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Punto de no retorno
Colaboraciones nº 797   |  10 de Febrero de 2006
 
Al mirar retrospectivamente a la historia de los momentos trágicos frecuentemente se nos revela que mucha – o la mayoría – de la gente de esos tiempos estaba a menudo preocupada con cosas que parecen triviales, hasta patéticas, en vista de la catástrofe que se les venía encima. ¿Será que las generaciones futuras al mirar retrospectivamente a nuestro tiempo, descubrirán una ceguera similar y hasta frívola ante mortales peligros?
 
Los terroristas y los gobiernos terroristas nos están dando evidencia a diario de su odio fanático y su violento sadismo mientras que el reloj avanza inexorablemente hacia el momento en el que posean armas nucleares. No sólo tienen de rehén a una indefensa jovencita en Irak, sino que la pasean bañada en lágrimas por la televisión, igual que mostraron no sólo el aterrorizamiento sino la decapitación de otros en televisión.
Además, hay una amplio y regocijado público en el mundo árabe para estas sucias brutalidades al igual que hubo alegría y vítores entre los palestinos cuando se mostraba la televisada destrucción del World Trade Center a Oriente Medio.
 
Y sin embargo, ¿qué es lo que nos preocupa o nos enfurece? Pues si el gobierno americano debería interceptar las llamadas telefónicas de los degolladores hechas dentro de Estados Unidos.
 
Esa pregunta ha sido higienizada en los medios de comunicación masivos preguntando si el gobierno debería estar metido en “escuchas telefónicas internas” al igual que el término mismo “terroristas” ha sido higienizado como “militantes” o “insurgentes”.
 
La manera en la que se pone esta pregunta por muchos en los medios y en la política, le haría pensar que nuestros servicios de inteligencia se dedican a escuchar cómo habla Ud. con su tía Mabel.
 
¡Seamos serios! Hay más de 250 millones de personas en Estados Unidos. Las agencias de inteligencia no tienen ni el personal, ni el tiempo, ni el dinero, ni el interés de escucharle a Ud. hablando con su tía Mabel.
 
Los abogados pueden diferir en los finos detalles legales sobre los poderes constitucionales del comandante en jefe durante tiempos de guerra versus el poder supervisor de los tribunales. Pero, un magistrado de la Corte Suprema señaló una vez que la Constitución de Estados Unidos no es un pacto suicida.
 
La Constitución se hizo para que viviésemos bajo su mandato, no para quedarnos paralizados frente a la muerte.
 
Cuando algún caudillo de la red terrorista internacional es capturado en Afganistán o en Irak, y sus captores americanos encuentran números de teléfono en su ordenador, es sólo cuestión de tiempo antes que su captura se convierta en noticia a ser difundida en el mundo entero.
 
En la hora o dos antes de que eso suceda, sus contactos dentro de Estados Unidos puede que continúen usando esos teléfonos que han estado usando hasta ahora. Tener la oportunidad de escuchar sus conversaciones durante ese corto momento puede suministrar información valiosa sobre los enemigos que están entre nosotros, dedicados a nuestra destrucción.
 
Se puede perder un tiempo valioso presentando documentos legalistas para conseguir que un juez dé permiso para intervenir los teléfonos de los terroristas antes que la CBS o la CNN emita la noticia del líder terrorista capturado en el extranjero y que los terroristas dejen de usar los teléfonos que han estado utilizando para hablar con él.
 
Con Irán avanzando paso a paso hacia la obtención de armas nucleares, mientras que los europeos se retuercen las manos y la ONU se dedica a conversar relajadamente, esta excesiva delicadeza acerca de poder intervenir los teléfonos de los contactos terroristas en Estados Unidos es algo grotesco.
 
¿Alguien ha estado prestando atención a la audacia de los terroristas? Parece que algunos en los medios encuentran algo divertido el ver que los terroristas palestinos amenazan a Dinamarca por las viñetas políticas que ellos juzgan ofensivas. 
 
En los años 30, algunas personas encontraban divertido a Hitler, cuyas ideas eran en verdad ridículas, pero de ninguna manera graciosas.
 
No es la primera amenaza contra un país occidental por usar su libertad de una manera que a los fanáticos islámicos no les gusta. Osama bin Laden amenazó a Estados Unidos en vísperas de las elecciones en 2004 si no votábamos de la forma que él quería.
 
Cuando tenga armas nucleares, esas amenazas no se podrán ignorar, cuando la alternativa esté entre pasar por el aro o ver ciudades americanas salir volando para desaparecer de la faz de la Tierra.
 
Ése es el punto de no retorno – y vamos siendo arrastrados hacia él mientras parloteamos sobre legalismos y política.

 
 
Thomas Sowell  es escritor prolífico de una variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
©2005 Creators Syndicate, Inc.
©2005 Traducido por Miryam Lindberg
 
 
GEES agradece al Dr. Thomas Sowell el permiso para publicar este artículo.


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