Del gobierno indigenista boliviano tal vez Mel Brooks hará algún día una película que empezará como comedia y terminará en tragedia. En apenas treinta días los gobernantes han dado vuelta con todo el aparato administrativo, colocando gente que manifiesta no tener idea del trabajo que les están encomendando pero no por eso renuncian a su postulación sino que la aceptan sin vergüenza ni temor. Una mujer designada dijo no saber nada acerca de su cargo pero que ella es honesta. Si ese es el único requisito para gobernar, busquemos por decir, empleadas domésticas que tengan irreprochable trayectoria de honradez y pueden ser estadistas. Ya hay una ministra con ese currículo.
A una velocidad pocas veces vista y completamente inusual para Bolivia, donde la pesada burocracia es parte de toda actividad pública y privada, el gobierno ha cambiado a generales en el mando por militares afines a su ideología. Provocó la toma ilegal y por la fuerza de alcaldías donde ganó la oposición. Cesó a los directores más importantes de la administración pública y los reemplazó por acólitos sin experiencia. El nepotismo está en las oficinas del estado violando leyes estrictas. Acusó de narcotraficantes- sin pruebas-, a exportadores de prestigio. Autorizó la entrada de cientos de agentes cubanos y venezolanos. Nombró entre sus parlamentarios a gente con frondoso prontuario terrorista y delincuencial. Amenazó con que se cierne una invasión militar norteamericana y el vicepresidente dijo que la guerra recién empieza. ¿Contra quién?
Morales controla el Ejército, el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial de donde hizo huir a Rodríguez, el ex presidente de Bolivia y legítimo Jefe de la Corte Suprema. En síntesis, maneja cuatro de los seis poderes del estado que conforman la anatomía política boliviana y de otros países latinoamericanos, porque a diferencia de los tres poderes tradicionales que hacen a las repúblicas democráticas, hay tres adicionales que ayudan a equilibrar la balanza política e impedir excesos de los gobernantes. Estos son: Las Fuerzas Armadas, la Prensa y la Iglesia. Con la última dudo que se meta, aunque hubo dos prelados que renunciaron al hábito para postularse como alcaldes junto a Evo. En relación a la prensa, planean abrir 190 radioemisoras oficialistas.
El Ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, opinó que a los niños hay que darles coca en el desayuno escolar porque tiene más calcio y hierro que la leche. Pues ya que está en la onda, por qué no les da también heroína para que se mantengan tranquilos sin incomodar a los maestros y definitivamente vamos a tener chicos contentos en las escuelas. La idea puede ser exportada a otros países solucionando para siempre el problema de las drogas en los colegios. Los alumnos no necesitarán gastar sus recreos en sustancias químicas ni salir de clases para consumirlas. El gobierno se encargará de proveer a cada escolar su dosis diaria.
Aunque parezca mentira, todo lo relatado está sucediendo y los bolivianos ven con asombro lo que nadie imaginó porque esto excede las especulaciones de los más preclaros conocedores de la idiosincrasia local. Por si acaso, este es sólo el comienzo. Habrá tal cantidad de actos inéditos que la película sobre Bolivia y su administración popular dejará pasmados a los más escépticos.
Una de las geniales opiniones condescendientes que generó muchos votos para Evo, fue: “Hay que darles una oportunidad a los indígenas”. Bajo este mismo concepto, yo quiero que me den la oportunidad de despegar y aterrizar un A-380 repleto de pasajeros aunque no sea piloto. También me gustaría practicar una lobotomía en algún ministro. Los incas practicaban trepanaciones craneanas y no eran neurocirujanos. De ahí debe venir la tradición de creer que cualquiera puede ser o hacer lo que sea, sin ninguna instrucción o experiencia previa.