En ocasiones el mercado editorial en castellano deja sin traducir obras auténticamente de referencia. La editorial de FAES, la fundación presidida por José María Aznar, se ha propuesto colmar algunas lagunas en lo que se refiere al pensamiento liberal-conservador y neoconservador y se ha lanzando a la edición en castellano de esos libros que se consideran imprescindibles para el debate político global de hoy. Tal es el caso de la obra que comentamos, el libro Alegato por la democracia de Natan Sharansky.
Esta obra se ha hecho ya famosa por varias razones. En primer lugar, por la propia personalidad de su autor. Natan Sharansky, ucraniano de origen, destinado a ser otro homus sovieticus por el Kremlin de Moscú, se hizo famoso al convertirse en uno de los primeros refusenik, uno de los primeros disidentes que en torno a la figura de Andrei Sajarov denunciaron los horrores del sistema soviético, demandando el respeto por los derechos elementales de la persona. Como consecuencia de ello, fue detenido, juzgado con pruebas amañadas por alta traición al Estado, encarcelado y, finalmente, enviado a trabajos forzosos al Gulag siberiano por nueve largos años. Allí se habría podrido muchos años más si no hubiera sido por la persistencia de Ronald Reagan, quien acabó logrando que fuera excarcelado e intercambiado por un espía soviético en una neblinosa tarde-noche de 1986.
Después de ganar la libertad y poder cumplir su deseo de emigrar a Israel, Sharansky ha ocupado diversos puestos de responsabilidad, muy particularmente el ministerio sin cartera para la emigración de la diáspora judía hacia Israel, con gobiernos tan distintos en su color político como el de Ehud Barak, Benjamín Netanyahu y Ariel Sharon. Finalmente Sharansky dmitiría del gobierno de Ariel Sharon por sus discrepancias sobre la retirada de la franja de Gaza. Hoy es diputado por el likud en el parlamento israelí.
La vida de Sharansky le ha preparado y bien para hablar de libertad y democracia, pues él ha sufrido en primera persona lo que es estar privado de ambas. Pero, con todo, la relevancia y notoriedad pública le viene más recientemente a Sharansky por su relación con el presidente americano George w. Bush. En noviembre de 2004, invitado por el American Enterprise Institute a presentar su recién aparecido libro, recibió una invitación para encontrarse con el presidente americano en la Casa Blanca. Como él mismo cuenta, en la antesala del despacho Oval, mientras esperaba que George w. Bush le recibiera, se topó con la todavía asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice. Llevaba bajo el brazo un ejemplar de su libro. Rice le preguntó, “¿Sabe usted por qué estoy leyendo su libro? Lo leo porque el presidente lo está leyendo y es parte de mi trabajo saber en qué piensa mi presidente”.
De su encuentro con Bush se sabe poco y queda en la confidencialidad que se guardan mutuamente. Pero desde entonces Natan Sharansky no deja de referirse a Bush como el gran disidente, es decir, el político que no se mueve para complacer y mejorar en los sondeos de opinión, sino aquel que sabe en qué cree y que hace lo que cree que debe hacer. Sobre todo, si está empeñando, como Bush, es promover la democracia en el mundo.
En segundo lugar, esta obra se ha hecho famosa porque el mismo George W. Bush la recomendó inmediatamente nada más ser publicada en inglés. Con su candor habitual el presidente americano dijo poco después de su encuentro: “Si quieren saber de verdad lo que pienso, lean el libro de Natan Sharansky. Me lo recomendó un buen amigo y desde entonces no dejo incitar a otros a que lo lean”. Con esas referencias, al poco de haber sido reelegido presidente por una abrumadora mayoría, el libro de Sharansky se colocó en el número uno de ventas. Yo mismo puedo decir que tuve la suerte de estar por esos días en Washington y haber podido comprar su primera edición y que poco después, cuando quise adquirir más ejemplares para regalar entre mis amigos, ya estaba agotado y Amazon no daba abasto para regular la demanda.
Pero la razón más importante de la fama de esta obra son las tesis que defiende: en primer lugar, que cuando se permite a las personas elegir entre la tiranía y la libertad, la gran mayoría elige vivir libremente. O lo que es lo mismo, que la aspiración a ser libres y vivir en democracia –el sistema político que mejor garantiza la libertad de los individuos hoy por hoy- es una aspiración universal e independiente de credo, raza o distribución geográfica. La segunda idea, que la libertad cuenta con una fuerza y un atractivo tal que es el mejor instrumento de transformación social que pueda conocerse. Como el propio Sharansky dijo durante la presentación de la edición de Gota a Gota en Madrid, “la liberdad es un arma de construcción masiva”. Sharansky divide a las sociedades en dos categorías, las sociedades del miedo y las sociedades de la libertad. Para saber en cuál de ambos tipos uno está viviendo, él propone aplicar el “test de la plaza mayor” y que básicamente consiste en determinar si una persona puede acercarse hasta la plaza de su pueblo y decir en voz alta todo lo que piensa, libre de miedos y sin que su acción le acarree el encarcelamiento, la exclusión o el exilio, entre otros males. Por no hablar del riesgo sobre su propia vida.
Por último, hay una tercera idea corolario de todo lo anterior, que las sociedades libres pueden ayudar y contribuir decisivamente a transformar las sociedades del miedo en sociedades democráticas. Las democracias pueden y deben derrocar a los dictadores y genocidas. Para Sharansky esto es un principio moral indispensable para que triunfe el bien en el mundo. Pero es algo más. Se trata también de un principio de supervivencia para el mundo libre. Tras los ataques del 11-S y la amenaza que supone el terrorismo islámico, la jihad islámica, es mucho más que un imperativo moral lo que está en juego. La extensión de la democracia es la única alternativa política al terror, puesto que son las sociedades del miedo, la tiranía y la opresión, quienes generan la violencia y el resentimiento hacia nuestros valores, nuestros sistemas de vida y, en última instancia, contra nosotros mismos. De ahí el título de la obra, The case for democracy, excelentemente traducido por Gota a Gota como alegato por la democracia, porque de eso realmente se trata, de un fervoroso, partidario y encendido alegato por la libertad y la tolerancia. Para el autor, “promover la paz y la seguridad está conectado vitalmente con la promoción de la libertad y la democracia”. Dejar intactos los regímenes teocráticos y totalitarios o tiránicos ya sabemos el resultado que da, opresión, inestabilidad y terrorismo. En palabras de Andrei Sajarov, a quien tanto ayudó Sharansky en la URSS, “un país que no respeta los derechos de su propia gente, no respetará los derechos de sus vecinos tampoco”. Si tuviéramos que parafrasearle, podríamos decir ahora que una sociedad que no respeta la vida de sus miembros, sino que promueve el martirio suicida, no va a respetar la vida de los demás, es decir, de nosotros. Por eso la importancia de transformar estas sociedades y, en el caso del terrorismo islámico, el mundo árabe en primer lugar.
En este sentido, la obra de Sharansky es la justificación perfecta para los planes avanzados por la administración americana de transformación del Gran oriente Medio. A la vez que el mejor alegato contra la idea del presidente Rodríguez Zapatero de Alianza de Civilizaciones, visión que en lugar de promover el cambio y la libertad, fija la opresión, la teocracia y la tiranía allí donde hoy impera, justificado porque el mundo musulmán cuenta con otros valores civilacionales.
El libro de Sharansky, que en su día también fue recomendado por José Maria Aznar, resulta hoy imprescindible porque, a pesar de sus otros muchos méritos, para mí, personalmente, lo mejor del ensayo es que nos coloca inexorablemente ante la necesidad por parte de las sociedades democráticas occidentales de encontrar la claridad moral para ver el mal. Salir de equívocos, confianza en el cambio, fe inquebrantable en la victoria del bien sobre el mal en todas sus expresiones. Claridad para escapar también de todos quienes nos someten a la manipulación constante de las palabras que acaban por perder su significado. Alegato por la democracia es un manual perfecto para recuperar el sentido y la claridad moral, para discernir entre lo correcto y lo equivocado. Natan Sharansky, quien ya había visitado Madrid el año pasado, invitado al Campus FAES, nos dio una gran lección esta vez durante su presentación. Pero para tanto quien le haya visto en directo, como quien no, es lo mismo: El libro merece la pena.