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Es hora de que Israel entre en la OTAN
Colaboraciones nº 820   |  23 de Febrero de 2006
 
(Publicado en The Heritage Foundation, 24 de enero de 2006)
 
 
 
En apariencia, Irán parece haber ganado a la comunidad internacional en su búsqueda de armas nucleares. Como ha observado el ex Secretario de Estado Colin Powell, tras dos años de negociaciones infructuosas, la comunidad internacional no está más cerca de detener la búsqueda de armas nucleares por parte de Irán[1]. En lugar de eso, las grandes potencias debaten sin fin dónde y cuándo tendrá lugar un arreglo diplomático, mientras Irán reanuda sus investigaciones nucleares. Esencialmente, el mundo toca la lira mientras Roma arde. A Occidente le queda un as que jugar antes de que se avecine el arreglo final. Extender a Israel la pertenencia a la OTAN podría convencer a los mulás de Irán de que desarrollar la capacidad nuclear no está entre sus intereses.
 
Por decirlo suavemente, el nuevo presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, parece extremadamente peligroso y trastornado en sus opiniones del estado de Israel, un veterano aliado americano. Sus recientes comentarios son antisemitas y fascistas. Al cuestionar la realidad del Holocausto, amenazar con barrer a Israel de la faz de la tierra y animar a que el estado judío sea reubicado a miles de millas de distancia, Ahmadinejad ha dejado claras sus intenciones. Con demasiada frecuencia en el siglo XX, la gente se burló de declaraciones como éstas, sólo para contemplar con horror mientras las acciones bárbaras seguían a la retórica inclemente previa despreciada en su momento como palabras de un loco. Si debemos aprender las lecciones de la historia, debemos tomar al pie de la letra a la directiva iraní.
 
Mientras que la fuerza militar debe permanecer sobre la mesa, un ataque de precisión estaría cargado de riesgos militares, diplomáticos y económicos. Habiendo aprendido de la brillante incursión israelí contra la planta nuclear de fabricación francesa de Saddam Hussein en Osirak en 1981, los iraníes han dispersado sus proyectos nucleares por docenas de instalaciones, enterradas muchas de ellas bajo el suelo y escudadas en zonas urbanas de elevada densidad de población, utilizando sin escrúpulos al pueblo iraní como escudo humano. Diplomáticamente, un ataque complicaría los esfuerzos por promover la democracia y haría peligrar a regímenes pro-occidentales tales como Jordania, Egipto, Pakistán o Arabia Saudí. Económicamente, Ahmadinejad ha amenazado con interrumpir el mercado del petróleo si tiene lugar una ataque, lo que supondría una amenaza directa a la prosperidad occidental. Mientras que Estados Unidos debe estar preparado para utilizar la fuerza preventiva de ser necesaria con el fin de neutralizar la amenaza iraní, la elevada complejidad de la operación, mas su fracaso potencial, debe reconocerse.
 
Por otra parte, las negociaciones sin fin entre el UE-3 (Francia, Gran Bretaña, y Alemania) y Teherán no están solucionando el problema, y no desarmarán al régimen iraní. Detrás de las escenas de negociaciones, muchos en Europa continental desean secretamente que Estados Unidos simplemente acepte la posibilidad de una República Islámica de Irán con un arsenal nuclear. Ignoran, sin embargo, la dura realidad de una política tan temeraria. El producto de tal inacción sería desastroso. Sobrevendría una carrera armamentística en la región, con Turquía, Arabia Saudí y Egipto compitiendo entre sí por desarrollar sus propias armas nucleares. Irán se haría cada vez más agresivo en sus amenazas contra Israel y podría armar activamente a los innumerables grupos terroristas que dependen de la protección de Teherán. Israel no tragaría con este juego de ruleta rusa. El mundo afrontaría pronto un importante conflicto regional, implicando probablemente el uso de armas nucleares.
 
Una garantía de seguridad para Israel
 
Existe un modo de salir del presente estancamiento diplomático, que señalaría a los mulás de Teherán que Occidente va en serio a la hora de poner coto a sus ambiciones nucleares, pero sin permitirles desestabilizar Oriente Medio. Estados Unidos debe proponer el rápido ingreso de Israel en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como miembro total y paritario.
 
Israel cumple los requisitos de la OTAN: es una democracia, tiene una economía de libre mercado, y puede contribuir a la defensa común. En realidad, al contrario de muchos miembros nuevos de la OTAN, sería una contribución neta a la alianza, teniendo capacidad de desplazamiento y logística, un cuerpo de oficiales de primera magnitud, y un ejército militar de primera línea capaz de todos los aspectos de la lucha bélica. Israel gasta casi el 10% de su PIB en defensa y tiene fuerzas armadas activas de hasta 167.000 efectivos, hombres y mujeres, con 358.000 en la reserva. Posee hasta 200 cabezas nucleares, así como unas fuerzas aéreas y una marina bien equipadas[2].
 
La capacidad de Inteligencia de Israel ha sido un activo crucial en el desarrollo de la guerra global contra el terror, puesto que pocos entienden tan bien el conflicto. Como a Estados Unidos y Gran Bretaña, la historia ha forzado a Israel a ser una nación guerrera genuina. Su ingreso en la OTAN sólo va a mejorar la capacidad de la alianza.
 
Lo que es más importante, el ingreso israelí en la OTAN extendería explícitamente la disuasión nuclear de la alianza occidental hasta cubrir Tel Aviv y Jerusalén. Ahora sería Teherán, y no el resto del mundo, el que tendría un problema de proliferación. Cualquier ataque nuclear o convencional contra Israel, fuera directo o a través de enlaces tales como Hezboláh u otros grupos terroristas, sería respondido con una respuesta contundente de Occidente que haría parecer un paseo por el parque la Batalla de Omdurman[3]. El ingreso de Israel dejaría sin fantasías a los mulás acerca de la determinación de Occidente a responder a la amenaza estratégica de Irán en la región.
 
El ingreso en la OTAN es el mayor disuasor para Teherán frente a sus aspiraciones de unirse al club nuclear. Irán quiere la bomba principalmente para intimidar a Israel a un papel inferior en Oriente Medio y, en la práctica, para mantener a Occidente como rehén de sus deseos de dominación regional. La disuasión extendida, con su historial demostrado en la Guerra Fría, sigue siendo la última y mejor posibilidad de hacer retroceder a los iraníes. El ingreso de Israel en la OTAN es indudablemente el modo más eficaz de resolver la crisis, a falta de acciones militares inmediatas.
 
La OTAN lleva buscando un papel continuado en el mundo desde el final de la Guerra Fría, tras la caída de la Unión Soviética. Si la OTAN va a seguir siendo relevante, debe adaptarse a las nuevas amenazas de la escena internacional al tiempo que conserva su compromiso intemporal con la seguridad y los valores occidentales. La actual crisis cumple estos criterios; sólo requiere una nueva manera de pensar para resolver este nuevo y peligroso desafío.
 
Al tratar la tormenta que se cierne sobre Irán, la OTAN del siglo XXI debe incorporar la visión de Sir Winston Churchill, que reconoció que el futuro de Occidente depende de su capacidad directa de enfrentar y derrotar a las amenazas a su seguridad aparentemente distantes, que están con frecuencia más cercanas de lo que parecen. Es el momento de cambiar el cálculo geopolítico de Oriente Medio.

 
El Dr.  Nile Gardiner es Miembro Bernard y Barbara Lomas, y el Dr. John Hulsman es Miembro Permanente de Investigación en Temas Europeos del Centro Margaret Thatcher para la Libertad en el Instituto Kathryn y Shelby Cullom Davis de Estudios Internacionales, de The Heritage Foundation.
 
Notas


[1] Trevor Kavanagh, entrevista con el General Colin Powell, The Sun, 17 de enero del 2006.
[2] Ver Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, El equilibrio militar, 2003-2004.
[3] La Batalla de Omdurman de 1898 fue un de las mayores victorias de la historia del Imperio Británica. La masiva derrota del Ejército del Mahdi en Sudán marcó el triunfo de Occidente sobre el extremismo islámico.


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