Uno:
"En 2005, tanto la "guerra contra el terrorismo" de los Estados Unidos, como la guerra de Irak, estaban embarulladas en la misma lógica tortuosa que en el momento de su concepción. Después de redefinir la misión en Irak de encontrar armas de destrucción masiva, a construir la democracia, a eliminar a los terroristas, a capacitar a los iraquíes para que puedan luchar por sí mismos - y no decir seriamente ninguna de estas cosas - el Gobierno de Bush argumentaba que retirarse sería tanto como admitir una derrota. Pero, ¿a qué se parecería una victoria?";
Y dos:
"Como preguntaba recientemente un editorial del Wall Street Journal "¿Hay alguien por ahí que tenga una mejor idea que la política del Gobierno de Bush de promoción por todo lo alto de la democracia en el mundo árabe e islámico como medida de lucha contra el terrorismo?" Pues vaya, sí, hay alguien. Esa mejor idea consiste en separar la lucha contra el islamismo radical de la promoción de la democracia en Oriente Próximo, centrándonos en lo primero, y cambiando dramáticamente nuestro tono y tácticas en el frente de la promoción de la democracia, al menos por ahora".
¿Dos críticas más a la actitud americana frente al terrorismo? Ni sólo dos, ni dos cualquiera.
Como
ha recordado con acierto Victor Davis Hanson, son legión los que, habiendo transitado por las filas de la firmeza frente al terrorismo, van pasando a pensar otra cosa. Cierto es que la responsabilidad intelectual obliga en ocasiones a rectificar o matizar, y bien está que así sea. No obstante, conviene acercarse un poco más a ver en qué consisten las menciones que se han entresacado como representativas de esta nueva circunstancia.
La primera es el párrafo inicial del artículo, "La lógica del "proceso de paz"", del 23 de febrero de 2006, de Angelo M. Codevilla, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Boston y figura destacada del neoconservadurismo (
www.claremont.org). La segunda es el principio de una opinión publicada en
The Wall Street Journal (
www.wsj.com), del 27 de marzo de 2006, firmada por el conocido Francis Fukuyama, y por Adam Garfinkle,(
www.the-american-interest.com) titulada "Una idea mejor". Son los ejemplos de una crítica por exceso, y otra, por defecto.
Véase primero el exceso. Considera el Sr. Fukuyama, mundialmente famoso tras su reputado ensayo sobre el fin de la historia, que los Estados Unidos se han convertido en un "silo vertical", que ha dejado de lado la "responsabilidad (o control) horizontal" y que debe reorientarse hacia un "multi-multi-lateralismo". ¡Vaya por Dios, a quién se le habría ocurrido! O sea, de manera menos críptica: el hilo conductor es que la crítica genérica sobre el unilateralismo y el despecho hacia la "comunidad internacional" debe aceptarse, pero solo un poquito. Fukuyama quiere además y sobre todo, que no se junten promoción de la democracia con prevención del terrorismo. Opina, y esto no deja de ser peculiar en un país en donde la Guerra de Secesión hizo cientos de miles de muertos, que "de la misma manera que fue posible estigmatizar y eventualmente eliminar la esclavitud de las normas globales principales sin tener que esperar primero al advenimiento en masa de la democracia liberal, debería ser posible estigmatizar efectivamente al terrorismo jihadista sin tener que engendrar democracias desde Marruecos a Bangladesh".
Critica luego la manera en que se promueve la democracia en Oriente Medio y hace hincapié en que debe presionarse para que "los nuevos grupos que han llegado al poder gobiernen responsablemente", sin que nada de esto sea interpretado como "un medio principal para luchar contra el terrorismo". Considera que el exceso en la guerra contra el terrorismo resulta contra-productivo en el frente de promoción de la democracia, generando en cambio, posiciones cada vez más intransigentes y dañando a las "oposiciones" democráticas en Siria o Irán al identificarse demasiado el apoyo americano. Propone acercarse en cambio a los "moderados" y promoverlos indirectamente mediante otras asociaciones que no sean el propio Gobierno de los Estados Unidos. Quizá haya más explicaciones en su nuevo libro "América en la encrucijada: la democracia, el poder y el legado neoconservador".
En todo caso, esta es la posición que han adoptado quienes creen que la "guerra contra el terrorismo" ha ido demasiado lejos y que es menester moderarla, sin especificar mucho más.
Más interés tiene la crítica por defecto a cargo de Codevilla. Para poner en antecedentes, este autor tiene a su favor el haber estado siempre en la misma posición, sucintamente resumida en su artículo titulado "¿Por fin la guerra?" de 5 de diciembre de 2002. Sostiene que hay que acabar con los regímenes que promueven el terrorismo mediante la guerra, ultima ratio, que resultaría aquí de aplicación. Significativo es el título de su reciente libro "Sin victoria, no hay paz".
A día de hoy considera que la guerra global contra el terrorismo se hizo con la mentalidad prevalente en el Departamento de Estado y la CIA, de buscar un "proceso de paz". Estima que se mostró debilidad con Siria, confianza implícita con Arabia Saudí, miedo de Irán y autoengaño respecto a la Autoridad Palestina.
En cuanto a la evolución concreta de los acontecimientos en Irak, opina que los Estados Unidos trataron de medrar demasiado intentando orientar el modo en que debía ser gobernado. Cree que se cometió un error al considerar que el régimen de Sadam no era más que 55 personajes en una baraja, y que el Gobierno de Bush aprendió tarde y de mala manera que el conjunto de los sunnitas constituían el respaldo del régimen baazista, con su 20% de la población. Pero en lugar de hacerles la guerra, no solamente se evitó, sino que se dedicó a impedir que chiítas y kurdos se la hicieran, llegando, en aras de la participación de todos, a promover que los sunnitas se integraran en la política y el ejército iraquí.
"Resumiendo, el equipo de Bush buscó un 'proceso de paz' en donde los defensores no destruyen a sus atacantes, sino que en lugar de esto les otorgan poderes, a cambio de la promesa de los atacantes de negociar. Por desgracia, los atacantes vuelven a vender esta promesa, una y otra vez, a precios cada vez más altos".
Dice que a pesar de resultados decepcionantes, para la gente de Bush, en los comicios en donde la representación era mayoritariamente chiíta y kurda, se continuó en esa línea tratando de buscar un Irak no dividido. Para Codevilla, un Irak en donde hubiera que ir aceptando las exigencias de la minoría denominada insurgente. "Así, a finales de 2005 la estrategia de la mayoría política iraquí se reducía a intentar sobrevivir el medro americano hasta que el Gobierno permanente, que se debe formar en 2006, pudiera pedir su fin".
Según Codevilla no se puede evitar que los sunnitas baazistas quieran recuperar el poder, ni se puede negar que estuvieran en perpetua hostilidad con chiítas y kurdos. Así que "la mejor manera de persuadir a los sunnitas que fueran buenos, era armar a los chiítas y a los kurdos, y dejar que la naturaleza hiciera el resto".
La emprende a continuación con las excesivas contemplaciones con los demás regímenes promotores de terrorismo: Siria, Irán y especialmente Arabia Saudí. Acusa a los Estados Unidos de tolerar la promoción del wahabismo, considerada la peor de las sectas islámicas, gracias a los millones en petróleo de los saudíes (sobre esto, más en "
Petróleo y jihad").
Considera, para terminar, que el pionero de los "procesos de paz" fue el Presidente Clinton con la Autoridad Nacional Palestina de Arafat - sobre la base de los consejos del Departamento de Estado y la CIA - y que desde entonces se ha seguido este modelo con el resto de los regímenes terroristas. "La política de los Estados Unidos no ha sido hacerle la guerra a las fuentes del terrorismo, sino más bien 'procesos de paz' o de 'implicación' con gente e instituciones que, si se les daban suficientes incentivos, proporcionarían ostensiblemente la paz, sin que tuviésemos que hacer la guerra". Concluye diciendo que "Es engañarse a sí mismo el suponer que aquellos que representan a la causa enemiga políticamente son algo distinto al objetivo mismo de nuestra guerra".
Por supuesto, la postura de Codevilla ha sido contestada desde el principio por otros varios autores, especialmente por Norman Podhoretz; pero es cierto que admitiendo muchos elementos como válidos.
Sea de ello lo que fuere, puede concluirse lo siguiente.
Uno: los americanos han desarollado un debate intelectual, que sigue en curso, sobre qué debe hacerse frente al terrorismo. No es para menos cuando se trata de enviar a morir a muchachos y muchachas de dieciocho años, o de treinta y tres,...o de cincuenta. No han sucumbido ni a la histeria, ni a la simpleza, ni a la cobardía, ni a la demagogia;
Dos: después de todo lo que ha caído va a resultar que Bush es centrista. Ni Fukuyama, ni Codevilla, sino que más bien Podhoretz;
Y tres: una cosa es segura, vengan encrucijadas y vayan "procesos de paz", pero aquí como allá, sin victoria, no hay paz.