Ante el ruido que causa Evo Morales, los campesinos y la clase inculta de Bolivia, creen que el hombre es elogiado y aceptado por sus iguales en oficio a nivel internacional. El pueril razonamiento de los simplones es: ¿Vieron cómo lo recibieron en España, Chile y los demás países que visitó? No saben que por ser presidente de un estado, se recibe a cualquiera, con los honores que hacen a su investidura. No a su persona.
Que Evo sea objeto de atención, es porque resulta inédito en la historia política y diplomática modernas, que un individuo que apenas puede hilvanar una frase coherente, lee con dificultad escolar, viaja a entrevistarse con los dignatarios más importantes del mundo vestido con un sweater barato o chaqueta de cuero, y que no conoce de las maneras, costumbres, ni el lenguaje utilizado en el ambiente internacional, haya llegado a la presidencia de una nación.
Es más la afición al teatro que sus invisibles dotes, la que hace a Morales notoriamente llamativo. Cualquier presidente del pasado hizo mejor papel que él. Si lo reciben cordialmente no quiere decir que lo quieran. Donde estuvo, los comentarios sobre su persona han sido abochornantes.
En España se limpió la mano sudada en la chompa antes de estrechar la del rey. En China alabó a Mao, conversando con Hu Jintao. En Chile se hizo mandar al cuerno por Uribe cuando le incitó a romper el TLC con los Estados Unidos. Con Bachelet creyó que porque lo recibió de manera afable ya traía el mar en el bolsillo. En Argentina se plegó a los manifestantes contra el ALCA en vez de mantener una postura digna. Donde Evo fue hizo todo al revés, por eso apareció en los medios informativos. Asunto que toca sale mal, y para eludir responsabilidades culpa a otros o intenta ocultar sus falencias con declaraciones caprichosas e inconexas.
Si España lo acogió es porque sus inversiones en Bolivia están en riesgo de ser expropiadas y Rodríguez Zapatero aplaude su línea. Más bien es uno de los que la delinea. Le envió asesores para su campaña electoral y estructurar el flamante gobierno populista. Chile lo invitó por mera cortesía al igual que a sus otros vecinos, como sugiere el protocolo. China está interesada en explotar el hierro de El Mutún, una de las reservas más grandes del mundo. Kirchner no es muy diferente a Evo, sólo que es más cuidadoso en sus declaraciones, es blanco, terminó la secundaria y usa corbata. Brasil es el que mayores negocios tiene en el país vecino. Es dueña de sus refinerías petroleras y alrededor del 40 por ciento de la economía boliviana depende de la brasilera. Sin embargo, apenas Evo tomó el poder, Lula y Petrobrás decidieron cortar toda inversión futura en Bolivia, por cinco años, hasta que Morales concluya su mandato. Con la sorpresiva y autoritaria nacionalización de los hidrocarburos, la situación se tornará tensa. Sao Paulo depende del gas boliviano y las consecuencias son impredecibles. Los demás convidantes son sus aliados e impulsores, empeñados en imponer el neoproteccionismo nacionalista, introducir el Islam y profundizar el antiamericanismo en Latinoamérica.
La ironía de este espectáculo más trágico que cómico, es que Evo ha puesto a Bolivia en primera plana por ser el personaje más rústico y grosero que existe en función de gobierno. El presidente indígena es tentador bocado para los medios, que entre atónitos y preocupados, atisban expectantes a la espera de su próxima afirmación infundada, insulto desafiante, decisión arbitraria o magistral metida de pata.
Evo es famoso pero no por razones que puedan enorgullecer a los bolivianos. Más bien todo lo contrario. Hasta el momento lo único que siente el pueblo instruido es vergüenza. Cuando a Morales lo inviten no solamente por motivos protocolares o apetitos económicos, sino por sus conocimientos, calidad humana, capacidad política o administrativa, entonces sus admiradores podrán andar con la cerviz erguida.