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Ilán Halimi e Israel
Colaboraciones nº 834   |  10 de Marzo de 2006
 
El bárbaro crimen de Ilán Halimi en Francia debería despertar a todos los judíos ante la verdad más significativa de nuestros tiempos: hoy, todo judío del mundo se encuentra en primera línea de guerra.
 
Igual que era el caso hace 70 años, todo judío hoy es objetivo de nuestros enemigos, que pregonan desde cada púlpito y demuestran a cada oportunidad que su objetivo es la aniquilación del pueblo judío. Desde 1933 a 1945, el enemigo fue la Alemania Nazi. Hoy, el enemigo es el islam político. Su llamamiento a la jihad encaminada a aniquilar a los judíos y dominar el mundo es respondido por millones de personas en todo el mundo.
 
Entre las lecciones de Holocausto, hay una que casi nunca se menciona. Es la lección de que es posible, y en la práctica bastante fácil, exterminar a los judíos. El hecho de que el Holocausto tuviera lugar demuestra que es absolutamente posible que el pueblo judío sea borrado del mapa -- igual que prometen el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad y el líder de Hamas Jalid Mashal.
 
La noticia del crimen de Ilán Halimi a manos de una pandilla terrorista de musulmanes franceses descubre las diversas patologías que convergen hoy para hacer plausible a nuestros enemigos la liquidación de todos los judíos. En primer lugar, está que los asesinos se dieran tan aparente placer y sintieran tal orgullo por el hecho de que durante veinte días torturasen hasta la muerte a su rehén judío.
 
Esto tiene sentido. El antisemitismo en los suburbios de París de dominación musulmana y en otras ciudades francesas lo abarca todo. Como relataba Nidra Poller en el Wall Street Journal del jueves, "Uno de los aspectos más problemáticos de este caso es la probable implicación de familiares y vecinos más allá del círculo inmediato de la banda de secuestradores, a los que se habló del rehén judío, y que se dejaron caer de visita para participar en la tortura".
 
Parece que los asesinos de Ilán Halimi tenían alguna conexión con Hamas. El martes, el Ministro francés del Interior Nicolas Sarkozy afirmaba que la policía descubrió propaganda publicada por el Comité Palestino de Caridad, o CBSP, en la casa de uno de los sospechosos. European Jewish Press informaba esta semana de que Israel ha afirmado que la organización es un grupo fachada para terroristas palestinos, y que en agosto del 2003 el gobierno norteamericano congeló las cuentas bancarias de la organización en Estados Unidos, acusándola de vínculos con Hamas.
La familia de Halimi alega que a lo largo de los veinte días de cautiverio de Ilán, la policía francesa rehusó tomar en cuenta las motivaciones antisemitas de los secuestradores. Los detectives insistieron en ver su secuestro como un caso criminal usual de secuestro a cambio de rescate, que dijeron no implica generalmente ninguna amenaza para la vida del cautivo. La policía mantuvo su rechazo a investigar las motivaciones antisemitas de los secuestradores a pesar del hecho de que en sus correos electrónicos y comunicaciones telefónicas con la familia de Ilán, sus autores aluden repetidamente a su judaísmo, y en al menos una ocasión recitan versos del Corán mientras se escucha a Ilán gritando de agonía de fondo. La familia afirma que si la policía hubiera estado dispuesta a reconocer que Ilán fue secuestrado porque era judío, habrían reconocido que su vida estaba en peligro claro e inmediatamente y habrían actuado con mayor urgencia.
 
Al igual que la policía, el gobierno francés espera una semana entera después de que Ilán fuera encontrado desnudo, con cortes y quemaduras en más del 80% de su cuerpo junto a una estación de tren en el París suburbano, antes de reconocer la naturaleza antisemita del crimen. Según las informaciones de la prensa, el gobierno francés estuvo motivado al menos parcialmente a la hora de censurar el tema del antisemitismo porque temía inflamar las pasiones de los musulmanes franceses, que suponen entre el 10 y el 13% de la población francesa y que suponen un cuarto de la población por debajo de los veinticinco años. Y aún así, ahora que el gobierno francés ha reconocido que el crimen estuvo motivado por el odio a los judíos, se comporta irresponsablemente en la búsqueda de los criminales y en la condena del ataque contra la comunidad judía francesa.
 
Además del antisemitismo exterminacionista de los asesinos de Ilán y la falta de disposición de las autoridades francesas a reconocer la naturaleza antisemita del crimen hasta que fue demasiado tarde, hay un aspecto más del caso que merece mención, que es la reacción de Israel a la atrocidad. En pocas palabras, no ha habido absolutamente ninguna reacción oficial israelí al secuestro, tortura y asesinato de un judío en Francia por una banda terrorista predominantemente musulmana que le secuestró, torturó y asesinó porque era judío.
 
Ningún ministro israelí del gobierno, funcionario o portavoz ha condenado su asesinato. Ningún funcionario israelí ha exigido que las autoridades francesas investiguen porqué la policía rehusó tener en cuenta el antisemitismo durante el cautiverio de Ilán. Ningún funcionario israelí voló a París para participar en el funeral de Ilán o en cualquier otra manifestación o ceremonia de recuerdo en su memoria. La página web del Ministerio de Exteriores no hace mención a su asesinato. La embajada israelí en París - que lleva varios meses sin embajador - públicamente sólo expresaba sus condolencias a la familia Halimi el 23 de febrero, diez días después de que Ilán fuera encontrado. Esto, cuando la comunidad judía francesa considera que el asesinato de Halimi ha sido la mayor calamidad que ha caído sobre ella en los últimos años; cuando las tasas de aliya se incrementaron un 25% el año pasado; y cuando la madre de Ilán ha dicho a los reporteros que su hijo había planeado hacer aliya pronto y solamente se quedaba en Francia con el fin de ahorrar dinero para financiar su mudanza a Israel. Por su parte, como señalaba ayer Michelle Mazel en The Jerusalem Post, la prensa francesa ha observado que los medios israelíes no han dado ninguna prominencia a la cobertura de la noticia. El asesinato de Halimi no ha aparecido en las portadas de los diarios o en la cabecera de las emisiones de radio o televisión.
Aunque deprimente, la ausencia de una respuesta oficial israelí al crimen de Halimi no es tan sorprendente. Hoy, el gobierno interino del Kadima, no elegido democráticamente, al igual que los medios israelíes, está haciendo todo lo que está en su mano para sumir al pueblo israelí en la complacencia hacia la tormenta de guerra que resuena a nuestro alrededor. Frente a las lluvias diarias de misiles Kassam contra el sur de Israel; las informaciones nerviosas de al-Qaida montando sede en Judea, Samaria y Gaza; el ascenso de Hamas al poder en la Autoridad Palestina; y las amenazas de Irán de aniquilación nuclear, la ciudadanía de Israel, bajo la influencia del Kadima y los medios, parece dispuesta a ignorar los peligros y a simular que lo que ocurre a los judíos en Francia no tiene nada que ver con nosotros.
 
La sumisión social de Israel encaja bien con la ideología del Kadima. Su credo fue expresado de la mejor manera posible por la Ministra de Exteriores, Ministra de Justicia y Ministra de Inmigración Tzipi Livni el mes pasado en la Conferencia de Herzliya, y se caracteriza mejor como "sionismo condicional". En su discurso, Livni explicó que la legitimidad internacional de Israel es condicional. A menos que se establezca un estado palestino en Judea, Samaria y Gaza, advirtió, Israel perderá su legitimidad como estado judío.
 
De modo que para Livni, el Primer Ministro en funciones Ehud Olmert, Shimon Peres y el resto de la panda del Kadima, al contrario que para todos los demás pueblos del mundo, el pueblo judío no tiene un derecho inherente y natural a existir como pueblo libre, soberano e independiente en su patria. Para el Kadima, el derecho de autodeterminación del pueblo judío en nuestra tierra es condicional a la aceptación de nuestro derecho a estar aquí por parte de nuestros enemigos.
 
El sionismo condicional del Kadima encuentra su expresión en sus políticas en Judea y Samaria. Allí, la esencia de las acciones del gobierno es que el único pueblo con derechos humanos inherentes en Judea y Samaria son los árabes.
 
Por todas las áreas, el gobierno, respaldado por tribunales post-sionistas, prohíbe a los judíos construir sobre tierras propiedad de judíos. Hoy, como explica Moshe Rosenbaum, alcalde de Beit El, recibir hasta un permiso para construir un anexo en un edificio en pie o clases adicionales en una escuela es completamente imposible.
 
Mientras que Olmert y el Ministro de Seguridad Interna Gideon Ezra han condenado repetidamente a los judíos por presuntamente talar árboles propiedad de árabes en Judea y Samaria, el gobierno no ha dicho nada y no ha hecho nada por detener la destrucción completa de bosques nacionales y frutales judíos en las zonas por parte de los palestinos. A lo largo de los últimos meses, solamente en el vecindario de Gush Etzion, miles de árboles de propiedad judía han sido talados por vándalos árabes. Dos bosques nacionales han sido completamente arrasados. Dirigiendo con ahínco sus energías y atención a deslegitimar a los israelíes que residen en Judea y Samaria, el gobierno ha ignorado a los enemigos de Israel.
 
Y al hacerlo, mientras los ataques de misiles Kassam contra Israel se multiplican cada día y los líderes de Hamas celebran festivales de odio a los judíos con Ahmadinejad y el ayatoláh Jamenaei en Teherán, Olmert nos aseguraba el miércoles que Hamas no es una amenaza estratégica para Israel.
 
Cuando el propio gobierno israelí está afirmando que los derechos judíos no son inherentes, sino que son definidos y concedidos por otros, no puede sorprender a nadie que el gobierno haya ignorado el crimen de Halimi.
 
Afortunadamente tanto para Israel como para los judíos de todo el mundo, la presente directiva no es nuestra única opción. Tenemos otros líderes, el más destacado de entre los cuales es el presidente del Likud, Binyamin Netanyahu, y el ex General de Comando, el Lugarteniente General (en la reserva) Moshe Ya'alon. Ambos hombres comprenden bien que las dos lecciones más importantes del Holocausto para los judíos son que nunca debemos conceder a nadie más la autoridad, la legitimidad o el poder de definir quiénes somos y cuáles son nuestros derechos, y que somos todos responsables los unos de los otros.
 
El martes, Ya'alon, que trabaja actualmente en el Washington Institute for Near East Policy, llegó a Jerusalén a lo largo del día para hablar en una conferencia acerca de las implicaciones estratégicas de la toma de control por parte de Hamas de la Autoridad Palestina. Allí, Ya'alon explicó lo que considera que es la clave para la seguridad de Israel. Israel, dijo, tiene la capacidad militar para derrotar a sus enemigos. Pero para que Israel sea capaz de tomar las medidas que necesita para ganar la guerra emprendida para nuestra destrucción, Ya'alon explicó que primero necesitamos aceptar el hecho de que tenemos un derecho intrínseco e incondicional a nuestra tierra y a nuestra soberanía. Una vez que entendamos que nuestros derechos son incondicionales, comprenderemos que tenemos la obligación de emprender la guerra contra aquellos que trabajan por nuestra destrucción. Es decir, Ya'alon explicó que para que Israel y sobreviva, necesitamos volver a nuestro sionismo incondicional.
 
Sir Martin Gilbert, quizá el historiador británico más eminente de la Segunda Guerra mundial, ha dicho "Lo interesante de la historia es que siempre se repite".
 
Como fue el caso en la Segunda Guerra Mundial, hoy el pueblo judío en Israel y por todo el mundo es objetivo de aniquilación por parte de un enemigo dedicado a la dominación mundial. El monstruoso crimen de Ilán Halimi es simplemente el último signo de esta preocupante realidad. Hoy, al igual que hace 70 años, los judíos son perjudicados por líderes pobres y débiles que niegan los peligros.
 
Pero si aprendemos de la historia y sopesamos nuestras opciones, veremos que la historia no necesita repetirse a sí misma. Invertir el curso de nuestro demasiado repetitivo pasado se encuentra en nuestra mano.

 
Caroline Glick  es analista experta  en Oriente Medio en el  Center for Security Policy en Washington, D.C., y  editora jefe def The Jerusalem Post, donde se publicó este artículo originariamente. Tras finalizar sus estudios, ingresó en el ejército y alcanzó una consejería en las negociaciones de Oslo junto al ex primer ministro Rabin. Tras abandonar la esfera política, Glick pasó al periodismo con una columna semanal de portada en el diario. Durante el reciente conflicto de Irak, fue la periodista empotrada del medio, estando en el primer escuadrón americano que entró en Bagdad y siendo la primera mujer en poner el pie en la capital durante el conflicto.
 
 


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