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India creciente
En letra impresa nº 487   |  3 de Marzo de 2006
 

(Publicado en La Razón, 3 de marzo de 2006)
 
Mucho se habla de China, pero pronto la India pede estar pisándole los talones. En todo caso, el deslumbrante ascenso de China es observado desde la India, o Japón, con los brazos cruzados. Asia para los asiáticos, la frase que se repite en Pekín en tono cada vez menos quedo, se traduce demasiado fácilmente en Asia para los chinos. Es el peso de la historia. Así ha sido en los momentos de esplendor, a lo largo de cuatro mil años, del que se llamaba a sí mismo Imperios del Centro. Del centro del mundo, nada menos. Si esa hegemonía imperial no era efectiva en alguna zona, ésa era el subcontinente meridional. Pero en estos tiempos de globalización el Himalaya puede quedarse en nada de la noche a la mañana. Los indios tienen por tanto, el estímulo de competir con quien les lleva una o dos cabezas de ventaja. Pero sus aspiraciones son autónomas y proporcionales a su masa territorial y humana. Como entidad nacional coherente tienen toda la prehistoria que se quiera, pero una magra historia. Pero como civilización no le van a la zaga de ninguna de las grandes que aparecen al final del neolítico, en los albores de la llamada revolución urbana. Y por fin, parecen haber iniciado el despegue. Su crecimiento el pasado año fue ya de “tipo” chino, del orden del 8%. Los problemas que tendrán que resolver son enormes, pero no mayores, aunque de distinta naturaleza, de los que acechan a China en el futuro inmediato.
 
Cuenta ya con algunos polos de desarrollo punta, local y sectorialmente. Sabemos que son una potencia en software, mientras que Pekín puede estar disparándose un tiro en la rodilla si se pone serio en sus intentos de controlar Inter.net para que no se le descarríen sus súbditos. El dominio del inglés no es baza despreciable, pero otra herencia británica es todavía mucho más valiosa: la gran tradición democrática. Pro corrupta que sea, no han que inventársela, sólo depurarla. Lo que tiene de extraordinario es que esa delicada y fructífera planta haya echado robustas raíces en un terreno hirsutamente pedregoso, donde iban de la mano la extrema pobreza y una enorme fragmentación lingüística, racial , religiosa. Churchill, ningún miope político, no apostaba por el futuro de la unidad del estado que veía la luz en 1947. De hecho nacía partiéndose traumáticamente, con Pakistán y lo que luego sería Bangladesh, en una segunda mitosis, yéndose por su lado. La democracia supo gestionar la diversidad y amalgamar, no sin problemas, un conjuntos tan heterogéneo, pero dotado de milenario aglutinante cultural. Pudo, incluso resistir los empobrecedores rumbos socialistas que Nehru impuso a la economía de la nueva nación desde sus orígenes. Quedan restos de los que desembarazarse, pero quizás el mayor obstáculo reside en ese profundo atentado a la democracia social que es la pervivencia del régimen de castas. Aquí la vieja civilización se enfrenta con la dolorosa tarea de arrancar una de sus raíces, que, como todo en las grandes civilizaciones, tiene un fundamentos religiosos.
 
Pero la India a la que llega Bush es dinámica y ambiciosa, lo que vale tanto como decir que confía en sus potencialidades. La conciencia de su pasado, sus éxitos recientes, su carácter juvenil en cuanto a nación moderna y, habiendo superado los mil millones, la enormidad de su masa bruta, han llevado un nacionalismo quisquilloso en el que la palabra “soberanía” no se les quita de la boca. La visita y el visitante son propicios a la repetición de tan sublime concepto. Que quede claro que quieren ser tratados como iguales. ¡Quién no! Se puede aparentar pero lo difícil es serlo de vrdad. Seguro que Andorra no lo es ni lo pretende, aunque le gustaría, pero aunqu e la India sea mucha India, tampoco llega a la igualdad. Son demasiado conscientes de que América los necesita. No es un viaje de cortesía. Hay mucho en juego por las dos partes, pero ellos necesitan más a los americanos que a la inversa. Como todo el mundo. Chinos, rusos y hasta franceses, Zapatero aparte. Los indios no quieren ser un peón en el juego de contener a China, si es que ese juego hay que jugarlo, pero lo cierto es que para ellos la apuesta es aún más perentoria importante que para los americanos. Quieren llevarse bien con Pekín, Washington también. Pero unos y otros abrigan recelos y en ellos tienen un área de entendimiento. En su día Nixon invitó a Mao a una alianza tácita frente a la Unión Soviética, y el asunto convino a ambos. Ahora las conveniencia mutuas son muchas y disensos importantes, sólo uno, el nuclear, con ramificaciones internacionales.
 
Uno de los pilares de la política americana, pero también del orden mundial es la noproliferación de armas nucleares. La India nunca quiso firmar el tratado que regula este principio porque estaba absolutamente decidida a convertirse en uno de los privilegiados poseedores de esa escalofriante arma. China por el Norte y el futuro de gran potencia por delante parecían exigírselo. Nada de antinuclearismo en la opinión nacional . Por el contrario un gran orgullo por su posesión. Estados Unidos ofrece ahora tecnología civil a cambio de control de la Agencia Internacional de Energía atómica. Un progreso importante en este punto convertiría la visita en un posible éxito histórico.


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