La cada vez más nombrada, zona de Chapare, se hará tan conocida como Chiapas en México. La hermosa región amazónica, es el centro de producción de coca de Bolivia, además de cuartel general del presidente de la nación. Pero aparte de producir la hoja prohibida, también es el mayor exportador de bananas, uno de los pocos productos agrícolas bolivianos que empieza a ganar mercado en Sudamérica y Europa, abriendo posibilidades económicas para miles de labriegos que por primera vez encuentran una mercancía que les permite ingresos regulares de por vida, dentro del marco de la ley.
Aproximadamente hace un año atrás, en un arrebato circunstancial, resultado de la frustración y desesperación que sintió un industrial bananero al no poder sacar su producto a la frontera, que se descomponía en los caminos debido a los bloqueos efectuados por los cocaleros; le propinó un sopapo a Evo Morales en el congestionado aeropuerto de Cochabamba, quien aturdido y avergonzado, ante los aplausos y vítores de apoyo al exportador, tuvo que abandonar el lugar.
La cachetada no fue olvidada por Morales y esta semana, en un peculiar acto revanchista, dijo públicamente que los bananeros envían cocaína junto con las bananas, lo que causó una disminución inmediata en la demanda exterior, anulación de contratos, revisión de las contenedores en la frontera Argentina -con consecuente daño a la fruta- baja de las exportaciones de otros ítems y situación de inestabilidad para la economía en general. El daño no es sólo al comerciante sino a los agricultores que venden su cosecha a los exportadores, en un notable ejemplo de trabajo conjunto entre campesinos e industriales.
Al final, es el país entero el que se hunde con estas acusaciones infundadas Existen mecanismos para controlar las exportaciones y si hubiese pruebas que demostrasen que las aseveraciones de Evo son verdad, se habría decomisado la producción y enjuiciado a los involucrados; de lo contrario el estado es cómplice. No se dice un día más tarde de tan escandalosas declaraciones, que el ministerio va a demostrar que Morales tiene razón. Lo único que puede suponerse, es que para corroborar sus afirmaciones, el mismo gobierno sea capaz de meter cocaína dentro de los envíos, creando una situación suicida para la economía nacional, porque nadie va a querer importar nada de Bolivia, y los exportadores van a temblar bajo la amenaza de que sus productos sean contaminados, poniendo en riesgo su seguridad y reputación.
El primer mandatario de un país, aceptado pacífica y democráticamente por afines y opositores, tiene la obligación de velar por todos sus súbditos por igual, de lo contrario, no califica como presidente de todos los bolivianos. No se gobierna con caprichos y rencores, no se dice lo que uno quiere sin medir consecuencias, no se usa el poder para saldar cuentas personales, y tampoco se favorece a un grupo humano por razones étnicas, en desmedro de otro. El llamado gobierno popular, empieza a dar traspiés en todos los sentidos a una velocidad inusitada, lo que demuestra la incapacidad de los gobernantes para manejar la cosa pública con sensatez.
El juego izquierdista está llegando a excesos que van a provocar una reacción popular más rápida de la que se tenía pensada. Los exabruptos presidenciales están deteriorando su administración a pasos agigantados y las maquinaciones chavistas empiezan a molestar a la población. Cada día sucede algo sorprendente que deja boquiabiertos a propios y extraños. Todo gobierno que asume el mando, tiene un margen de tiempo para ejercitar cambios, pero a los bolivianos se les empieza a acabar su limitada paciencia. Las inconscientes declaraciones de Evo, no son las primeras ni serán las últimas. Su carrera política está marcada de irresponsabilidad; y, cuando se ejerce el poder sin responsabilidad, el corolario resultante es la tiranía.