(CESEDEN, 14 de febrero de 2003)
1.- La Historia, después del largo periodo de congelación de la Guerra Fría, lejos de acabarse, se ha acelerado. Y con ella, el entorno estratégico que en gran medida la configura.
2.- Es evidente que el fin de la era de la confrontación Este-Oeste acabó con un orden internacional y un esquema estratégico que poco tiene que ver con el imperante en nuestros días. Han desaparecido actores, han emergido nuevos problemas y se han implantado tendencias difícil de comprender hace tan sólo 10 años.
3.- La política de defensa, el instrumento último para garantizar la seguridad nacional e internacional, debe por fuerza ajustarse a las nuevas condiciones y encontrar respuesta a los nuevos retos. Ese ejercicio de adaptación encuentra un excelente vehículo en el ejercicio de una revisión estratégica. En ese sentido cabría congratularse que esta primera revisión estratégica de la defensa española vea la luz en unas circunstancias complejas, trufadas de promesas de cambio, pero también de incógnitas.
4.- Ahora bien, nada más necesario en momentos de incertidumbre que evaluar apropiadamente las circunstancias que rodean la defensa nacional, esto es, el entorno estratégico, y las modificaciones que en él se están produciendo. De ahí que sea comúnmente aceptado que todo planteamiento o visión estratégica de la defensa comience por una descripción del marco general en el que se mueve. Y esta revisión que hoy se presenta no es una excepción.
5.- Es en el primer capítulo donde se condensa esta descripción, descripción, además, que pone de relieve la forma de entender el mundo. Es a la vez, por tanto, una descripción y una expresión de una visión determinada.
6.- No quisiera ni puedo ser exhaustivo en la enumeración de todas las variables que se contemplan en este primer apartado de la Revisión, pero sí me gustaría centrarme en algunos aspectos que me parecen muy relevantes.
7.- En primer lugar las referencias al cambio tecnológico, a la llamada revolución de los asuntos militares, concepto que pasa del discurso académico a integrarse en un texto oficial, como ya ocurriera por lo demás en otros países. Es indudable que al mundo en general, y a la defensa en particular, la evolución acelerada y la explotación de las tecnologías de la información (desde nuevos sensores a mejores ordenadores, software, y capacidades de transmitir y difundir datos en tiempo real) están ofreciendo nuevas capacidades. Pero esta “revolución” no es sólo tecnológica. Al igual que la generalización del microondas en los hogares ha cambiado los hábitos culinarios de buena parte de la sociedad, las nuevas tecnologías, para ser debidamente explotadas por las fuerzas armadas, tenderán a modificar la forma de dar respuesta a los problemas, a la vez que resolverán parte de los nuevos. Por continuar con el símil del microondas, uno lo puede utilizar para calentar una taza de agua en lugar de poner un cazo al fuego, o puede recurrir a platos precocinados que nunca hubiera preparado por sí mismo. Recuerden, si prefieren, el empleo del carro de combate, tan diferente en la Primera Guerra Mundial de la Segunda. O el caso de los Predatos, mucho más reciente.
En ese sentido, el planteamiento que hace la revisión del reto y promesas de la llamada Revolución de los Asuntos Militares, deja la puerta abierta a futuras reflexiones y sitúa a nuestra defensa en línea con lo que se está pensando y realizando en otros países de nuestro entorno.
8.- El segundo aspecto que quería mencionar tiene que ver con los cambios sociales. Es innegable que las sociedades postmodernas europeas entiende el uso de la fuerza de manera muy distintas a las sociedades de hacer 3, 4 o 5 décadas. Se puede recurrir a explicaciones demográficas (la caída de la natalidad y la reducción del número de jóvenes) o de valores (el hedonismo y el individualismo imperante y a la creciente pérdida de capacidad de sacrifico colectivo). Helecho es que nuestras sociedades entienden mal el recurso a la fuerza. En nuestro país –y no es una anormalidad en nuestro entorno- la opinión pública refleja su acuerdo con las misiones de paz, pero no quiere saber nada de campañas bélicas, de destrucción, de combates prolongados, de bajas propias, de civiles muertos por errores, y de enemigos eliminados. Durante toda una década nos hemos podido permitir esta amnesia histórica de que la guerra es el horror, como la describía el Gral. Sherman, porque nuestros intereses vitales no se han visto en peligro. Ahora que pueden estar en juego por individuos como Saddam Hussein y el terrorismo internacional, es necesario un esfuerzo pedagógico para reconducir esa visión idílica alimentada en los 90. Es de esperare que esta Revisión estratégica contribuya a mejorar esa necesaria conciencia social sobre la defensa y la seguridad.
9.- Por último, quería referirme de pasada a un tercer aspecto: la nueva sensación de vulnerabilidad desatada tras los dramáticos atentados del 11-S. Mucha gente, a tenor de las encuestas, ha entendido que las sociedades liberales y abiertas son muy vulnerables frente a gente fanática, dispuestas a dar su vida en un atentado. Y también ha comprendido de golpe que grupos como Al Qaeda no son una panda de alocados amateurs, sino un peligro real. La guerra contra el terrorismo plantea nuevos problemas a las fuerzas armadas. Se han borrado las nítidas fronteras entre seguridad interior y exterior, es necesario prevenir el terrorismo antes de que sea capaz de provocar una auténtica masacre y es necesario combatirlo de manera global. Todo eso exige un profundo replanteamiento de las misiones y de las capacidades militares. Esta Revisión también deja la puerta abierta a dicha reflexión.
10.- En suma, a pesar de haberse gestado en tiempos de gran incertidumbre, la Revisión, a mi juicio, tiene el mérito de haber intentado captar lo que perdura y lo que está naciendo en el nuevo entorno estratégico y haberlo puesto como el marco lógico de toda una cadena de consecuencias para nuestra defensa y las fuerzas armadas. ¿Está escrita en piedra los planteamientos de esta Revisión? Claramente no, porque no era ese su propósito. Lo que sí hace es poner la primera piedra de un gran edificio como es la reflexión estratégica española. Y contribuye de esa manera a que la futura segunda revisión, cuando sea necesario producirla, se fundamente en sólidos pilares.