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¿Nunca más?
Colaboraciones nº 948   |  18 de Mayo de 2006
 
Cuando algo ocurre por primera vez en 1.871 años, vale la pena notarlo. En el 70 a.C. y de nuevo en el 135, el Imperio Romano redujo brutalmente las revueltas judías de Judea, destruyendo Jerusalén, matando a cientos de miles de judíos y enviando a cientos de miles más a la esclavitud y el exilio. Durante casi dos milenios, los judíos vagaron por el mundo. Y ahora, en el 2006, por primera vez desde entonces, de nuevo existen más judíos residentes en Israel -- el estado y sucesor de Judea -- que en ningún otro lugar de la Tierra.
 
La población judía de Israel acaba de sobrepasar los 5,6 millones. La población judía de América rondaba los 5,5 millones en 1990, cayó a alrededor de 5,2 millones 10 años después y se encuentra en marcado declive que, a causa de las bajas tasas de fertilidad y los elevados niveles de asimilación, reducirá esa cifra a la mitad hacia mitad de siglo.
 
Cuando 6 millones de judíos europeos fueron masacrados en el Holocausto, sólo quedaron dos centros importantes de vida judía: América e Israel. Ese sistema binario permanece hoy, pero se acaba de alcanzar un punto delicado. Con cada año, mientras la población judía continúa creciendo en Israel y en declive en América (y en el resto de la Diáspora), Israel se convierte cada vez más, al igual que en tiempo de Jesús, en el centro del mundo judío.
 
Una restauración épica, y la más improbable. Por tomar solamente un logro destacado del retorno: el hebreo es el único lenguaje "muerto" de la historia de la que se tiene constancia que ha sido devuelto a la vida cotidiana como lenguaje vivo de una nación. Pero existe un precio a, y un peligro en esta transformación. Altera radicalmente las perspectivas de supervivencia judía.
 
Durante 2000 años, los judíos encontraron protección en la dispersión -- no protección a las comunidades individuales, que eran rutinariamente perseguidas y masacradas, sino protección al pueblo judío en conjunto. Diezmados aquí, podían sobrevivir allí. Podían ser perseguidos en España y encontrar refugio en Constantinopla. Podían ser masacrados en el Rhin durante las Cruzadas o en Ucrania durante la Insurrección Jmelnytsky de 1648-49 y sobrevivir aún así en el resto de Europa.
 
Hitler puso fin a esa ilusión. Demostró que el antisemitismo moderno desposado con la tecnología moderna -- líneas ferroviarias, burocracias disciplinadas, cámaras de gas que matan con eficacia industrial -- podía coger un pueblo disperso y "concentrarlo" para la aniquilación.
 
El establecimiento de Israel fue una declaración judía al mundo que permitió que el Holocausto tuviera lugar -- después de que Hitler dejase claras perfectamente sus intenciones -- de que los judíos recurrirían en adelante a la autoprotección y la auto dependencia. Y así, construyendo un ejército judío, el primero en 2000 años, han prevalecido en tres grandes guerras de supervivencia (1948-49, 1967 y 1973).
 
Pero en una cruel ironía histórica, hacerlo requirió concentración -- poner todos los huevos en el mismo cesto, un pequeño territorio extendido junto al Mediterráneo, de 8 millas de ancho en su punto medio. Un objetivo tentador para aquellos que finalizarían el trabajo de Hitler.
 
Sus sucesores viven hoy en Teherán. El mundo ha prestado enorme atención a la declaración del Presidente Mahmoud Ahmadinejad de que Israel tiene que ser destruido. Se ha prestado menos atención a los pronunciamientos de los líderes iraníes acerca de cómo Israel va a ser "eliminado mediante una tormenta", como ha prometido Ahmadinejad.
 
El ex presidente Alí Ajbar Hashemi Rafsanjani, el presunto moderado de esta banda criminal, ha explicado que "el uso de una bomba nuclear en Israel no dejará nada sobre el terreno, mientras que sólo perjudicaría algo al mundo del Islam". La lógica es impecable, la intención clara: un ataque nuclear destruiría en la práctica al pequeño Israel, mientras que cualquier respuesta lanzada por un Israel moribundo no tendría un efecto importante sobre una civilización islámica de un billón de personas que se extiende desde Mauritania a Indonesia.
 
Mientras se lanza a la carrera por adquirir armas nucleares, Irán deja claro que si está en problemas, los judíos serán los primeros en sufrir. "Hemos anunciado que donde quiera [en Irán] que América cometa cualquier equivocación, el primer lugar al que apuntamos será Israel", decía el General Mohammed Ebrahim Dehghani, un importante comandante de la Guardia Revolucionaria. Hitler apenas fue ligeramente más directo al anunciar siete meses antes de invadir Polonia que, si había otra guerra, "el resultado será... la liquidación de la raza judía en Europa".
 
La semana pasada, Bernard Lewis, el decano de estudios islámicos de América que acaba de cumplir 90 años y que recuerda bien el siglo XX, confesó que por primera vez se siente de nuevo en 1938. No necesitó añadir que en 1938, ante la inminente tormenta -- un enemigo de Occidente agresivo y fanático abiertamente declarado y completamente determinado contra los judíos -- el mundo no hizo nada.
 
Cuando en los próximos años los mulás de Irán adquieran sus deseados misiles, la cifra de judíos en Israel acabará de alcanzar los 6 millones.

 
 
Charles Krauthammer estudió Ciencias Políticas y Economía en la Universidad de Oxford y medicina en Harvard, es ganador del Premio Pulitzer de 1987, escribe una columna sindicada para el Washington Post Writers Group que se publica en más de 150 periódicos.
 


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