Moussaoui: tribunal equivocado, debate equivocado...
Colaboraciones nº 967 | 1 de Junio de 2006
¿Deberíamos estar sorprendidos por el crítico debate tras el final del juicio a Zacarías Moussaoui? Ciertamente no. La interpretación de sus recomendaciones del jurado no es inusual en todo el sistema legal americano de guerra contra el terrorismo: a lo largo de cinco años, la lucha de la justicia por juzgar a miembros de Al-Qaeda y otros terroristas en la estructura legal norteamericana no ha funcionado. Después de las aulas, el tribunal de justicia de América es lo más ajeno al conflicto. En pocas palabras, el caso Moussaoui no es el único en mostrar una crisis sistemática, todos los restantes casos lo hicieron y continuarán haciéndolo. Mi explicación, como analista de guerras contra el terror pasadas y futuras puede simplificarse: los terroristas son procesados en los tribunales equivocados y nuestro debate acerca de este proceso legal es el debate erróneo.
Déjeme ser claro desde el principio: el tema que planteo no trata de la condena a la pena de muerte o la condena a cadena perpetua. Esa parte debería haber sido la última etapa del debate: la que sella la lógica de la sentencia, no la discusión que conforma el debate. El juicio de Moussaoui no trata per se del principio de criminalidad como tal; trata del Terrorismo y sus ideologías raíz. He aquí unas cuantas ideas que conforman mi caso analítico:
- La vida personal de Zacarías Moussaoui no es un factor importante a la hora de determinar este particular crimen de masas, sino uno de los factores que podrían reducir la pena, si es incriminado. Si ha tenido una infancia difícil u otros factores negativos que afectaron a su claridad de pensamiento, deberían considerarse como elementos de clemencia en el caso de un veredicto extremó, pero no como los fundamentos de la evaluación del caso. Puesto que el 11 de Septiembre y la guerra de la que forma parte no son una vendetta personal por parte de M. Moussaoui contra el gobierno norteamericano, sino una guerra genocida de Al-Qaeda contra el pueblo americano. Este y otros casos similares no son un asunto privado entre particulares -- con algo de mala suerte -- y políticas norteamericanas con consecuencias sobre seguridad nacional. Según su propia admisión, M Moussaoui es miembro, se le llame jihadista o no, de una organización terrorista. No debería ser juzgado en un sistema de justicia norteamericano diseñado para procesar crímenes comunes en lugar de crímenes de guerra.
- Las víctimas del 11 de septiembre del 2001 no fueron seleccionadas por Al-Qaeda, ni siquiera por los autores materiales -- incluyendo a Moussaoui -- personalmente. Los hombres, mujeres y niños masacrados a lo largo del día de la infamia son los objetivos de una guerra de terror contra América, no de vandalismo contra dos rascacielos de Nueva York y un gran edificio de Washington. El terrorismo podría haber puesto sus miras en otras alturas y objetivos de ciudades distintas. El tema no es una vendetta personal entre Moussaoui y las 3000 personas que Mohammed Atta y sus jihadistas han asesinado. América fue objetivo del propósito de genocidio como nación. Como colectivo masacrado, las víctimas del 11 de Septiembre pertenecen a la nación, no a sus familiares. Como individuos, las víctimas son honradas profundamente por todos los americanos y por encima de todo por sus supervivientes. De modo que, ¿quién juzgó a Al-Qaeda en representación de la nación?
- Moussaoui es parte de una maquinaria más grande que él mismo. En el proceso de planificación del 11 de Septiembre, no es un único mecanismo que actúa individualmente. Estaba ejecutando ordenes de Al-Qaeda y tenía intención de llevarlas a cabo. Es un núcleo que se quedó atrás en una célula mayor que siguió adelante. Su relación con la masacre no es pragmática, sino mecánica. De ahí que el proceso judicial para descubrir si provocó o no las muertes del 11 de Septiembre no sea el tema: ha admitido abiertamente, y se demostró, que era parte de la maquinaria en funcionamiento para perpetrar la masacre. Que perdiese la oportunidad o que fuera descartado es solamente un hecho dentro de una realidad mayor: su compromiso para lograr el asesinato en masa y su participación en una cadena de sucesos que llevaron a ello, incluso si no participó en la última parte del horror.
- Más preocupante es la presente capacidad del sistema para procesar los casos de terrorismo: por mi propia experiencia y los documentos públicos disponibles, la mayor parte de los jugadores en el presente sistema judicial son a menudo incapaces de absorber la densidad de la confrontación. El jurado, compuesto de ciudadanos ordinarios, generalmente no capta la ideología de los jihadistas, de ahí que no puedan tomar una decisión estratégicamente formada, no en el proceso de dictamen del veredicto, sino en la esencia del crimen de guerra entre manos. Los jueces norteamericanos son altamente capaces de controlar el procedimiento en sus salas, pero han sido incapaces de juzgar una guerra contra el terror jihadista, cuando no contra el salafismo, el jomeinismo o las estrategias de otros movimientos, proceso de pensamiento o incluso tácticas. Los fiscales son también lanzados a batallas de ideas más allá de su formación básica. En el caso Moussaoui, el jurado solicitó un diccionario, rechazado por el juez. La cuestión merece una respuesta.
- En lo que respecta a los abogados de la defensa, y yo fui uno en el pasado, en ausencia de tribunales especializados, retuercen la historia y la geopolítica con el fin de obtener un objetivo legítimo: ganar su caso. Pero en lugar de centrarse en demostrar la inocencia de sus clientes y distanciarlos del enemigo, tienden a defender la ideología del cliente, colocándose a sí mismos en el bando equivocado de la guerra de la que su nación es víctima.
Estos cinco hechos mencionados arriba y muchos más a desarrollar en el futuro constituyen la base del fracaso norteamericano en los tribunales en el procesamiento de casos de terror vinculados al jihadismo. Lo que se necesita para futuros éxitos es lo siguiente:
a) Que el Congreso identifique las ideologías de los terroristas. Tras muchas audiencias del Congreso que ya produjeron un consenso bipartidista significativo, así como bastantes discursos del Presidente desde el septiembre pasado, el país no está lejos de identificar el vínculo que faltaba. Hablando llanamente: educar al jurado, a los jueces, a los fiscales y a los abogados de la defensa, en cuanto a quién es el enemigo y cuál es su ideología. El resto debería seguir como justicia americana en su mejor forma, imparcial y justa.
b) Al igual que en Francia y España, formar "jueces de contraterrorismo". De París a Madrid, estos brillantes hombres y mujeres tienen todas las herramientas necesarias para decidir los procedimientos apropiados para procesar y en última instancia juzgar a los terroristas en guerra contra las democracias. Una formación similar podría proporcionar al Departamento de Justicia "fiscales de contraterrorismo". En suma, todos los jugadores del tribunal tienen que ser advertidos en algún momento de que en los casos de terrorismo, tendrá que reflejarse.
El debate acerca del caso Moussaoui no se detendrá en toda la nación y más allá en vista del descubrimiento progresivo por parte de la mayor parte de los americanos y de muchos ciudadanos de otras democracias que este caso va a ser un hito en la historia del frente judicial contra el terror. En consecuencia, es importante evitar debates bizantinos y reservar las energías para el centro de la crisis, no para su periferia. Considere por ejemplo cómo juega el tema del "martirio" en los chats salafistas: "Estos kuffars (infieles) son fáciles de engañar”, decía un grupo del chat de al-Ansar Paltalk hace unos cuantos meses. "Todo lo que tienes que hacer es jugar con su akhlaq (ética) o llevarles a creer que somos busat'a (de mentalidad simple)”.
Eso es lo que logró Zacarías, sólo frente a toda la cultura política americana: en primer lugar, dramatizó hasta el extremo su vida personal, llevando a algunos a creer que su pasado era la causa a raíz de sus violentas elecciones. Mientras que en realidad, la ideología que le reclutó fue la responsable de la jihad que eligió practicar. En segundo lugar, dramatizó su postura hasta el límite amenazando con arrojarse a sí mismo al corredor de la muerte, forzando al jurado a una retirada a la culpa psicológica. En la práctica, un hombre de Al-Qaeda, miembro inicial de la ghazwa (ataque de terror) del 11 de Septiembre desbordó con total soltura al jurado, al tribunal y potencialmente al público. Al transformar el desafío judicial en un debate acerca de "la pena de muerte" y todas las consecuencias psicológicas americanas que se derivan, Zacarías Moussaoui desvió la atención del elefante real de la sala: la ideología del jihadismo salafista. En lugar de juzgar la "ideología criminal" en representación de la cual actuó, América cayó en la trampa de luchar contra sí misma en calidad de sociedad clemente o vengativa.
Moussaoui piensa que ganó todo el tiempo, incluso si recibió cadena perpetua. Jugó la carta del martirio hasta que su audiencia vomitó. A continuación jugó la carta de su vida personal hasta que obtuvo el factor mitigante. Jugó inteligente, directa y arriesgadamente. Sus colegas derribaron rascacielos hace cinco años, pero Moussaoui administró otro tipo de ataque a sus enemigos: derrotarles a través de su propio sistema.
Lo que la sala del tribunal de Virginia pasó por alto en su juicio de la década fue la fábrica que produjo la mentalidad de Moussaoui. Una cadena perpetua no es necesariamente una mala elección en las democracias, ni el mensaje erróneo a enviar cuando se necesita, si la nación de la que salió el jurado puede dictaminar una pena de muerte a las ideologías del odio.
El Dr. Walid Phares es un experto en terrorismo, fundamentalismo islámico y movimientos yihadistas. Es miembro decano de la Fundación de la Defensa de las Democracias y escribe en publicaciones especializadas como Global Affairs, Middle East Quarterly, and Journal of South Asian and Middle East Studies además de para diversos periódicos de renombre mundial y de opinar para medios como CNN, MSNBC, NBC, CBS, ABC, PBS y BBC.
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