sin salida en inmigración, energía y Seguridad Social.
 
Aunque la exasperación de los conservadores no es nueva, permaneció en silencio absoluto tras el 11 de Septiembre con el fin de preservar un frente común en la guerra contra el terrorismo. Pero ahora está a punto de estallar. Los conservadores están cambiando a modo Howard Beale: están cabreadísimos y no van a aguantar más. Puede que muchos no acudan a votar en las elecciones de este noviembre, incluso si eso significa dejar que los Demócratas controlen el Congreso. Tal vez entonces, razonan, Bush recuerde porqué la Constitución le concede un veto. Y tal vez entonces los Republicanos en el cargo recuerden el motivo por el que salieron elegidos.
 
Para el núcleo Reaganita del partido, la lista de ultrajes es larga, todo lo que va desde aranceles al acero hasta McCain-Feingold, pasando por la demagogia de las gasolinas. Lo más problemático de todo ha sido el explosivo crecimiento del tamaño y el coste del gobierno. Bajo la vigilancia de Bush, el presupuesto federal se ha duplicado tan rápido como durante los años Clinton. Los gastos este año alcanzarán casi los 24.000 dólares por familia -- en términos reales, lo más elevado desde la Segunda Guerra Mundial. Desde que Lyndon Johnson ocupase la Casa Blanca, el gasto no se había disparado tan implacablemente.
 
En la campaña electoral de 1994, el primer punto del manifiesto Republicano - el Contrato con América - era controlar el presupuesto federal. "¿No es el momento de reclamar cuentas al Congreso?", preguntaban. "El pueblo americano exige responsabilidades... La locura del gasto debe detenerse". Para un montón de votantes en 1994, eso sonaba a una idea excelente. Doce años después, lo sigue haciendo.


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar