“Preparo una comedia sobre las costumbres del serrallo. Autor español, creo poder pinchar a Mahoma sin reparos: de pronto, un enviado.de no sé dónde, se queja de que ofendo con mis versos a la Sublime Puerta, a Persia, a una parte de la península de la India, a todo Egipto, a los reinos de Barca, de Trípoli, de Túnez, de Argel y de Marruecos: y he aquí mi comedia convertida en humo para dar gusto a los príncipes mahometanos, de los que ni uno, a lo que yo sé, sabe leer, y que nos golpean los huesos, cacareando:¡perros cristianos!"
Beaumarchais, extracto del monólogo de Fígaro, en Las bodas de Fígaro, acto V, escena III, 1784.
Catorce de febrero, día de San Valentín de 1989: el Ayatola Jomeini decreta que es obligación de todo musulmán asesinar al autor del libro "Los versos satánicos", el ciudadano británico Salman Rushdie, y a cualquiera que tuviera alguna relación con la publicación y venta de este escrito considerado blasfemo. Unos meses antes de la caída del Muro de Berlín, se vislumbran las sombras de un nuevo totalitarismo. ¿Cómo reaccionó Europa a esta sentencia y cuáles son las consecuencias actuales de su actitud de entonces?
En un capítulo de "Le regain démocratique", titulado "¿Democracia islámica o islamo-terrorismo?" el recientemente fallecido Revel hace un análisis detallado de la situación generada por la famosa fatwa. La sentencia se dirigía no sólo a los musulmanes, sino también a los no islámicos. Ni la Inquisición, que tenía jurisdicción para descubrir a los herejes dentro de la religión cristiana, llegó a caer en esa tentación imperialista o universalista.
1988: Poco antes del asunto Rushdie se había hecho famosa la película "La última tentación de Cristo" de Martin Scorsese, basada en un libro de Nikos Kazantzakis, estimada irreverente por los cristianos. Ni la Iglesia, ni ninguna autoridad política de ningún país de población mayoritariamente cristiana fueron más allá de expresar su disconformidad respecto a esta obra, y condenaron expresamente los actos de violencia que se produjeran en su contra.
Pronto las cancillerías europeas empezaron a resentirse de la molestia del asunto Rushdie. Nadie quiso reconocer en ello una violación manifiesta del Derecho. Eso de llamar desde la jefatura de un Estado al asesinato de un ciudadano de otro es lo que otrora suponía la definición palmaria de un casus belli. Hasta Margaret Thatcher - sí, Thatcher - se creyó obligada a considerar el escrito como "deeply offensive" para el Islam. Bien es verdad que al tiempo que rompía relaciones diplomáticas con Irán. Incluso la Iglesia, en un ánimo solidario con los creyentes digno de mejor empeño, quiso tomar nota a través del "Osservatore romano" de la parte de irreverencia y blasfemia que podía descubrirse en los Versos. Y poco a poco, como suele suceder con más frecuencia de la que se quiere admitir, y en España somos fecundos en ejemplos, la víctima pasó a ser el agresor. Así, un semanario francés tituló "Lo quiera o no, el Sr. Rushdie se ha convertido en el aliado objetivo de Jomeini". Concluye Revel, "con la ayuda de esta vieja noción estalinista, podría demostrarse que los judíos se habían convertido en los aliados objetivos de Hitler".
Siete de abril de 1989: los Estados miembros de la Comunidad Europea, que en un principio habían llamado a sus Embajadores en Teherán, los reenvían a la capital iraní tras conseguir poco más que otorgarles un mes suplementario de vacaciones. La medida infructuosa estaba destinada a hacer presión sobre el régimen teocrático para que renunciara al uso de la violencia, y a la amenaza del uso de la violencia.
La reacción del "pueblo islámico", si la expresión es válida, osciló entre manifestaciones violentas y quemas del libro, y el ataque a centros culturales estatales de los Estados Unidos, con deliberada ceguera acerca de la nula influencia que tienen estos en el libre mecanismo de producción y venta de un libro por parte de una editorial privada,. en Inglaterra.
Veintinueve de marzo de 1989: dos musulmanes moderados, que no habían querido suscribir el llamamiento de Jomeini, fueron asesinados en Bélgica. Se manifiesta a partir de entonces un estatuto de privilegio para las minorías musulmanas en los países occidentales. Así, estas personas que en sus países no tienen poder ni para mandar cantar a un ciego, salían a manifestarse en las calles europeas llegando hasta a proferir amenazas de muerte y a dejarlas por escrito en banderolas y pancartas. Ninguno fue molestado por la Justicia por llamamiento al crimen o por apología del asesinato. Es decir, que lo que no se permite a ningún delincuente en el ámbito del Derecho común se tolera para un grupo en particular. Se reserva para el Islam la legitimidad de castigar el hecho de no creer en él fuera del Derecho común. Se alegó entonces, como ahora, que había que ser comprensivos para evitar contagiar al musulmán moderado. Revel, en cambio, opinaba que "Tales capitulaciones por nuestra parte no pueden resonar a los oídos del Islam más que como victorias, como la demostración de que puede exigir de Occidente que se incline ante su ley, bajo pena de represalias terroristas". Y añade ".habría que llamar al orden (.) a la minoría fanática desde el principio, desde el primer llamamiento al asesinato, de manera que se demostrara a la mayoría reputada apacible que puede contar con la fuerza de la ley. Al demostrarle lo contrario, se la abandona a la intimidación de los fanáticos".
En suma, la debilidad psíquica y la pusilanimidad son totales. Los propios Estados han renunciado a su deber de defensa de los ciudadanos que no delinquen, frente a aquellos que quieren imponer su voluntad por la violencia. Ciertamente existe un derecho al respeto a las creencias del prójimo, pero nunca un derecho a imponer ese respeto por la fuerza.
En realidad sólo había dos opciones posibles según el escritor francés. O bien se replicaba a los musulmanes que en Occidente existe un elemento de la civilización denominado tolerancia que implica que existe un derecho a protestar mediante la palabra, o el Derecho, pero no mediante la violencia, pues de otro modo se sitúan ustedes voluntariamente fuera de este mecanismo y por tanto no nos dejan otra elección que la de impedirles que tiranicen a los no musulmanes, ni a los musulmanes tolerantes. O bien, se declaraba sin ambages que renunciamos a nuestros valores y adoptamos los suyos. Pueden ustedes no sólo practicar su religión, sino liquidar a los que la critican y obligar a convertirse a los indiferentes, ".de hecho, yo mismo voy a convertirme en el próximo cuarto de hora".
No se hizo ni una cosa ni la otra: nos inclinamos frente a la intolerancia, fingiendo que permanecíamos fieles al sistema de valores que la proscribe.
Y este mecanismo de reacción que se ha descrito no puede terminar más que de una manera. "Después de una retirada parcial, de la que espera erróneamente una recompensa, sólo le odian más, porque todavía no les ha dado todo. Y, una vez que les ha entregado todo, ya no pueden manifestarle su agradecimiento puesto que, moralmente, usted ya no existe". Lo que pudo comprobar en sus propias carnes el Sr. Rushdie quien en diciembre de 1990, cansado de esconderse, hizo una abjuración pública y llegó a decir que había vuelto a abrazar el Islam tras una reflexión intelectual. Muerto Jomeini, su sucesor, Ali Jamenei, declaró que la fatwa era irrevocable.
Primavera de 2006: Si lo que precede estas líneas suena horriblemente actual, no se crea que es extraño. Una vez que se hace el surco de un camino, no es tan fácil salirse de él. En la mente de todos está el asunto de las viñetas del Jyllands Posten; es más, este es quizá el más venial de todos. Clifford D. May nos recuerda
el asesinato ritual cometido contra el cineasta Van Gogh en Ámsterdam que iba acompañado de una condena de muerte contra la diputada holandesa guionista de la película "Sumisión" (este es el significado de la palabra Islam) que sirvió de motivo para el crimen. Nos cuenta que, desde entonces, 2 de noviembre de 2004, Ayaan Hirsi Ali vive protegida por el Estado. Recientemente se ha sabido que sus vecinos habían interpuesto una demanda para que fuera desahuciada de su vivienda. El tribunal holandés competente les ha dado la razón sobre la base de que se han violado sus derechos fundamentales por haberles hecho "sentirse inseguros". Esta es precisamente la valentía de Occidente que está buscando el islamismo radical para retirarse vencido.
Hay más. Desde entonces la televisión holandesa ha emitido un reportaje sobre esta señorita de origen somalí titulado "Ayaan la santa", con cierto ánimo sarcástico. Denuncia que consiguió el derecho de asilo mintiendo sobre su verdadero nombre, edad y país de origen. Hechos que, por otra parte, eran ya conocidos. Su amigo, el escritor Leon de Winter, se ha escandalizado por el tono del programa y parece preguntarse si es relevante, por ejemplo, si se le practicó la ablación en casa o en el hospital. No obstante, un miembro de la extrema derecha, entonces ocupado en asuntos de asilo, se ha declarado chocado por las revelaciones, dando a entender que quizá haya que revisar su expediente. Aquí se manifiestan los lazos de familia que existen entre la extrema derecha y el "progresismo", que culminan con el antiamericanismo furibundo que comparten.
¿Es todo? Ni mucho menos.
10 de mayo de 2006: se emite el programa controvertido en periodo de máxima audiencia.
16 de mayo: Se hace pública la decisión de la ministra de Inmigración revocando - no sólo la petición de asilo - sino la nacionalidad holandesa de Hirsi Ali. Se ve obligada a dimitir como diputada y a confirmar su marcha a los Estados Unidos,... exilada. ¡Vivan los valores occidentales y el Estado de Derecho en Europa! La interesada considera la decisión "desproporcionada", no es para menos, y anuncia que recurrirá. Algún incauto declara que en el American Enterprise Institute - para quien trabajará - estará fuera de lugar porque es parte de la "derecha religiosa americana" y que se sentirá "claustrofóbica". ¿Comparado con qué? ¿Con el aire "libre y puro" que respiraba estos días?
Mayo de 2006: George Weigel, en un artículo recogido en los documentos del GEES, "Las dos guerras culturales de Europa" (
www.commentarymagazine.com), sostiene que el relativismo y el multiculturalismo son las dos vertientes que reflejan el debilitamiento moral europeo y su predisposición a renunciar a sí misma por excusas que apenas sirven para ocultar su auténtica razón, el miedo. Pero este miedo lo genera, a su vez, la falta de convicción acerca de su existencia y de los valores que la han hecho posible.
No obstante, si esta debilidad europea disfrazada de relativismo y multiculturalismo, todo ello aderezado de "infinitas ansias de paz" y todo tipo de buenas intenciones, es manifiesta internamente, tiene también su expresión en las relaciones entre Estados. Así, Europa siente cierta repugnancia ante el derecho de injerencia, estimando más aceptable una especie de Derecho internacional formal lleno de administrativismo y burocracia que genere una tupida red de reglamentaciones suficientes para refugiarse en la buena conciencia y la inactividad. Han olvidado que hasta el Antiguo Régimen consagraba un saludable derecho de resistencia a la opresión, que pudo dar lugar más tarde a la protección de los derechos subjetivos en el Derecho administrativo francés. Es más, en España, hemos olvidado la sabia formulación de San Isidoro, siglo VII, según la cual "rex eris si recte facias, si non facias, non eris" fundamento de la legitimidad del poder y de la deposición de las tiranías.
Pero si se vuelve a la oportuna comparación de Norman Podhoretz entre la situación actual y la Guerra Fría, quizá pueda ser oportuno relatar una pequeña historia que llevó al Presidente Truman a formular su famosa doctrina de la resistencia ante los países opresores y del apoyo a las fuerzas internas para derrocarlos. En 1946, uno de los consejeros de la Embajada americana en Moscú, envió un largo telegrama - conocido de hecho como "El telegrama largo" - a su capital. Se llamaba George Kennan. Este señor, que murió el año pasado y llegó a vivir más de cien años, había estudiado la lengua y cultura rusas antes de entrar a trabajar para el Departamento de Estado y había estado ya destinado en Rusia. En su segunda estancia es cuando escribe esta famosa pieza que abrió los ojos a muchos en el Gobierno de Truman. Sostenía que el comunismo soviético no consideraba, como nosotros, que los hechos objetivos acerca de la sociedad deben servir como medida para adoptar una perspectiva y definir la acción. Para los soviéticos, los hechos sociales debían ser utilizados como un cajón de sastre de donde sacar aquellos que convinieran para justificar una "perspectiva preconcebida". Es decir, el uso de datos aislados de las sociedades occidentales para mentir, debilitarnos y eventualmente derrotarnos.
Para Kennan, "Mucho depende de la salud y el vigor de nuestra propia sociedad. El comunismo mundial (denunciaba la enorme relevancia del Comintern como Quinta Columna) es como un parásito maligno que se alimenta sólo de tejido enfermo. (.) Cada medida valerosa e incisiva que sirva para resolver los problemas de nuestras propias sociedades, para mejorar nuestra confianza en nosotros mismos, aumentar nuestra disciplina, moral, y espíritu de comunidad de nuestro pueblo, es una victoria diplomática sobre Moscú que vale mil notas diplomáticas y comunicados conjuntos. Si no podemos abandonar el fatalismo y la indiferencia frente a las deficiencias de nuestra propia sociedad, Moscú se aprovechará de ello". (El subrayado es mío)
Y así lo hace hoy el radicalismo islámico. A la escucha constante de los medios "progresistas" que obran facilitándoles argumentos (un cajón de sastre) y luchando contra las propias sociedades que los hacen posibles, los enemigos de la sociedad abierta saben usarlos magistralmente para su propia conveniencia.
En la reciente y ya famosa
carta que el presidente Ahmadineyad ha enviado al Sr. Bush no hay una sola idea propia; son todas del "progresismo mediático". El propio The Wall Street Journal se ha preguntado si lo ha sacado de la BBC. Aquí está la "alianza de civilizaciones" que el "profesor" Ahmadineyad nos propone:
"El liberalismo y la democracia a la occidental no han sido capaces de ayudar a hacer reales los ideales de la humanidad. Hoy estos dos conceptos han fracasado. Para aquellos con perspicacia es claro que se oyen ya los ruidos de la demolición y caída de la ideología y pensamiento de los sistemas democráticos y liberales.
"Cada vez se ve más gente en todo el mundo acercándose a una luz distinta, al Dios Todopoderoso. ¿No quiere usted unirse a ellos?".
Finales de mayo de 2006: las sociedades europeas necesitan encontrar una réplica digna y adecuada. Pero las naciones europeas están formadas por ciudadanos, por individuos libres, personas que pueden pensar por sí mismas y que son los titulares de la soberanía. Personas que han llegado a este momento de la civilización occidental gracias al asentamiento y confirmación de una serie de valores.
Para Soljenitsyn, para Marías, el valor, la valentía, es el fundamento de todos los demás valores porque sin él, se pierden. Todo dependerá de lo que cada persona tenga el valor de defender. Todo depende, querido lector, del valor que tenga usted.