Hace poco de más de un mes que asistimos a otro capítulo tremendo de la desesperación de miles de africanos tratando de alcanzar las Islas Canarias, primera puerta del Estado del Bienestar del que tanto han escuchado hablar.
Un mes después, el Gobierno español se ha limitado a sacar del baúl de los recuerdos el acuerdo de repatriación firmado por la Administración Aznar en 2003, para proceder a una serie de repatriaciones a Mauritania, enviar a la Vicepresidenta del Gobierno a hacerse la foto a Canarias y una delegación a Mauritania, con algún político europeo, y poco más.
Zapatero tomó aire, capeó el temporal como pudo y a otra cosa, como es su política de disgregación de España, a la que asiste desde su escaño, una vez que la Vicepresidenta da la cara.
¿Cómo es posible que el Presidente sonría tranquilamente desde su lugar en el Parlamento con la que está cayendo en las Islas Afortunadas?
Suponemos que todo entra dentro de un plan de un hombre que aparentemente está tocado por la buena suerte. Nada importan los informes que llegan a Interior con las miles de vidas que se quedan en el camino.
La Ley de Extranjería puesta en marcha por su ministro Caldera, podrá con todo, al fin y al cabo, piensa que acabará obteniendo la mayoría que le hace falta con los millones de inmigrantes que ya están empadronados en España.
Y una vez que tiene los papeles, ¿qué?, nada, ya saldremos por donde sea cuando el problema se vuelva a plantear.
Esta legislatura está resultando ser de infarto.
La Sociedad Civil da un paso al frente
Una vez que la tragedia ha pasado y ocurre otra noticia de aparente mayor calado con la que abrir el Telediario, queda la cotidianeidad, que se diluye como un azucarillo en la vorágine del día a día.
Hemos sabido días atrás que el procedimiento para “acabar” con el problema que se genera en Canarias ante la avalancha de inmigrantes es montarlos en un avión destino a Madrid, darles cobijo en un centro de acogida y ponerlos en la calle a los 40 días porque hay que dejar sitio para los siguientes.
Precisamente esta puede ser una de las explicaciones que otorgan confianza a los inmigrantes para seguir intentándolo una y otra vez. Da que pensar la convicción con la que muchos de ellos afirman que volverán intentarlo. Es claro que las mafias los mantienen muy bien informados. Y más cuando no tienen nada que perder. Desde estas páginas se denuncia una y otra vez la pasividad de los gobiernos europeos, o cuanto menos, su lentitud para tomar las riendas, firme y progresivamente, sobre el asunto de la cooperación al desarrollo del continente africano. Este vacío es, sin duda, muy propicio para que esta situación se demore más en el tiempo.
Pero retomando el tema, el periplo de estos ciudadanos es que una vez en Madrid, el problema deja de ser Estatal para ser de la Comunidad, que es quien tiene la responsabilidad de que estas personas acaben integradas y reciban los servicios mínimos para que sean tratados con humanidad. El gobierno ha respondido y dado la cara ante los canarios: “como no tienen sitio, nos los llevamos a la península, que allí tenemos más medios”. Asunto resuelto.
Se ha criticado desde la oposición madrileña el aparente oportunismo de la reciente creación de la Consejería de Inmigración de la Comunidad de Madrid. Lo cierto es que esta Consejería está dando respuesta a esta pobre gente que no sabe qué hacer deambulando por la ciudad. Esta labor es sin duda un tema de sumo interés para entregas venideras.
Pero a juicio de quien esto escribe, es la sociedad civil quien realmente está haciendo un verdadero esfuerzo para integrar a estas personas. De otro modo, no se entendería los relativos pocos conflictos que ocurren en nuestras ciudades- relativos en relación a la ingente cantidad de inmigrantes que llegan todos los días y que son abandonados a su suerte- .
Innumerables y anónimas ONGs, asociaciones de vecinos, asociaciones de padres y alumnos, asociaciones de mujeres, parroquias, centros culturales de distrito, son algunos ejemplos de cómo la ciudadanía es la que verdaderamente está empujando a nuestros políticos locales a tomar medidas y a apoyar la integración de estos colectivos en nuestro engranaje social.
Estos colectivos sociales son los que están haciendo el trabajo duro al Gobierno: la mayoría de estas agrupaciones se ocupan de guiarles, de proporcionarles un trabajo y facilitarles la búsqueda de vivienda. El colectivo de empleadas del hogar es quizá el más sobresaliente para poner como ejemplo.
A través de una familia española que da trabajo una mujer extranjera, se van estrechando lazos humanos que llevan a estas familias a proporcionarles papeles, trabajo para sus maridos, colegios para los niños…y así sucesivamente.
Los inmigrantes, a punto para votar
Estos nuevos vecinos a los que nos vamos acostumbrando poco a poco son, a su vez, bastante proclives a formar sus propias asociaciones, que poco a poco, les van otorgando un sentimiento de grupo, donde tiene oportunidad de pensar sobre sus derechos y deberes, como es lógico.
Es, ante esta realidad, ante la que actúa el Gobierno. Una vez que estos inmigrantes están formados, tienen una vida más o menos resuelta, aunque sea sin papeles en muchos casos, pero con un medio de vida, están listos para obtener absoluta carta de ciudadanía, que viene a través de la oportunidad de votar, derecho perfectamente legítimo, puesto que ellos también contribuyen al engranaje de nuestra economía y al florecimiento de una sociedad diversa y heterogénea. Nada que objetar a esto.
Lo que se viene a denunciar en estas líneas, es la artera estrategia de la motivación de los últimos legisladores del equipo Caldera, a la hora de actuar con excesiva manga ancha cuando se aprobó una ley que ya estamos hartos de señalar como nefasta, con datos demostrables en la mano, y por otro lado, lamentablemente previsible.
Nada de esto parece alterar la beatífica sonrisa de nuestro Presidente. Lo verdaderamente importante es conseguir como sea los dos millones de votos que le permitirían gobernar en solitario. No parece que en ningún momento le pareciera oportuno reflexionar sobre las consecuencias de una permisividad tan infantil. Zapatero se está descubriendo como un verdadero conocedor del engranaje mental de los “todavía españoles”.
Sabía perfectamente que la sociedad civil protesta en principio, al sentirse algo amenazada antes una realidad que se le viene encima y no sabe cómo va a resultar en el medio y largo plazo. Pero al final, la ciudadanía se compromete, es humana y acaba tendiendo la mano a ese nuevo vecino al que ha visto llegar de cualquier manera en una patera con el miedo escrito en sus ojos. El ciudadano de a pie se olvida, afortunadamente y como es lógico, de las estadísticas, del nocivo efecto llamada, de la sobre dimensión de nuestra sociedad en tiempo récord, en el desbordamiento de nuestro sistema de salud y educativo. Nada de eso importa cuando uno se topa con la realidad del nuevo vecino. Y Zapatero sabe jugar muy bien con eso.
El ciudadano ha entrado ya en ese juego. El ciudadano está cooperando al cien por cien para que estos nuevos inmigrantes se sientan arropados a los 40 días de estar en la calle sin horizonte. La prueba es que una ciudad como Madrid, registra, como se comentaba al comienzo de esta exposición, un relativo bajo índice de conflictos, si se compara con las dimensiones de gran urbe que tiene.
Estrategia finamente hilada
Si algo está quedando meridianamente claro a los 2 años de legislatura, es que el interés número uno de nuestro Presidente es conseguir los apoyos suficientes para perpetuarse en el poder.
Un hombre que se considera a sí mismo tocado por la varita mágica del destino, cuyo cometido es terminar la obra inconclusa de la II República, precisa de todos los apoyos posibles para su total ejecución, ya sean nacionalistas, inmigrantes…lo que sea con tal de gobernar el máximo de tiempo posible. No olvidemos que ha perdido 75 años.
Ha quedado claro que no le ha temblado la mano a la hora de plegarse a los requerimientos más caprichosos de los nacionalistas, primero los catalanes y luego los vascos, a los que seguirán, una por una, cada Comunidad Autónoma de la todavía España, guiadas, en algunos casos sonados, por unos políticos de medio pelo con ilimitadas ansias de poder, que asienten desde su escaño, después de que han pregonado a los cuatro vientos su desacuerdo.
No hay que olvidar que en su día, no tuvo reparos en ofrecer la creación del Pacto para las Libertades y contra el Terrorismo, mientras negociaba en secreto con los violentos.
Tampoco le toma más de dos minutos de reflexión la puesta en marcha de políticas irresponsables, si con ello se obtienen votos. Un ejemplo clarísimo es el que nos ocupa. Muchos inmigrantes estarán eternamente agradecidos a una Administración que les abrió la puerta a la deseada Europa, por donde, además, se podrán mover con total libertad de acción.
Atrás quedarán las explicaciones de todas esas asociaciones y movimientos cuando vengan a reconvenirles de que cuando llegaron a España, el Gobierno no solo no les garantizaba nada, sino que a los 40 días estarían deambulando por la calle.
Muchos de ellos no habrán tenido tiempo de distinguir si la ayuda viene del gobierno local, como por ejemplo, el caso de Madrid, que es la Comunidad que más inmigrantes recibe, o del central. En su mente, un Presidente que les acoge con una gran sonrisa, que los monta en un avión- y les rescata de la incómoda patera y de los peligros del mar- para depositarlos en la capital, corazón económico y social del país que les da papeles a discreción y donde la ciudadanía es la que les integra con su labor humana y cotidiana.
Estamos cada vez más convencidos de que ZP prepara sus campañas electorales con años de antelación. Ejemplos no nos faltan.