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Por poco
En letra impresa nº 548   |  6 de Junio de 2006
 
(Publicado en ABC,  6 de junio de 2006)

 
 
Alan García ha ganado las elecciones presidenciales en Perú y encima tenemos que estar contentos.
 
García ya ejerció de Presidente justo antes que el inefable Fujimori, dejando un rastro de desgobierno, ruina económica y corrupción. Ahora se dice arrepentido de todo aquello, ha pedido públicamente perdón por todos sus errores y, supuestamente regenerado, ha solicitado el voto para desarrollar una política socialdemócrata. En la segunda vuelta ha contado con los votos liberal conservadores, ante la amenaza que suponía el radical Humala.
 
García tiene razón cuando afirma que sólo ha habido un perdedor y que éste no es otro que Hugo Chávez. La descarada injerencia del venezolano en los asuntos internos peruanos, tras el penoso episodio boliviano, ha facilitado la formación de una mayoría en torno al dirigente del histórico APRA. En esta ocasión ha sido posible contener la ola de nacional-socialismo que, financiada por un petróleo por las nubes y subiendo, amenaza la estabilidad de varios estados.
 
Pero si el margen de opción es entre García y los amigos políticos de Chávez, mal andamos en Iberoamérica. Es la prueba de que el viejo cáncer del populismo asfixia a toda una región del planeta, precisamente cuando tras años de disciplina económica las cuentas mejoraban y el futuro parecía más halagüeño. Estados Unidos ha dado la espalda al Río Grande, preocupada como está por otros problemas y convencida de que nada se puede hacer con los latinoamericanos. Europa se divide, no deja de ser ese su estado natural, entre una derecha que quiere exigir el respeto a la libertad individual y la seguridad jurídica, y una izquierda que se ilusiona y rejuvenece con Hugo Chávez y Evo Morales. El espectáculo de los eurodiputados socialistas aplaudiendo a Morales, tras las nacionalizaciones, es para no olvidar. No dan más de sí tras la hecatombe de la utopía comunista y la crisis económica del estado de bienestar.
 
El triunfo de García es “pan para hoy y hambre para mañana”. Ha servido para impedir un nuevo Evo, pero poco más. No es probable que lo haga peor que durante su primer mandato, pero no es sensato ilusionarse con él en la Presidencia de la república.
 
La política peruana, como la de tantos otros estados de la región, sigue presa de la demagogia populista y nacionalista. No consiguen salir de ese lodazal y, quizá con la sola excepción de Chile, encauzar su política desde una visión realista de lo que es el mundo en este comienzo de siglo XXI. Los socialistas chilenos han aportado un modelo de lo que puede ser una izquierda latinoamericana capaz de aunar prosperidad con solidaridad. Pero eso no es suficiente. Iberoamerica necesita de una derecha liberal más fuerte y con un discurso político atractivo.

 


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