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¿La hora de Kosovo?
En letra impresa nº 542   |  26 de Mayo de 2006
 
(Publicado en ABC, 26 de mayo de 2006)
 
Tras el referéndum en pro de la independencia de Montenegro muchos piensan que ha llegado la hora de que Kosovo, actualmente bajo mandato de la ONU y con protección de la OTAN, siga los mismos pasos y se declare independiente de Serbia. Impulsar su secesión, no obstante, sería un grave error.
 
Es verdad que más del 90 por ciento de la población es de origen albanés; también es verdad que la ideología de la principal fuerza política, el KLA, siempre ha clamado por la independencia; pero no es menos cierto que Kosovo es del todo inviable como unidad económica. Su única posibilidad sería la integración en una Gran Albania, algo que nadie en la zona desea.
 
Pero es más, hay ciertas verdades que no se pueden ya ocultar por más tiempo: la guerra que hizo la OTAN para salvar a los albano-kosovares de la limpieza étnica acabó dando lugar a una limpieza étnica brutal contra la minoría serbia y aún hoy la destrucción de las iglesias ortodoxas prosigue como requisito de una islamización radical.
 
Tampoco se puede olvidar que Kosovo se ha convertido por derecho propio en un centro exportador de dos fenómenos letales: uno que vivimos hoy en España con alarma, las bandas violentas del crimen organizado; el otro más silencioso, la expansión de la red del terror islámico en Europa. Sobre esto no debe quedar duda alguna: las fuerzas de la OTAN intervinieron para ayudar a una organización, como era el KLA, que estaba en las listas de bandas terroristas y su despliegue continuado desde entonces no ha servido no para democratizar esa provincia, ni para moderar la actitud de los kosovares.  En términos históricos, la OTAN se equivocó de bando y ahora es el momento de evitar caer en un nuevo error del que arrepentirse en el futuro.
 
Kosovo ni puede ni debe ser independiente. Es más, la ayuda que presta la ONU para su administración y la seguridad que le ofrecen las fuerzas de la OTAN deberían ponerse ya en condicional. Hay que exigir a los kosovares el respeto de los derechos mínimos de la persona, el respeto a las minorías y la tolerancia con la libertad de culto, para empezar a hablar.
 
La comunidad internacional se obcecó en la década pasada en la “construcción de naciones”, es el momento de poner todas las energías en algo más, en el desarrollo de la libertad y la democracia efectiva  y no contentarse con la eficacia administrativa de los nuevos dictadores, sean burócratas seculares o clérigos religiosos. Nacionalismo, islamización y jihad dan un pésimo cocktail que debemos rechazar.


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