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Del progresismo al profetismo; sacrificando Navarra a la paz eterna
Análisis nº 108   |  14 de Junio de 2006
 
“¿Por qué se queja?, ¿acaso no le importa la paz?”, pregunta el intelectual, el ministro del Gobierno a quien se siente perseguido estos días; “¡cállese, no interrumpa el proceso!”, exigen al Presidente de Navarra cuando éste responde a las pretensiones anexionistas de Arnaldo Otegi; “hay que hablar menos en público”, continúa el Ministro del Interior cuando víctimas del terrorismo, policías y constitucionalistas se quejan amargamente de las provocaciones públicas de Otegi y Josu Ternera.
 
La miseria del historicismo y los sacrificios de la Paz
 
En la madrugada del domingo 28 de mayo, la sede de Unión del Pueblo Navarro en la localidad de Cizur Mayor fue atacada, rotos los cristales y pintada la fachada. Curiosidades de la geografía o necesidades de la táctica, Barañain, donde los edificios aún se encuentran ennegrecidos, linda con Cizur Mayor. El panorama vasco y navarro poco parece haber mejorado; los de siempre llevan la escolta de siempre para protegerse de los de siempre. La caza del hombre prosigue con la misma monótona intensidad que desde hace decenios; el guardaespaldas en la puerta, el vistazo a los bajos del coche, el blindaje de puertas y ventanas.
 
Unas horas después, en León, el Presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero hablaba de la esperanza de paz para nuestra democracia, en el homenaje al poeta Antonio Colinas: "La gran poesía enseña que la generosidad justa es el rasgo más sólido de democracia madura, el cimiento más firme de la paz". Palabras que provocarán en el militante socialista la confianza ciega en el líder; en el escéptico provocarán aburrimiento, indignación o hilaridad. Ninguna gracia harán, no obstante, al empresario que tiene sobre la mesa de su despacho la carta, aquella que según Pérez Rubalcaba y Rodríguez Zapatero no existe, y que viene firmada con el anagrama del hacha y la serpiente.
 
En el alegre proceso de paz, Otegi tiene derecho a expresarse, a amenazar, a pedir y a exigir en ruedas de prensa; concejales, policías y empresarios amenazados tienen un único derecho; callarse. En el celebrado proceso de paz, quien aún mira a sus espaldas cada día sólo tiene derecho a tener la boca cerrada. El diálogo que Rodríguez Zapatero defiende desde el poder incluye a ETA; no a sus víctimas, pasadas y presentes: “¿por qué se queja?, ¿acaso no le importa la paz?”, pregunta el intelectual, el ministro del Gobierno a quien se siente perseguido estos días; “¡cállese, no interrumpa el proceso!”, exigen al Presidente de Navarra cuando éste responde a las pretensiones anexionistas de Arnaldo Otegi; “hay que hablar menos en público”, continúa el Ministro del Interior cuando víctimas del terrorismo, policías y constitucionalistas se quejan amargamente de las provocaciones públicas de Otegi y Josu Ternera.
 
A golpe de telediario y de programa-basura, los dogmas del 2006 penetran en nuestras mentes; esperanza, diálogo, democracia, proceso de paz, solidaridad. La nana de la paz impregna la sociedad española, y cambia el sentido de las palabras; donde Otegi dice guerra hay que leer paz, donde ETA dice victoria hay que leer rendición, donde se dice nacionalismo debe leerse pluralismo. En el horizonte, la palabra que da sentido al resto; Paz. Tal es el precio de la eterna felicidad, la confianza en el progreso histórico que trae la coalición gubernamental de la mano de los encapuchados.
 
Al tiempo, ministros e intelectuales disertan seriamente sobre tácticas de negociación, sobre teoría y conceptos políticos, sobre la esencia de la democracia, sobre las virtudes sublimes de la paz. ¿Qué mejor sitio para hablar del terror diario que los desayunos del Ritz, las tertulias radiofónicas entre porras y café con leche o las presentaciones en el Círculo de Bellas Artes? Desde las cómodas poltronas de la progresía pacifista, desde los platós de unas actrices convertidas en sacerdotisas de la paz, no se escuchan los gritos de “las vais a pasar moradas” ni se huele el humo de los atentados; están demasiado ocupados hablando del proceso para observar cómo se vive en el norte; su Historia se lo impide.
 
El historicismo es aquella doctrina filosófica que concibe la realidad en términos de devenir histórico. Sorpresa ideológica, el progresismo es hijo del historicismo, y en su traducción vasca exige en el 2006 a la víctima silencio ante la diosa Historia; en el altar del sacrificio, las víctimas no deben patalear para no enturbiar las limpias aguas del proceso de paz; ¿qué esfuerzo no es necesario cuando ella está en España al alcance de la mano? ¿Cómo no hablar para lograr la convivencia de todos?, anuncia el Presidente del Gobierno en el Debate sobre el Estado de la nación; ¿cómo conviven los lobos con los corderos sin que uno de ambos desaparezca?, responden las víctimas de ETA.
 
Lecciones de historicismo que el gobierno progresista podría aprender del nacionalismo vasco. Poca sorpresa de analistas miopes, el discurso político etarra es hoy el mismo que antes; de la “Alternativa KAS” o la “Alternativa democrática” a la “Declaración de Anoeta” y el comunicado de “alto el fuego permanente”, las ideas son idénticas; autodeterminación y territorialidad, amnistía de presos y construcción del socialismo real entre los Pirineos y el Cantábrico. En ministerios y redacciones, ebrios de teoría de juegos y modelos de decisión, inteligentes personas especulan sobre los verdaderos objetivos etarras, sobre consumo interno y faroles dialécticos; mil muertos después, parecen no haber entendido nada.
 
Error de políticos o analistas, el objetivo de ETA no es político o estratégico. Es ideológico, y se resume en una máxima; reconocimiento de unos derechos históricos pisoteados. Sorpresa para sesudos analistas, ETA no busca la independencia; busca la justicia histórica ante un Estado que la ha sometido desde que la historia es historia. No busca construir EuskalHerria, sino reconstruirla, y exige para ello que el Estado español pida perdón y recompense por los siglos de represión. La autodeterminación, la independencia no sólo no son negociables; son la encarnación de la injusticia histórica que sufren los hijos de Aitor de la mano de los herederos de los Reyes Católico.
 
Del progresismo al nacionalismo; el enemigo de la Paz
 
Aproximación ideológica al terrorismo etarra que nos remite directamente a la ideología de quien se sienta al otro lado de la mesa para negociar, en secreto, el futuro de España. Dos años después del 14M, Rodríguez Zapatero ha explicado en demasiadas ocasiones su concepto de democracia; aquella que siempre está puesta en peligro por la derecha y que avanza únicamente con el empuje de la izquierda. Intuición de quien se autoproclama rojo, y que queda encarnada en el Pacto del Tinell, según el cual lo capital es desalojar a la derecha de todas las instituciones. Para lectores aún despistados, el Anexo Iº del Pacto es tan claro como ambicioso: “Los partidos firmantes del presente acuerdo se comprometen a no establecer ningún acuerdo de gobernabilidad (acuerdo de investidura y acuerdo parlamentario estable) con el PP en el Govern de la Generalitat. Igualmente estas fuerzas se comprometen a impedir la presencia del PP en el gobierno del Estado, y renuncian a establecer pactos de gobierno y pactos parlamentarios estables en las cámaras estatales”
 
Intención clara y evidente; Desde 2003, aislar al Partido Popular se convirtió en la gran prioridad. Por eso, desde entonces, la lógica de Rodríguez Zapatero exige expulsar a la derecha; La Moncloa, Cataluña, Galicia o quizás Navarra. ¿Acaso no es UPN en Navarra la misma derecha española de la que el presidente declara no haber aprendido democráticamente nada? Cada día José Blanco o Rodríguez Zapatero señalan con el dedo a la “extrema derecha” del Partido Popular, pero esconden la mano cuando el alto mando batasuno pasa a su lado sacando pecho; a los ojos del Gobierno de la Paz, Otegi avanza hacia la paz tanto como Alcaraz, Aznar o Jiménez Losantos se alejan de ella y se convierten en frustrados personajes que desean que los coches-bomba vuelvan a las calles. En la España de 2006, la línea entre amigo y enemigo está cambiando de demarcación, empujada por el “ansia infinita de paz”.
 
La coalición gubernamental y sus felices escribas celebran con alegría las palabras de los dirigentes batasunos, cuando hablan de su firme intención de fagocitar Navarra; a continuación reprenden con dureza al Presidente Foral cuando se queja de ello. ¡Sorpresa!, anuncia el malpensado; la derecha navarra debe callar cuando la izquierda criminal de ETA habla del Viejo Reino. En la era de la Paz, cuando Otegi exige Navarra, Navarra debe callar para no reventar el proceso; a los ojos de la coalición de la paz, deberán callar también los empresarios chantajeados y los concejales atacados.
 
 Si Batasuna anuncia que abrazará la paz cuando se solucione el tema de la territorialidad, si ello sacia el “ansia infinita de paz” del Gobierno y traerá a nuestro país la paz definitiva y la felicidad social, ¿qué son los navarros que se resisten a ello sino unos enemigos de la paz? Cuando la derecha es la culpable de los males de España, desde el 11M hasta una transición que no gustó ni a los encapuchados ni a sus contertulios de Perpignan, entonces debe ser erradicada de todas las instituciones españolas, desde Barcelona hasta Pamplona.
 
Poco a poco la mayoría mediática que acompaña al Gobierno del 14M cumple su función opiácea; a Cataluña sigue La Moncloa, y a ésta Galicia. Y después, Navarra. Entonces deja de sorprender que José Blanco hable de la extrema derecha del Partido Popular y al tiempo ETA hable del fascismo Miguel Sanz, presidente de Navarra. El Campo de la Paz señala a los enemigos de la pacificación, y ETA señala a los enemigos... también de la pacificación. Y entonces los medios de comunicación repiten incansables, consciente o insconscientemente, que realmente el enemigo de la Paz es el Partido Popular, y en Navarra quienes osan molestar a la bestia etarra convertida hoy en paloma de olivo. El encapuchado que nos dice qué tenemos que hacer para que no vuelva a matar y el Secretario de organización del PSOE enumeran a los fascistas de hoy día, a los enemigos de la democracia y de la paz. Coincidencia casual que no deja de esconder algo inquietante, pensará el susceptible; ninguno de ambos tiene tiempo para lanzar semejantes invectivas contra la otra parte.
 
La batalla por el PSN y la batalla por Navarra
 
Lógica ideológica que estalla de lleno a las puertas de Navarra; si es preferible pactar con ERC que con el Partido Popular las reformas en el Estado, ¿por qué no hacerlo con el frente nacionalista vasco contra Unión del Pueblo Navarro? Si la verdadera democracia es aquella situada frente a la derecha liberal y democrática, en ella no sólo entrarán ERC, PNV, EA, IU y demás grupúsculos antiliberales, sino que el propio lobo etarra es invitado al festín de los vencedores del 14M y de la verdadera república, que tiene el año que viene una cita ineludible.
 
El año 2007 es la primera de las fechas señaladas en rojo en el calendario político del nacionalismo vasco, que en Navarra tiene dos fuerzas principales. En primer lugar, la fórmula de Nafarroa Bai, que bajo la apariencia de lo contestatario esconde un proyecto esencialista y nacionalista, antipluralista y anticonstitucionalista, formado por cuatro partidos: El PNV, sucesivamente una fuerza marginal en Navarra, pero que cuenta con el dinero del que se nutre el entramado cultural y social nacionalista en el viejo reino. En segundo lugar EA, escisión peneuvista de Carlos Garaicoechea, navarro y tardío converso al nacionalismo, que aún moviliza a los suyos en Navarra de manera aceptable. En tercer lugar Aralar, escisión de Herri Batasuna, a la sombra de Patxi Zabaleta, primero en abandonar el barco pro-etarra ante las vías de agua, por razones estratégicas y no morales; y Batzarre, pintoresco partido vasquista que da a la coalición cierto aspecto de moderación y pluralismo republicano.
 
Frente nacional vasco que ya está abriendo las puertas a la entrada de la otra fuerza política nacionalista, Batasuna; cuándo ésta sea legalizada, como Arnaldo Otegi da ya por hecho con soberbia y certeza y el PSE repite con esperanza, sólo las cuestiones de la cuota de poder impedirán que se integre en la coalición panvasquista. Sus miembros ya le han enviado con entusiasmo la invitación. Así, de cara a las elecciones autonómicas de 2007, el bloque panvasquista parece reforzarse por momentos ante el “proceso de paz”; queda por ver si Batasuna se integrará en él o aprovechará el poder de sus fuerzas de choque, en la calle y en los zulos, para acudir a las urnas por separado.
 
Eufóricos, movilizados por los buenos resultados y por el cambio en La Moncloa tanto como por el dinero que fluye desde el País Vasco, el panvasquismo en Navarra no consigue, sin embargo, dejar atrás el veinte por ciento del electorado; en unidad, sin embargo, mejora los resultados obtenidos por separado. Pero los desvelos nocturnos de Errazti, Arzallus o Barrena encuentran enfrente el bloque constitucional-pluralista, el del Partido Socialista de Navarra, Unión del Pueblo Navarro y Convergencia de Demócratas de Navarra (CDN, escisión personalista de Juan Cruz Allí) que representando al ochenta por ciento de los navarros deja fuera de juego las pretensiones vascas del paraíso soñado. La alternancia entre tales partidos deja al frente nacional vasco sin posibilidades de poder, condenados unos al paracaidismo ideológico y cultural desde Vitoria, o al tiro en la nuca y el coche bomba otros.
 
La alternancia entre liberal-conservadores y socialdemócratas, unida a la lealtad del Gobierno de la nación, impedían que el sueño panvasquista se hiciera realidad. Tal panorama abre sin embargo la puerta a la tentación, ya conocida en toda España; el PSN podría desalojar a UPN del poder pactando con el resto de las fuerzas políticas. El bloque panvasquista, desde Nafarroa Bai a Batasuna, susurra cada día a la dirección del PSN la posibilidad de un pacto que expulse a la derecha del poder: ofrecen su apoyo para reeditar la lógica ZP en Nafarroa. Al hacerlo, el sillón presidencial caería en manos socialistas. Finalidad peligrosa; lograr el poder con el bloque panvasquista tras las elecciones del 2007. Al hacerlo, conseguiría el sillón presidencial, en un pacto nacional-socialista, con Nafarroa Bai, IU y quizá una legalizada Batasuna, convertida en una ERC cantábrica tras o bajo la amenaza de las armas.
 
¿Locura ideológica socialista? Los críticos recuerdan los tiempos en que Carlos Solchaga y Gabriel Urralburu marchaban tras la pancarta del Partido Socialista de Euskadi con la consigna del Nafarroa Euskadi da”. En efecto, entonces el PSN se agrupaba bajo las siglas del PSE, en una afinidad política suicida que más tarde tuvo que abandonar, constatando lo evidente; el electorado socialista de Navarra lo es más anti-nacionalista. Para quienes desde sus redacciones, micrófonos y platós de televisión señalan al enemigo de la derecha, ésta camina tradicionalmente en Navarra junto al PSOE frente al panvasquismo que en su extremo criminal acosa a los socialistas navarros.
 
Por eso la primera batalla se está librando, a día de hoy, en el seno del Partido Socialista de Navarra. Desde la calle Ferraz, la doctrina de Zapatero y Rubalcaba presiona para poner de candidato a la Presidencia de la Comunidad a un hombre de su confianza, aquel capaz de alinearse con Batasuna frente a la derecha constitucionalista. Mientras Zapatero hace burlas divertido en la tribuna del Debate sobre el Estado de la nación, el Pacto del Tinell llega al PSN, y sus hombres buscan el dominio del partido navarro. La tradicional cooperación de los socialistas navarros con UPN es un obstáculo, que los hombres de Zapatero buscan olvidar de inmediato.
 
Pero las cosas no parecen tan fáciles. Frente a las presiones de Zapatero, frente a los susurros nacionalistas y el estruendo mediático que señala a la derecha como enemiga de la Paz, parte del PSN parece aún aguantar al lado de la mayoría constitucional-pluralista en Navarra. Si ésta cede, el PSN se alineará al lado del frente nacional vasco, y comenzará la demolición institucional y social de Navarra. Los rumores se disparan, los socialistas que llevan en Navarra soportando durante años la presión etarra se alzan hoy indignados contra las directrices monclovitas, y éstas utilizan el aparato de poder para imponer a sus candidatos.
Profetizando: 2007, la legislatura de la Paz
 
Navarra ha estado sobre la mesa desde el principio; esa y no otra era la condición etarra para sentarse siquiera a escuchar a los enviados del Gobierno de la Paz; “Nafarroa no es el problema, es la solución” (Arnaldo Otegi). Pero ni las marrullerías políticas o la propaganda mediática de la coalición gubernamental ni la salvaje certeza del terrorista olvidan lo esencial; la anexión de Navarra no será fácil, ni rápida. ETA sabe que la anexión no será acelerada, por que no puede no serlo; quinientos mil navarros no son fácilmente, ni aniquilables, ni reeducables, por mucho jarabe maoísta que tomen los encapuchados. Rodríguez Zapatero, empeñado en cambiar el régimen político español a base de propaganda, conoce bien algo semejante; la galaxia mediática que le acompaña no podrá esconder la desaparición de la Comunidad Foral, por lo menos no fácilmente.
 
El acceso al poder del PSN apoyado en el frente nacional vasco trae consigo las exigencias de éste; el Órgano Común Permanente o dieta común entre la Comunidad Autónoma Vasca. A partir de la victoria electoral de 2007, el tripartido nacionalsocialista que se nos anuncia iniciará, empujado por el frente nacional vasco, el desmantelamiento institucional y social de Navarra, y su progresiva sustitución por la identidad nacional vasca; pesadilla profética que no es gratuita, sino real y presente en los programas electorales del panvasquismo; ¿acaso no son ellos los que anuncian sus intenciones? EL PSOE acusa de tremendismo a quien únicamente lee en voz alta los programas de sus previsibles socios de gobierno.
 
Tal entrega de Navarra será causa y efecto del avance del progreso de la Paz de Rodríguez Zapatero; saciado el apetito etarra con el aperitivo navarro, las elecciones generales de 2008 son previstas por el Gobierno de la Paz como las de la mayoría absoluta. En Navarra, la legislatura 2007-2011 coincidirá con las profecías etarras; 2010 era la fecha que los papeles de ETA señalaban como el del comienzo de la independencia. Ebrio de victoria, Otegi afirmaba en México con euforia contenida: “Tengo la esperanza de que en dos años estaremos muy cerca de un acuerdo definitivo. Si las voluntades políticas no se dilapidan, si se respetan los tiempos, nosotros estamos convencidos de que Euskal Herria va a ser una nación, un Estado republicano y socialista”.
 
Futuro que hace las delicias del nacionalismo vasco, pero que hoy asusta a la socialdemocracia Navarra; difícil será que el PSN resista la presión a la que es y estará sometido. Tanto si pacta con el frente nacional vasco como si aguanta las presiones de Rodríguez Zapatero, el desplome electoral del socialismo navarro parece cada vez más posible; en 2007 o en 2010 con Navarra entregada a Ibarreche y Otegi. El primer pecado capital de Rodríguez Zapatero es hoy empujar al PSN a pactar con quienes hasta ayer quemaban sus sedes y asesinaban a sus concejales. El segundo parece ser creer que éstos aceptarán mansamente su suicidio político.
 
Desplome electoral socialista que parece bienvenido por una derecha navarra que parece, por fin, desperezarse ante la amenaza nacionalista; el suicidio del PSN tendría como beneficiario electoral a UPN y la derecha constitucionalista, que, también susceptible de caer en la tentación, pudiera frotarse las manos y hacerse una pregunta tan evidente como peligrosa: ¿dejará el PSN la foralidad y la Constitución en manos de UPN?¿otorgará Rodríguez Zapatero, sin siquiera sospecharlo, la mayoría absoluta a la derecha navarra a la que tanto desprecia y menosprecia?
 
Conclusión evidente, pero sólo optimista para el electoralista; una mayoría absoluta de la derecha constitucionalista navarra llegaría ya demasiado tarde, sea en 2007 por las sospechas ante las intenciones del PSOE o en 2010 ante la acción de gobierno socialista en Navarra. De manera clara en la segunda fecha y dudosa en la primera, la estrategia nacionalista radical va más allá de las elecciones para cuatro años, y apunta directamente a la estrategia revolucionaria y antisistema; los sectarios de la Paz parecen no intuir el incendio que, en Navarra, amenaza con propagarse desde la hoguera vasca.
 
Recuerdo necesario, ETA y Batasuna son organizaciones revolucionarias, herederas del legado leninista y hitleriano; llevan hasta los extremos los juegos a que, en marzo de 2004, jugó la izquierda hoy en el poder de manera infantil. Ante los aprendices de brujo, la teoría que emana de las Herriko Tabernas tanto como de Gara o Zutabe es evidente; las urnas tienen un valor instrumental. La estrategia de Otegi y Ternera trae connotaciones muniquesas o bolcheviques; dividir y debilitar la democracia desde dentro, al tiempo que se golpea y se ataca desde fuera. A los parlamentarios, las ruedas de prensa y los juzgados se unen, indisolublemente, el tiro en la nuca, las razzias callejeras, las palizas y las amenazas.
 
Camisas pardas en euskera, las bandas batasunas hoy vuelven a recorrer las calles; las urnas son importantes para ETA, pero no son indispensables. Lecciones de la historia, lo importante no es el Gobierno, sino el régimen que lo sustenta; el bienestar de Navarra es posible desde la alternancia entre la socialdemocracia y la derecha liberal-conservadora. Recuerdo evidente que parecía inútil hace poco, ello diferencia al régimen constitucional-pluralista del régimen totalitario construido en nombre del proletariado, de la raza, del pueblo o de la nación. La historia del pensamiento político nos proporciona una enseñanza difícilmente rebatible; la alternancia pacífica es consustancial a la democracia liberal.
 
Alternancia que los pactos entre Rodríguez Zapatero y ETA parecen borrar del mapa navarro; hundido el PSN por las ansias pacifistas del presidente, la política navarra pasaría a ser una dialéctica entre el centro derecha y el frente nacional vasco; poco consuelo es pensar que el primero sería electoralmente superior al segundo, en una proporción de cuatro a uno, con los restos del socialismo navarro vagando entre el odio a la derecha propugnado desde Ferraz y el recuerdo del barbarismo etarra sufrido en sus propias carnes. El mal ya estaría hecho.
 
Una dialéctica entre el Gobierno constitucional y el frente anticonstitucional comandado en las calles por el terrorismo etarra da lugar, necesariamente, a un escenario revolucionario; la toma violenta del poder, o en su defecto, el intento de ello. Tal panorama político supondría, de hecho, la inestabilización definitiva de Navarra; la agitación callejera, la búsqueda revolucionaria de los enemigos de la nación y del pueblo, el derribo de cualquier gobierno que se oponga a la mayoría de partidos navarros, aquellos a los que Batasuna y el PSE quieren sentar en una mesa, en una lógica “un partido, un voto”, que tiene dos beneficiarios; el frente nacional, al dejar en minoría a la derecha electoralmente mayoritaria en Navarra, y al PSOE, al lograr ser una fuerza mayoritaria con la unidad de los dos territorios.
 
Suicidio del PSN inducido desde Ferraz; entrega de los resortes institucionales al frente nacional vasco; desestabilización definitiva de Navarra. Escenario de pesadilla, visión profética posible, pero no necesaria. Tal sombrío panorama sólo es posible con una condición; que la mayoría silenciosa navarra permanezca pasiva mientras ciertas élites políticas y una minoría activa, violenta y perfectamente organizada, se hace con el control de sus vidas. Tal es el legado de Lenin, que ETA nos enseña generosamente desde hace demasiado tiempo, y que está demasiado perfeccionado para la coalición gubernamental que disfruta de moqueta y coche oficial en el año 2006.
 
El optimista pensará que en la Europa del siglo XXI tal escenario es imposible; el pesimista responderá que la historia es, precisamente, la conversión de lo imposible en posible. Varias condiciones tendrían que darse: Que los socialdemócratas navarros, constitucional-pluralistas cedan ante los empujes del progresismo de Rodríguez Zapatero; que sus dirigentes prefieran gobernar con el nacionalismo totalitario antes que combatirlo; que la mayoría social ceda ante la previsible avalancha nacionalista en Navarra. Y sobre todo, el hecho de recordar que los hombres hacen la historia, pero no saben que historia hacen. Ni siquiera quienes, progresistas ellos, creen dominarla y modelarla según un progreso que se encuentra, únicamente, en sus sueños pacifistas.

Óscar Elía es Analista Adjunto del GEES en el Área de Pensamiento Político.


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