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Estofado de escándalo francés
Colaboraciones nº 998   |  9 de Junio de 2006
 
Si usted no ha seguido el escándalo Clearstream en Francia, se va a echar unas risas.
 
Chirac y su Mosquetero jefe, el Primer Ministro Dominique Galouzeau de Villepin, han sido sorprendidos en un acto de fraude a la vieja usanza política. En este momento parece que alguien ha cerrado las puertas.
 
Recuerde: este es el presidente francés que podría afrontar una condena por cargos de corrupción en el momento exacto en que abandone el Palacio del Elíseo, derivados de sus días como alcalde de París. (Chirac mantuvo presuntamente una caja llena de efectivo en el baño de su oficina, que se dice que eran sus sobornos de contratistas municipales, como informé en La traición francesa a América).
 
A causa de esa espada de Damocles judicial, Chirac se esforzó por hacer creer a sus rivales que se presentaría a un tercer mandato el año que viene, esperando, quizá, morir en el cargo en lugar de ir a la cárcel.
 
Bajo el acuerdo que alcanzó con el entonces presidente del tribunal constitucional francés, el socialista Roland Dumas, el tribunal acordaba no permitir el procesamiento de un presidente en ejercicio, ni siquiera por los crímenes cometidos antes de asumir el cargo. A cambio, Chirac haría que el Ministerio de Justicia perdiese una investigación de Dumas por coger sobornos en el escándalo de las fragatas de Taiwán (más sobre ello abajo).
 
En Francia existe un viejo cliché. Todos los escándalos políticos en Estados Unidos tratan de sexo, mientras que en Francia todos tratan de dinero.
 
En América, observan los franceses, es escandaloso que un político practique sexo con alguien distinto a su marido / mujer legalmente casado; mientras que en Francia, se considera escandaloso que un hombre que ha escalado las cimas del poder no escale también a la cama con su amante. (Los franceses se ponen algo más puritanos cuando el amante es el hombre, pero dejemos eso para otro día).
 
Así, el francés nunca comprendió el escándalo Monica Lewinsky, que pensaron que trataba de sexo, puesto que eso es todo lo que le contaron los medios progresistas. Y juzgaron bastante normal que el Presidente Francois Mitterrand tuviera una hija ilegítima llamada Mazarine, a la que alojaba en un apartamento de lujo cerca del Palacio del Elíseo a expensas del contribuyente.
 
Pero el dinero... eso es verdaderamente escandaloso para el francés. En primer lugar, es escandaloso hacerlo. Pero es más escandaloso aún ser sorprendido escondiéndolo - lo que, en un país con un sistema fiscal de latrocinio, hace todo el mundo que lo tiene.
 
Lo que nos lleva a Clearstream, un nombre que los franceses han convertido en sinónimo de corrupción política, soborno, pagos ilegales e intriga internacional.
 
El 9 de enero del 2004, Dominique Galouzeau de Villepin, protégé de Chirac y futuro heredero político, convocaba al jefe del servicio de Inteligencia exterior francesa, el DGSE, en su oficina. En aquel momento, Villepin era aún Ministro de Exteriores.
 
Villepin quería que el General Philippe Rondot investigase las informaciones de que políticos franceses y contratistas de defensa tenían "cuentas secretas" registradas en una base de datos en manos del Banco Clearstream de Luxemburgo, una casa de cambio de transacciones en divisa internacional.
 
Los políticos y las compañías eran sospechosos de esconder alrededor de 500 millones de dólares en sobornos procedentes de la venta de seis fragatas por valor de 2,3 mil millones de dólares por Thomson-CSF (hoy Thales) a Taiwán a comienzos de los años 90.
 
Premio. Por supuesto que el Ministro de Exteriores quería saber acerca de cuentas secretas a ultramar a cuenta de un importante acuerdo armamentístico francés. Después de todo, su ilustre predecesor, Roland Dumas, presuntamente se había beneficiado de ello.
 
Pero entonces, el mes pasado, un juez francés registraba la oficina doméstica del General Rondot, que hoy está jubilado, y descubrió sus notas contemporáneas de esa reunión con Villepin. El tema principal, observaba Rondot, era el Ministro del Interior Nicolas Sarkozy, archi-rival político de Villepin, estrella política en ascenso, y el hombre del que Chirac sospechaba de la profunda deslealtad de querer reemplazarle como presidente en las próximas elecciones.
 
"Riesgo político: N. Sarkozy", escribía Rondot. "Obsesión con N. Sarkozy (re: conflicto J. Chirac/N. Sarkozy)".
 
Cuando el juez le interrogó, Rondot dejó todo esto muy claro, según una trascripción bajo juramento que fue filtrada al diario francés Le Monde. Era Chirac en persona el que estaba detrás de todos los indicios de fraude político, dijo. Era Chirac quién le dio las órdenes de investigar a Sarkozy, ordenando a Rondot a través de Villepin no informar al servicio de Inteligencia nacional, el DST - puesto que es controlado por el Ministerio del Interior de Sarkozy.
 
También presente en la reunión en la oficina de Villepin el 9 de enero del 2004 estaba Jean-Louis Gergorin, un hombre de confianza desde hace tiempo del primer ministro francés. Sacó del bolsillo de su abrigo una lista de depositarios de cuentas Clearstream que hizo a Rondot abrir los ojos como platos, o eso dice.
 
Declaró al juez estar "sorprendido por la presencia de políticos a derecha e izquierda" en la lista. Uno de los presentes en la lista Clearstream era Nicolas Sarkozy.
 
En abril del 2004, Gergorin solicitó una reunión privada con el juez que investiga el escándalo de las fragatas de Taiwán. Dijo temer por su vida, puesto que otros involucrados en el escándalo ya habían muerto, pero él tenía información crítica que proporcionar al juez.
 
Días después - ¡ta-chán! - una carta de denuncia sin firmar llega a la estancia del juez, junto con un CD-ROM que contiene la misma lista de cuentas Clearstream que Gergorin había mostrado a Villepin y Rondot cuatro meses antes.
 
El único problema era que la lista era una falsificación. Era un señuelo, encaminado a difamar a Sarkozy.
 
Los medios franceses disfrutaron de lo lindo con la noticia en las últimas semanas, publicando la trascripción entera de 9000 palabras bajo juramento de Rondot ante el juez, el texto de su nota original, la negativa de Villepin de que nunca intentaría, bajo ningún concepto, difamar a su rival político, y más.
 
Chirac y Villepin pasaron a continuación a atacar a Rondot, acusándole de filtrar el tema de una investigación judicial confidencial (una investigación de un magistrado francés es similar a una del gran jurado americano). Incluso intentarían el secuestro de la edición de los diarios que publicaron una docena de noticias relativas a la declaración bajo juramento de Rondot.
 
De modo que Rondot hizo lo que haría cualquier ex espía francés que se precie: hurgó en su bolsa de trucos y sacó una pequeña gema que había guardado para un mal día. El Presidente Jacques Chirac controla una cuenta bancaria secreta en la rama de Tokio del Banco Sawa de Japón con un saldo de aproximadamente 50 millones de dólares, afirma Rondot.
 
¿Podría haber recibido Jacques Chirac plausiblemente pagos a través de correos como parte del plan corrupto Petróleo por Alimentos de la ONU? Es un secreto del General Rondot.
 
Queda para la historia. Jacques Chirac se hunde y Dominique de Villepin se hunde con él.
 
Como comentaba el diario de centro izquierda Liberation en un destacado editorial hace dos semanas, "Francia ya no tiene un gobierno, tiene una balsa. Una balsa que lleva semanas flotando hacia costas oscuras donde reina el descrédito". (Lamento la metáfora descafeinada, pero es periodismo francés). "Y arrastra al país entero, ridiculizado fuera, estancado bajo la descomposición moral de un ejecutivo que, en respuesta, ha alcanzado lo peor del fraude".
 
Al final, Sarkozy acabará oliendo a rosas. Pero eso no significa que gane las próximas elecciones.
 
Cuidado con el retorno del neo-fascista Jean-Marie LePen. Cuando la corrupción ataca, su popularidad se desborda.
 
Kenneth R. Timmerman es el autor de Countdown to Crisis: the Coming Nuclear Showdown with Iran (Crown Forum, New York) y director ejecutivo de la Fundación para la Democracia en Irán.


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