“Al estudiar el nacimiento de las ideas, o al menos sus metamorfosis; al seguirlas a lo largo de su camino en sus débiles inicios, en la manera que tienen de afirmarse y hacerse fuertes, en su progreso, en sus victorias sucesivas y en su triunfo final, se llega a esta convicción profunda, que son las fuerzas intelectuales y morales, no las fuerzas materiales, las que dirigen y mandan en la vida.” Paul Hazard
“No hay nada más curioso cómo comprobar que al hombre de la calle lo rige la idea de algún economista difunto” John Maynard Keynes
Ahora que se cumple el tercer aniversario de la operación “Libertad Iraquí” puede recordarse que hace no mucho tiempo, se forjó una curiosa teoría conspiratoria para explicar la acción de los americanos y sus aliados. Según ella, un grupo de “iluminados” que habían manifestado anteriormente su animadversión por el régimen de Sadam, la mayoría de origen judío, unidos a los intereses de unas cuantas multinacionales, principalmente petrolíferas, habían logrado convencer al pobre simple de George W. Bush para lanzar un ataque contra Irak y lograr algún beneficio económico en el segundo caso, y no se sabe muy bien qué en el primero. Esta simplista explicación, que gozaba precisamente de adeptos por su escasa sofisticación más propia del argumento de una película de serie B que de un análisis de política internacional, fue extendiéndose por todos los medios de comunicación del planeta y llegando a la siguiente conclusión: “Bush es tonto y le dirigen una cábala de neoconservadores”. Esta cosa de los necoconservadores se convirtió en una auténtica obsesión. Dejaron pronto de contar las amenazas que un régimen como el de Sadam podía suponer para Occidente, y la simple mención de una palabra servía como término omnicomprensivo de descalificación absoluta tanto del presidente Bush, como de sus acciones bélicas. Pero, ¿quiénes son realmente los neoconservadores? ¿Qué es exactamente el neoconservadurismo? ¿Es Bush tan bobo y tan estúpida esta corriente de pensamiento político?
Debe decirse para empezar que en Estados Unidos no existe exactamente lo que entre europeos llamamos filosofía. La mayor parte de lo que en Estados Unidos pasa por filosofía es realmente pensamiento político; de ahí que las mejores mentes teóricas de aquél lado del Atlántico se dediquen sobre todo, aunque no exclusivamente, a escudriñar a Tocqueville y no a releer a Santo Tomás, Descartes o Kant. En todo caso, como ha dicho Jean François Revel “las preguntas, cómo he de comportarme, y cómo ha de regirse la ciudad, son algo intrínsecamente ligado”. Vaya por delante, pues, que lo que se va a exponer aquí es la aventura de un ejercicio intelectual, que no tiene una sola aplicación práctica sino muchas. Y no se olvide tampoco que pocos pueblos hay como el americano que puedan repetir con tanta firmeza como Leonardo que “La teoría es el capitán, y la práctica son los soldados”. O si se prefiere, la vieja convicción aristotélica de que la práctica siempre es la práctica de una teoría.
Para hablar de neoconservadores, hay que hablar primero de una persona: Norman Podhoretz. Este judío nacido y criado en Brooklyn – en donde, como en Teruel, el que no se defiende está perdido -, ha estado vinculado durante toda su vida, que ya supera los setenta años, a la reconocida revista “Commentary”. Es curioso comprobar como se trata del mismo nombre, “Commentaire” que tiene la revista liberal francesa fundada por Raymond Aron, en la que escribe Jean François Revel, por ejemplo. El recorrido del pensamiento político de esta revista editada por el “American Jewish Comité” es ciertamente esclarecedor. Salido de la izquierda radical y propugnando un cambio de la sociedad americana – sus iniciales colaboradores contaban a Susan Sontag y Norman Mailer - se encontró pronto con los sucesos de Berkeley, precursores del Mayo del 68. Podhoretz, al ver el extraño resultado que parecían ir tomando las ideas que adelantaba, pareció expresar algo así como el “No es esto, no es esto” que exclamara en no menos señalada ocasión nuestro Ortega. No parece que hubiera sin embargo, caída del caballo, como le sucedió a ese hebreo helenizado que fue luego San Pablo, sino que Podhoretz fue transitando paulatinamente hacia otras ideas. Y resulta, que el germinar de esas nuevas ideas, iba a transformar profundamente las vigencias americanas.
En los años 70 parecía que se había apoderado de los Estados Unidos la convicción de que la grandeza no merecía la pena, y que había que conformarse con el papel de un país potente, sí, pero no hegemónico, ni de liderazgo. Esa es exactamente la significación del presidente Carter. Esa es la significación de aquella América en la que el presidente Ford no se atreve a recibir en la Casa Blanca al disidente Solzhenitsyn, a pesar de las críticas del que sería luego presidente Reagan ante esta actitud. Sin embargo, se produce un hecho que quizá marque la frontera entre la vigencia de las antiguas ideas, y la emergencia de las nuevas. El secuestro por parte del Ayatola Jomeini – al parecer con un personaje hoy muy conocido al frente de los secuestradores – de la legación diplomática americana en Teherán. La humillación de los 444 días de secuestro, parecen indicar el fin de una era. El mismo día de la inauguración del presidente Reagan, hace hoy casi exactamente 25 años, son liberados los rehenes.
Entretanto, Podhoretz había ido aquilatando su patriotismo americano y había ido llegando a la convicción de que los Estados Unidos son una especie de “Atenas del siglo V a.C.” en donde existe un alto grado de libertad y prosperidad que obliga a defenderlos responsablemente. El cristiano Reagan, lo decía de otra manera repitiendo incansablemente en sus discursos la figura de la “shining city on a hill” procedente del Sermón de la Montaña. “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad que está puesta sobre un monte no se puede esconder. Ni encienden una antorcha y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa”, en la formulación del Evangelio de San Mateo. No se sabe qué fue primero, si las ideas que iban generando estos “neo” conservadores, o la propia presión del pueblo americano y sus valores tradicionales; el caso es que, las nuevas vigencias ya habían llegado.
Estos “nuevos” conservadores, aparecidos bajo la protección teórica de Podhoretz y bajo el impulso práctico de la América de Reagan, eran “neos” en dos sentidos: porque procedían de la izquierda, y porque aportaron muchas novedades al conservadurismo americano, anclado hasta entonces en exceso en intereses particulares y no de todo el pueblo. Andando el tiempo, los representantes de esta nueva corriente ocupan puestos de relevancia no sólo en el mundo académico, sino en el propio Gobierno de Reagan.
Estas son las campanas que hacia el año 2003, mal que bien, había oído la prensa generalista occidental, y las reinterpretaba a su manera.
En el año 2004, en el calor de la segunda campaña presidencial del Sr. Bush, la revista “Commentary” publica un largo ensayo de Norman Podhoretz titulado “La IV Guerra Mundial: cómo empezó, qué significa, y por qué tenemos que ganar”. Tras hacer un repaso de la falta de firmeza de las políticas antiterroristas de todos los presidentes americanos, Reagan incluido, el neoconservador hace una larga explicación de lo que denomina la Doctrina Bush que tendría cuatro pilares: (I) repudiar el relativismo moral y afirmar la existencia de un juicio moral que pueda regir en las relaciones internacionales, (II) las dictaduras y la opresión son caldo de cultivo y protección al terrorismo, (III) existe un derecho a la legítima defensa a través de la prevención incluyendo el ataque preventivo, (IVhay que apelar a la fortaleza y al carácter expansivo de la democracia liberal para poder vencer esta amenaza, incluyendo la defensa de un Estado palestino que no sea terrorista. Por todo ello, estamos en el contexto de la IV Guerra Mundial – pues sostiene que es más apropiado considerar a la Guerra Fría la III Guerra Mundial – y es menester fijarse en el pasado para saber cómo vencerla. ¿Cuál es este pasado comparable que puede servirnos de orientación? Podhoretz sostiene que el periodo comparable se extiende desde 1947 a 1952, y va desde la formulación de la Doctrina Truman, hasta su continuación por el republicano Eisenhower. Y es que en el pasado, el Demócrata y progresista Truman, que era masón, y granjero, fue quien puso las bases para resistir al expansionismo soviético, alejándose tanto de los excesos del mcarthysmo como de la tentación del apaciguamiento. Y mantenerse firme en la Guerra de Corea le valió encuestas menos favorables que las que hoy tiene George Bush . Sin embargo, hoy Corea del Sur nos vende todo tipo de aparatos electrónicos y vive en democracia; mientras que su vecino del Norte forma parte del “Eje del Mal” y sus habitantes mueren de hambre. Sin embargo, hoy el comunismo es una pesadilla del pasado; mientras que la democracia liberal aparece como la única forma legítima de ejercicio del poder. Este hombre peculiar bajo cuyo mandato surgió el Estado de Israel, la OTAN, la ONU, la mayoría del resto de las instituciones internacionales, el Plan Marshall, etc… puso las bases para la victoria en la III Guerra Mundial. ¿Y quién era? Un progresista, masón, granjero y cristiano. Pero por encima de todo, parece que le hacía caso a su madre, a la que estaba muy unido: “Intenta distinguir entre lo bueno y lo malo y luego, intenta hacer lo bueno. Haz las cosas lo mejor posible. Y eso es todo”.
Hoy, el neoconservador Podhoretz, dice que estamos en una fase similar a la que entonces se encontró Truman, que formuló su Doctrina de que hay que ayudar a los países sometidos a liberarse, fundándose en los valores tradicionales de América. Hoy, cuando parece que nada termina del todo bien, resurge la violencia, las organizaciones terroristas gozan de comprensión, el apaciguamiento es una teoría más vigente que nunca, ¿en qué valores creeremos? Esa cosa tan insignificante, tan intangible como es una idea o un valor, ¿de qué sirve? Gracias a Truman, y a tantos otros, no venció el materialismo soviético. En el fondo, son esas fuerzas morales y espirituales las que rigen la vida; no las materiales. Y es que al final, nosotros, los hombres normales, nos encontramos pensando lo que dijo un famoso economista, o lo que escribió ayer un “neoconservador”.