La democracia representativa incluye la aceptación de conceptos que no existen en otras también llamadas democracias. Alemania Oriental se decía República Democrática y era comunista. Lo mismo sucede con decenas de países totalitarios que utilizan el calificativo para disimular su condición. Ninguna democracia es garantía en sí misma de libertad o justicia. De evolucionadas democracias surgieron algunas de las peores tiranías.
Cuando el poder político y económico está en las mismas manos no existe libertad. Los gobiernos denominados populares son totalitarismos y alguien elegido democráticamente no es necesariamente un demócrata. El absurdo concepto que sustentan algunos de creer que cualquiera que ha sido elegido democráticamente se convierte en un interlocutor válido, está equivocado y es peligroso para la paz, la estabilidad y la seguridad. Hitler es el clásico ejemplo del tirano elegido por el pueblo.
Democracia no es sólo un proceso electoral. El acto eleccionario no es más que una votación equitativa por un candidato. No implica que el vencedor de la contienda sea equilibrado. Chávez, Morales, Hamas, Ahmadinejad, no son demócratas por más legal que haya sido su elección. Las familias mafiosas elegían democráticamente a su jefe, más eso no lo purificaba moralmente. El Padrino seguía siendo un criminal pero con apoyo. Que Hamas haya llegado al poder a través de las urnas no lo hace demócrata ni aceptable. Sigue siendo un partido de extremistas y las elecciones no cambian su intolerante fundamentalismo ni su temperamento terrorista. La votación democrática no hace honestas, inofensivas, compasivas, sabias, ni moderadas a las personas. La gente es lo que es.
Hubo tenebrosos tiranos elegidos democráticamente y hubo gobernantes de facto que dieron libertad y bienestar a sus súbditos. Jeane Kirkpatrick en su libro Dictatorships and Double Standards: Rationalism and Reason in Politics, (1982) - en español: Dictadura y Contradicción-, estudió profundamente el tema cuando gobernaban los militares en Latinoamérica. Comparando a los regímenes totalitarios con los autoritarios, dijo en lo que viene a ser un breve y parcial resumen de su análisis: “Los autoritarios no tienen control total sobre sus economías, habitualmente tienen una economía tradicional donde se respeta la propiedad privada, mientras que en los regímenes totalitarios el estado comanda la economía totalmente”.
Después de ejercer el cargo de Embajadora de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, Kirkpatrick expresó: “Cuando veo el comportamiento de las naciones en la ONU (incluido el nuestro), no encuentro ningún terreno razonable para esperar que alguno de esos gobiernos trascienda de forma permanente sus intereses nacionales por los de otro país”. “Concluyo que es un error fundamental creer que la salvación, justicia o virtud, provienen meramente de las instituciones humanas”. “La democracia no sólo requiere de igualdad sino también de la imbatible convicción en el valor que tiene cada individuo que es tu igual. La entrecruzada experiencia cultural nos enseña, no simplemente que las personas tienen diferentes creencias pero que la gente busca el sentido y se entiende a sí misma - de alguna forma - como miembros de un cosmos regido por Dios”.
Los elevados principios de la civilización occidental que hacen a la democracia representativa, sólo pueden ser aprehendidos y practicados por personas que tienen una visión y sentido de la vida semejante. La actual política exterior estadounidense de dar prioridad a la democracia sobre todo lo demás, en principio es correcta porque considera que esta conducirá a la estabilidad y libertad, pero para eso hay que establecer nuevos parámetros de conducta, de forma que los falsos demócratas no usen del sistema para destruir el sistema. No puede haber verdadera democracia sin libertad económica ni propiedad privada. Y ahora aparecen en Latinoamérica socialismos tradicionales nacidos del voto democrático, indicando claramente que buscan terminar en dictaduras totalitarias. ¿Hay que esperar a que se deterioren solas? Lamentablemente sí. Lo que el pueblo eligió tendrá que respetarse, a menos que los gobernantes violen las leyes, las libertades individuales o los derechos humanos.