Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Colaboraciones > Proyectiles atómicos de Irán, locuras de Europa





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
Proyectiles atómicos de Irán, locuras de Europa
Colaboraciones nº 768   |  25 de Enero de 2006
 
Tratando la presunta ambición nuclear de Irán como una patata caliente, el trío europeo de Gran Bretaña, Alemania y Francia ha decidido pasarla a la Agencia Internacional de la Energía Atómica, y por tanto al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. “Nuestras negociaciones con Irán han alcanzado un callejón sin salida”, dice el nuevo Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier.
 
En realidad, sin embargo, los tres años de negociaciones del trío con Irán empezaron en un callejón sin salida.
 
Las negociaciones comenzaron cuando Irán admitió que había estado mintiendo a la Agencia Internacional de la Energía Atómica y que llevaba 18 años violando los términos del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT), pero prometía no hacerlo otra vez.
 
Legalmente hablando, Irán debía haber sido remitido al Consejo de Seguridad en aquel momento. Pero los europeos rechazaron las exigencias norteamericanas a esos efectos, y decidieron perdonar a Irán sus pecados pasados — en gran medida como un esposo engañado muestra magnanimidad con una pareja pecadora.
 
A cambio, pidieron a Irán — en palabras del entonces Ministro de Exteriores francés Dominique de Villepin — “algo con lo que hacer callar a los americanos”.
 
De Villepin había ideado el esquema como medio de exponer lo que llamaba “las locuras de la política americana”; Irán se podía tratar “al estilo francés”, lo que significa negociaciones y compromisos en lugar de rapapolvos o peor.
 
Los iraníes tenían buenos motivos para celebrar la oferta europea. Eliminaba la amenaza de apariencia seria de la acción militar, al tiempo que aislaba a Estados Unidos. Y daba tiempo a Teherán para acelerar su programa nuclear.
 
Los iraníes fueron honestos en todo momento: Dijeron estar dispuestos a dar “algo” necesario “para silenciar a los americanos” bajo la forma de suspensión voluntaria y temporal de las actividades de enriquecimiento de uranio. No prometieron una suspensión permanente. Tampoco abandonarían el derecho de Irán, bajo el NPT, a enriquecer uranio para combustible.
 
El trío europeo fue engañado por sus propias ilusiones, no por la argucia iraní. Todo lo que le interesaba era anotar un punto contra Washington. Ni siquiera hoy pide el trío que Irán renuncie permanentemente a su derecho a enriquecer uranio.
 
Y ahora el trío debe negociar con un iraní mucho más duro: el Presidente Mahmoud Ahmadinejad, que ha llamado a los europeos “nada sino enanos corruptos”. También está convencido de que Estados Unidos ha perdido la oportunidad de utilizar la amenaza de la acción militar contra Irán.
 
Como resultado, Ahmadinejad busca activamente una confrontación diplomática con los europeos y escalar la tensión con los americanos. Cree poder enfrentarse a los dos y ganar — y espera emerger así como el amo absoluto de la República Islámica y el líder de facto del mundo musulmán.
 
Los europeos no están dispuestos a reconocer que el problema no es el enriquecimiento del uranio, sino la naturaleza del régimen iraní. Más de 20 países, desde Argentina a Ucrania, enriquecen uranio sin que nadie estornude. ¿Pero quién puede confiar en que la presente dirección de Teherán no va a emprender alguna travesura trágica en nombre de su ideología?
 
El apaciguamiento de corte europeo ha animado a la facción más radical de Teherán, ayudando a llevar al poder a Ahmadinejad. Todos los gestos diplomáticos a seguir sólo compondrán ese efecto.
 
La República Islámica ha tenido tres años para prepararse para cualquier sanción que el Consejo de Seguridad pudiera imponer. También ha firmado contratos de petróleo y gas con China por valor de 70 millardos de dólares y contratos industriales y armamentísticos con Rusia por valor de 30 millardos de dólares, asegurándose de que uno o ambos vetarán cualquier resolución dura contra Irán.
 
Éste es uno de esos regímenes que no se detendrá hasta que se den de bruces con algo en firme. ¿Por qué deberían, cuando pueden perseguir sus objetivos sin coste? La mano izquierda puede funcionar — si es respaldada con la mano dura. Pero aún así, una vez más, Europa ha dejado claro que se opondría incluso a la amenaza de mano dura.
 
Mientras las cosas están en vilo, todos los aludidos en este festival del absurdo tienen motivos para estar contentos: los europeos se libran de la patata caliente, la administración Bush encuentra una hoja de parra diplomática para cubrir su falta de política hacia Irán, los rusos venden sus armas, los chinos obtienen su petróleo y su gas, y los islamistas de Teherán aceleran el engaño que sea para estar a la altura en el terreno nuclear.
 
Pero el problema sigue sin estar resuelto. Al final, Occidente bien puede descubrir que tendrá que utilizar mucho más que la mera amenaza para refrenar las ambiciones mesiánicas de Teherán — una factura mucho más cara de la que habría sido el caso hace tres años.

 
 
Amir Taheri es periodista iraní formado en Teherán. Era el editor jefe del principal diario de Iran, el Kayhán, hasta la llegada de Jomeini en 1979. Después ha trabajado en Jeune Afrique, el London Sunday Times, el Times, el Daily Telegraph, The Guardian, Daily Mail, el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday y el The Washington Post, entre otros. Actualmente trabaja en el semanario alemán Focus, ha publicado más de una veintena de libros traducidos a 20 idiomas, es miembro de Benador Associates y dirige la revista francesa Politique Internationale.
 


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar