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El inequívoco mensaje de Osama
Colaboraciones nº 787   |  3 de Febrero de 2006
 
En su última grabación, difundida al uso en al Yazira hace algunos días, el señor de al Qaeda parecía intentar anotarse muchos puntos, utilizar nuevas tácticas editoriales y dirigirse a más de una audiencia. Su discurso preparado parecía más un discurso del estado de la yihad que una amenaza específica contra América, aunque sonando muy amenazador. Así que, ¿de qué va realmente el mensaje?
 
A fecha de septiembre, los chats yihadistas habían preguntado si “estamos ganando la guerra contra los infieles”. Los mentores de los chats habían intentado asegurar a los participantes que todo iba muy bien, aludiendo a las cartas entre Aymán al Zawahiri y Abú Musab al Zarkawi. Pero el 2005 dejó un montón de explicaciones en el tintero para los yihadistas de la región: elecciones en Afganistán con millones de mujeres votando y saliendo elegidas; dos elecciones y un referéndum en Irak: una Revolución del Cedro en Beirut y discusiones acerca de la democracia zumbando en internet.
 
A pesar de los coches bomba, los asesinatos, las masacres, los secuestros y las grabaciones en al Yazira y más allá, los yihadistas no iban a ninguna parte. Los jóvenes de la región árabe y de Oriente Medio se vuelven cada vez más hacia la libertad, contradiciendo los discursos ideológicos de al Qaeda y sus hermanas en la región. La sangre por sí sola no estaba llevando la victoria a los yihadistas.
 
De ahí que el amo tuviera que atacar desde su caverna. El hilo argumental de la cinta es simple: nosotros, como yihadistas, estamos ganando la guerra; ellos, los americanos y los demás infieles, la están perdiendo. Reverberó por al Yazira en un guión preparado a fondo: las noticias de la existencia de la cinta se filtraron gradualmente a otras agencias de noticias que primero difundieron fragmentos, seguidos instantáneamente de un panel de “expertos" bien preparados para "explicar" el documento y dar clases sobre él a las masas. En unas cuantas horas, las páginas web lo difundían con todos los análisis y simplificaciones.
 
“Estamos devastando a vuestras fuerzas en Irak”, declaraba bin Laden, pero “vuestro presidente está ocultando los hechos”. Una primera salva de una guerra psicológica encaminada a minimizar la confianza dentro “del territorio enemigo”, pensaron los redactores de discursos de bin Laden. De hecho, el lenguaje árabe y los conceptos utilizados en esta cinta indican que los ojos y los oídos yihadistas, muy atentos al proceso político occidental y americano, parecían alimentar la construcción del texto.
 
“La moral de las tropas norteamericanas se marchita, y vuestro gobierno intenta suprimir vuestros medios, incluyendo al Yazira”, decía bin Laden. Es la primera vez que el líder de al Qaeda menciona directamente al canal. Penetrando en la cultura política de los Estados Unidos, bin Laden criticó el “victorioso” aterrizaje presidencial sobre el portaaviones, y utilizó las encuestas norteamericanas como evidencia de que Estados Unidos está al borde del colapso de la política mundial. Después amenaza con operaciones próximas dentro de Estados Unidos. Aludiendo al modelo de Londres, hizo alusión a una segunda generación de al Qaeda, ciudadanos en potencia que esperan sus instrucciones y moviéndose a voluntad cuando la preparación lo permita. Quiso demostrar a sus tropas que “se están preparando las armas finales”, igual que Hitler solía prometer a su ejército. Pero incluso si bin Laden está dando palos de ciego, los oídos yihadistas, adoctrinados por el dinero y la ideología wahabíes, están escuchando en la práctica: están preparando la futura yihad.
 
A continuación ofrecía una tregua. Hablando como un califa, el jefe de al Qaeda decía que suspenderá las operaciones si Estados Unidos se disculpa y se retira de todas las tierras musulmanas. Algunos simpatizantes aparecieron en los medios “para garantizar al público occidental” las buenas intenciones de bin Laden. “Cumplirá”, decía uno de ellos en la BBC. “Ved cómo se salvó España de los ataques tras la retirada de Irak”.
 
Pero lo que el público ignora de la “hudna” (tregua) ofrecida por bin Laden es que la comunidad internacional, y Estados Unidos, tendrán que reconocer a al Qaeda como el representante del mundo musulmán. En pocas palabras, que todos los gobiernos musulmanes eleven a bin Laden como califa mundial --de modo que pueda “reanudar” la yihad después de que acabe la hudna, puesto que es solamente una tregua después de todo. El mundo, por tanto, se dividiría en dos esferas, con Osama como emperador de Marruecos a China, con su control soberano total de los recursos, es decir, petróleo, y los juguetes nucleares de Pakistán.

 
El Dr. Walid Phares es un experto en terrorismo, fundamentalismo islámico y movimientos yihadistas. Es miembro decano de la Fundación de la Defensa de las Democracias y escribe en publicaciones especializadas como Global Affairs, Middle East Quarterly, and Journal of South Asian and Middle East Studies además de para diversos periódicos de renombre mundial y de opinar para medios como CNN, MSNBC, NBC, CBS, ABC, PBS y BBC.


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