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Por qué los musulmanes americanos continúan en silencio
Colaboraciones nº 745   |  12 de Enero de 2006
 
Cuatro años después del 11 de septiembre del 2001, numerosos americanos no musulmanes preguntan repetidamente, “¿por qué los musulmanes americanos continúan en silencio ante el fundamentalismo y el terrorismo? ¿Por qué no actúan para limpiar su religión de la reputación que ha adquirido?”
 
Paradójicamente, los musulmanes de Estados Unidos y Gran Bretaña están hoy mucho más dominados por el fundamentalismo islamista que sus correligionarios de diversos países musulmanes. En muchas zonas en las que la mayoría sigue el Islam hay en marcha un conflicto entre moderados y fundamentalistas inspirado por los predicadores ultra-wahabíes de Arabia Saudí, los agitadores de la Hermandad Musulmana de diversos países árabes y los virulentos y volátiles suscriptores del jihadismo paquistaní. En algunos lugares, desde Bosnia Herzegovina hasta Indonesia pasando por Marruecos y Mozambique, los moderados están ganando. Pero aún así, las comunidades islámicas de Estados Unidos (dominadas por los saudíes) y de Gran Bretaña (gestionadas por paquistaníes fundamentalistas) acusan el régimen totalitario de control del pensamiento. 
 
¿Qué sucede cuando los musulmanes ordinarios se rebelan contra la dominación fundamentalista en América? Son condenados al ostracismo, expulsados de las mezquitas, y son objeto de insultos públicos y amenazas extraordinarias. Yo mismo fui hostigado en una mezquita de Long Island en el 2003, como observé en un artículo. Las mezquitas chi'íes son aisladas de los "sunníes", léase entidades de control wahabí, y se ha dado parte al Centro del Pluralismo Islámico, que yo he fundado, de numerosos incidentes de expulsiones de particulares chi'íes de las mezquitas sunníes.
 
El “lobby wahabí” -- un conglomerado de agrupaciones encabezadas por Hamas - y el Council on American Islamic Relations (CAIR) -- controla la vida pública de muchos sunníes norteamericanos. Exige certificación como moderado, pero no en reconocimiento a la moderación real o a la lealtad a la tradición constitucional norteamericana. En lugar de eso, su exigencia de reconocimiento y respeto es un ataque preventivo encaminado a escudarles de la comprensión y el entendimiento apropiados de sus tácticas y objetivos.
 
¿Y cómo reacciona la pandilla de CAIR cuando un activista musulmán moderado plantea una voz disidente? Traiciona su culpabilidad: acusada de fundamentalismo, CAIR reacciona según los métodos fundamentalistas de amenazas e incitación al odio.
 
El más reciente de tales casos involucra a uno de los fundadores del Centro del Pluralismo Islámico, el Dr. M. Zuhdi Jasser, de Phoenix, Arizona. El Dr. Jasser es un particular de modales educados y manifiestamente moderado con una columna en el Arizona Republic, el mayor diario del estado, acerca de temas islámicos. El Dr. Jasser fundó previamente el Foro Islámico Americano para la Democracia. Es conocedor devoto de la religión del Islam.
 
Los lectores de todo el mundo han sido testigos recientemente del despreciable espectáculo de retórica islamista dirigido contra viñetistas holandeses, como si la fuerza espiritual de la fe fuera tan débil que los productos mediáticos triviales de Occidente pudieran amenazarla. En comparación con el tono maligno de las imágenes empleadas por los viñetistas de los países árabes, el trabajo de los holandeses era inofensivo.
 
Pero Estados Unidos ha tenido más de un “caso de viñetista” -- y el más reciente no implica sino al caricaturista editorial del Arizona Republic, llamado Benson. El Republic publicaba un trabajo de Benson planteando porqué tantas mezquitas son centros de agitación fundamentalista. La viñeta no incluía nada ofensivo para los musulmanes moderados; dramatizaba simplemente un hecho evidente.
 
CAIR, que sirve como equivalente norteamericano de la mutawwiyyin, o policía religiosa saudí, salió con una acción histérica, pidiendo una disculpa del Republic por publicar la viñeta de Benson. Como de costumbre, CAIR se permitió libremente la retórica exagerada y las exigencias injustificadas. Utilizó un periódico local sensacionalista fundamentalista que se hace pasar por “diario de la comunidad”, el Muslim Voice, con el que tiene vínculos estrechos, para propagar el veneno contra el Republic, Benson, y el Dr. Jasser. Sólo lo hicieron porque ambos son publicados en el Republic, y porque, en palabras de los denunciantes islamistas, “muchos musulmanes y organizaciones islámicas del Valle se sintieron ultrajadas por la viñeta y los artículos publicados en el Arizona Republic Newspaper. Uno de los autores es M. Zuhdi Jasser, que redacta artículos que llevaron al pobre retrato de los musulmanes por parte de Benson”. El vínculo entre Benson y el Dr. Jasser fue puramente el de las opiniones comunes a las que los islamistas se oponen, incluyendo la frecuente crítica a CAIR por parte del Dr. Jasser.
 
En una viñeta de mal gusto, los dos últimos son retratados como perros hambrientos comiéndose a un musulmán. Curiosamente, los "musulmanes" de la viñeta, víctimas y denunciantes del Republic al mismo tiempo, son retratados con vestimenta musulmana wahabí, con birretes del tipo que pocos llevan en grandes zonas del mundo musulmán pero que todo el mundo lleva cuando ingresa en el culto wahabí.
 
Pero la intención de la viñeta es más importante que los detalles. El motivo de los CAIRitas de Phoenix es castigar al Republic por publicar una viñeta a la que se oponen, y silenciar al Dr. Jasser. La representación de este hombre apacible y sincero como un malévolo canino es el epítome del condicionamiento totalitario. Es comparable a las viñetas de hostigamiento contra los judíos en la era Nazi o a las caricaturas anti-católicos y anti-musulmanes aparecidas en los medios serbios al comienzo de la dictadura de Slobodan Milosevic.
 
El editor de Muslim Voice es Marwán Ahmed, candidato a la Comisión de Relaciones Humanas de Phoenix. Pero en la página web de su diario encontramos su firma en un editorial que culpa a Israel de las muertes del personal americano de servicio en Irak.
 
¿Qué justificación posible se puede dar por tratar a CAIR y a diarios como Muslim Voice como otra cosa que no sea una intrusión de la ideología radical y de las costumbres fundamentalistas en la vida social de los musulmanes americanos? Numerosos periódicos “de la comunidad” como Muslim Voice han sido establecidos por todo Estados Unidos, se distribuyen gratuitamente en las mezquitas y escuelas islámicas y a menudo son los únicos medios leídos por los musulmanes acérrimos. En tándem, CAIR utiliza la tapadera de presunta organización de derechos civiles para forzar la sumisión política y social a los dictados de clérigos oriundos del reino saudí. ¿Por qué debería impulsarse esto en América?
 
Se ha asestado un terrible golpe a la religión del islam en América a través de la negación por parte del “estamento religioso” -- incluyendo a CAIR, la Islamic Society of North America (ISNA) y demás entidades -- a aislar y denunciar el legado radical presente en su formación y mostrado en su largo servicio. Odian al Dr. Jasser porque se atreve a denunciar su continua dedicación al fundamentalismo y su rechazo a seguir las normas americanas de respeto religioso y dignidad pública. Los americanos no musulmanes, así como los musulmanes moderados, deben cerrar filas entorno al Dr. Jasser y asistirle en su lucha justa. El Arizona Republic debería ser elogiado por brindarle una plataforma, y debe defender a su dibujante, Benson.
 
El caso del Dr. Jasser ilustra porqué los musulmanes americanos permanecen en silencio: porque el precio de hablar claro es un ataque fulminante y coordinado. En ocasiones, la ofensiva wahabí en suelo americano se acompaña de amenazas físicas; la violencia no se excluye. Los musulmanes de nacimiento, residentes “en la comunidad”, raramente vienen a América esperando encontrarse con que el Islam en este país es gestionado por los wahabíes -- para el inmigrante es inconcebible que tal situación se permita en Estados Unidos. Pero aún así, gracias a los saudíes, sucede, e igual que el Presidente Bush debería presionar a los saudíes para que dejen de financiar el fundamentalismo, los americanos ordinarios deberían tachar a grupos como CAIR de la lista de respetabilidad. Éstos son militantes con una inclinación incurable hacia la intimidación. Su reinado de terror psicológico en América debe terminar tan rápidamente como el derramamiento de sangre provocado en Irak por sus mentores.

 
 
Stephen Schwartz (Suleiman Ahmed Schwartz) es musulmán sufí y director y fundador del Centro para el Pluralismo Islámico de Washington, la principal institución islámica moderada del mundo. Formado como periodista y escritor, es autor de “Las dos caras del islam“ y columnista regular de la revista The Weekly Standard, el Globe & Mail canadiense y el diario mexicano La Reforma.
 


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