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Choque de civilizaciones en viñetas
Colaboraciones nº 807   |  16 de Febrero de 2006
 
Han pasado más de cuatro meses desde que el diario danés Jyllands-Posten publicara las caricaturas del profeta Mahoma que presuntamente provocaron la actual confrontación entre Occidente y el mundo islámico. Sin embargo, mientras que muchos canales mediáticos se han centrado en las importantes cuestiones de la libertad de expresión y la incompatibilidad entre los valores islámicos y la sociedad occidental, muchos no se han preguntado porqué tardaron tanto tiempo los musulmanes en iniciar sus virulentas y violentas protestas, especialmente si su profeta y su religión habían sido tan severamente insultados.
 
En primer lugar, ha de comprenderse que la presente crisis no va tanto de herir sentimientos religiosos como del presente conflicto entre Occidente y el mundo islámico. Samuel Huntington, autor de El choque de civilizaciones, dijo una vez que el choque occidental - islámico "tendría lugar en muchos frentes: político, diplomático, económico, militar, ideológico". Hasta la fecha, las actuales vicisitudes han indicado en su mayor parte agresiones islámicas en todas las categorías excepto en la militar -- hasta la fecha.
 
Los gobiernos de países musulmanes son ahora acusados de incitar la presente violencia, y podrían incluso haberla orquestado desde el principio. La Secretario de Estado Condoliza Rice decía esta semana no tener dudas de que tanto Irán como Siria están incitando las manifestaciones en su propio beneficio. Asimismo, un diario europeo afirma que las banderas danesas que los manifestantes queman por todo el mundo islámico provienen de Pakistán, un país musulmán.
 
Pero todas las ofensas están sincronizadas con un propósito, y tienen objetivos. La sincronización de que este ataque islámico más reciente contra Occidente cuatro meses después de la primera aparición de las caricaturas nos dice que principalmente se trata, verbigracia, de una tentativa de neutralizar a una Europa anti-armas nucleares que estaba dispuesta a ayudar en el escenario diplomático y militar americano-israelí con Irán acerca de los continuos esfuerzos del país por adquirir un arsenal nuclear. En cierto sentido, la presente crisis podría calificarse como un ataque preventivo.
 
Sin embargo, debido a la presente ofensiva islámica, está por ver si países como Francia, que inicialmente estaban dispuestos a ayudar a América y a Israel militarmente contra el programa nuclear de Irán, perseverarán aún, y si otros estados europeos pueden hacer frente a esta intimidación musulmana y contribuir aún en Naciones Unidas y en la Unión Europea a la muy necesaria causa de evitar que Irán adquiera armas nucleares. Cualquiera que sea el resultado, definitivamente será difícil tomar medidas contra Irán mientras las emociones estén tan desatadas y continúe la controversia, especialmente si se permite que escale.
 
Además de ayudar a Irán a adquirir armas nucleares para contrarrestar el arsenal nuclear de Israel, los países islámicos esperan lograr otros objetivos con la presente crisis manufacturada. Ya ha provocado que la noticia de las elecciones de Hamas desaparezca de las portadas de la mayor parte de los diarios y, en menor medida, la propia crisis nuclear iraní. Esto ha aliviado la presión diplomática y la de la opinión pública contra estas entidades, así como contra Siria, otro posible objetivo de la intervención militar americano-israelí.
 
Los islamistas también están utilizando las caricaturas para reunir al mundo musulmán contra Occidente, también como medio de reclutamiento para su causa. Los fundamentalistas musulmanes también esperan que la crisis ayude a lograr otro de sus objetivos tanto tiempo perseguidos, léase debilitar a los regímenes de países árabes como Arabia Saudí o Egipto a su favor, de modo que puedan hacerse con el poder.
 
El temor a los fundamentalistas y a aparentar ser no musulmanes, o no lo bastante musulmanes, ante sus propios pueblos también ha provocado que los políticos en gobiernos de los países de la Liga Árabe se lancen a pedir disculpas, boicots y castigos a aquellos que en Europa dibujaron y publicaron las caricaturas. En cierto sentido, los dibujos representan un tema de hermandad musulmana. Los comentaristas de temas de Oriente Medio afirman que estos mismos gobiernos utilizan también esta crisis internacional igual que han utilizado otras antes, con el fin de desviar la ira de sus propios pueblos de temas internos.
 
Pero igual de importante quizás que ayudar a Irán a adquirir armamento nuclear, los países islámicos utilizan la confrontación de las caricaturas para lograr su objetivo a largo plazo de reducir Europa a un estado de dhimmitud, es decir, un estado de servidumbre humillante que el islam reserva para los no musulmanes. Por ejemplo, no sólo han exigido disculpas del gobierno danés y del editor del Jyllands-Posten, también se pide una disculpa a la Reina de Dinamarca, el símbolo de la tradición danesa y de la integridad nacional. En esta confrontación con Occidente, los países islámicos se comportan como los abusones izquierdistas radicales de los años 60 en Norteamérica, que cuando quiera que alguien acordada ceder a alguna de sus exigencias, simplemente aparecían a por más.
 
Es absolutamente imperativo hoy que Europa persevere a la hora de ayudar a detener el ascenso de un Irán armado nuclear mente. El propio Occidente también tiene que hacer frente y apoyar a Dinamarca en esta crisis, con el fin de evitar que el abuso por parte del mundo islámico le granjee su objetivo de aplastar los valores liberales occidentales y las tradiciones democráticas, un objetivo islamista largamente deseado. Y puesto que Huntington afirmaba que este conflicto entre Occidente y el mundo islámico durará muchos años, una postura firme ahora detendrá, y tal vez incluso invertirá, la caída de Europa en la dhimmitud y frustrará hasta los peores ataques del chantaje islámico en el futuro.

Stephen Brown es periodista de Frontpage Magazine y comentarista de Dallas Morning News.
 


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