(Publicado en ABC, 17 de enero de 2006)
Paso a paso Ángela Merkel reconfigura los principios de la política exterior alemana, rectificando el giro dado por su predecesor a una diplomacia que había gozado de gran estabilidad desde el fin de la II Guerra Mundial. Se acabó el antinorteamericanismo. Las relaciones con Estados Unidos vuelven a ser esenciales para la seguridad de Alemania y la construcción europea. No es una alianza basada sólo en intereses sino, y sobre todo, en valores.
En Moscú Merkel tiene ante sí una agenda más desagradable. Se ha repetido que ella habla ruso y Putin alemán, lo que no se ha comentado tanto es que ella era una prisionera en su propio país y él uno de los carceleros. El pasado les une en el reproche y el revanchismo.
Schröder, junto con Chirac, buscó en Rusia una alianza permanente, convencido de que la época del vínculo transatlántico había quedado atrás. Los intereses eran comunes y, por lo tanto, cabía asumir riesgos. La violación de los derechos humanos, la presión sobre los estados vecinos, la dependencia energética de Moscú eran aspectos menores en comparación con la formación de un bloque que asegurara estabilidad a una Europa autónoma.
Para Merkel esos aspectos secundarios son esenciales. Como alemana oriental su visión de Rusia tiene mucho más que ver con la de un polaco o un húngaro que con la de un francés. Rusia sigue siendo un problema y lo demuestra cada día. Las recientes presiones sobre Ucrania y Bulgaria por la cuestión del gas, los intentos de subordinar las políticas de los estados que formaron parte del Pacto de Varsovia, la constante reducción de los márgenes de libertad, la violación de los derechos humanos, la colaboración con regímenes dictatoriales que apoyan el terrorismo... son hechos mayores para una mujer que fundamenta su acción política en principios y valores firmes.
El reciente ejercicio de poder ruso con el suministro de gas a Europa ha puesto de manifiesto hasta qué punto Putin está dispuesto a aprovechar esta fuente de energía para doblegar voluntades. No es sólo fuente de riqueza, lo es también de poder. En palabras de Irwin Stelzer, el «petropower». Schröder no parecía preocupado, es más ha aceptado participar en el proyecto empresarial del nuevo zar. Para Merkel, sin embargo, la independencia energética es capital. Hoy Alemania está mucho más cerca de renovar su confianza en las centrales nucleares que hace un mes.
Alemania y Rusia se necesitan y son muchos los temas que requieren de su colaboración, pero queda atrás un capítulo en el que Rusia vio más cerca que nunca la posibilidad de romper el vínculo transatlántico y someter a su influencia esta «península euro-asiática» que es Europa. Viejas aspiraciones muy presentes en los antiguos oficiales del KGB que hoy controlan Rusia.