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La tecnología es amoral, la gente es otra historia
Colaboraciones nº 743   |  11 de Enero de 2006
 
El debate sobre las escuchas antiterrorismo centran la atención pública en el nexo entre la tecnología y la política y cómo las dos afectan nuestras vidas. La respuesta corta es el poder – que incluye informática y telecomunicaciones – y que puede ser una fuerza del bien o del mal, depende de sus usuarios y de las partes interesadas.
 
Desde la caída de la Unión Soviética, el poder de la informática y las comunicaciones ha irrumpido en todo el mundo. A pesar de estos increíbles avances, muchos gobiernos han sido lentos para mantener el ritmo con estos cambios y desgraciadamente eso ha obstaculizado los esfuerzos para detener la expansión del terrorismo.
 
Áreas que alguna vez estuvieron aisladas, ahora están conectadas a la red, intercambiando información a la velocidad de la luz. En Oriente Medio y Eurasia, aunque van atrasados en relación con el desarrollado Occidente, el uso de las telecomunicaciones está en rápido ascenso, especialmente entre la gente joven.
 
Desde el año 2000, el uso de Internet en Rusia ha crecido más de un 600%. En la actualidad, de 144 millones de rusos, más de 22 millones están conectados a la red, más del 15% de la población. Estos usuarios rusos de la red son básicamente jóvenes, personas mejor educadas que probablemente serán más activas políticamente. El uso ruso de Internet probablemente crecerá tanto como un 25% por año.
 
Y los teléfonos móviles se han convertido en algo común en toda Eurasia. En 1996, sólo 10.000 rusos eran propietarios de móviles a un precio de 2.000 dólares cada uno. Hoy en día, 80 millones de rusos – el 60% de la población – tienen uno y el precio ha caído a 100 dólares. En Moscú y San Petersburgo, más del 90% de los residentes son dueños de teléfonos móviles. A pesar que mucho del mercado metropolitano está saturado, los inversionistas occidentales han aclamado el mercado ruso de móviles como uno de los que crecen más rápidamente en el mundo, debido en gran parte a que muchos rusos viven en las afueras de los centros metropolitanos y fuera del alcance de las tradicionales líneas telefónicas.
 
Mientras que el uso de los móviles se ha disparado en Oriente Medio, el uso de Internet aún sigue atrasado.
 
Con tantas herramientas a su disposición, los agentes y grupos del cambio político han aprovechado esta tecnología en 3 grandes formas: Para distribuir propaganda, hacer investigaciones y facilitar la coordinación.
 
En los cimientos de esta revolución se encuentra Internet, el medio que, sin duda alguna, ha provocado la completa reestructuración de los medios masivos de comunicación.
 
Antes de la llegada de Internet, los movimientos políticos de oposición tenían el trabajo ya diseñado para ellos. Tenían que reunirse con gente, tramar a puertas cerradas, sabotear a los adversarios; cosas que generalmente tomaban muchísimo tiempo y esfuerzo antes de que hubiera la posibilidad de recoger alguna recompensa. 
 
Hoy, ese proceso funciona de manera un poco distinta. Con tan poco como 100 dólares y una línea de teléfono, casi cualquiera puede crear su propio proyecto político favorito vestido en pijamas, sin importar su apariencia, carisma o higiene.
 
Sólo 10 años atrás, hubiese sido difícil por un grupo radical como el Hizb al-Tahrir al-Islami (Partido islámico de la liberación) conseguir una cantidad importante de fondos dado su bajo perfil en la escena mundial. Hoy esa misma organización está recaudando millones de dólares cada año gracias a una página web que es fácil de encontrar y que se puede leer en árabe, turco, inglés, ruso, holandés y danés.
 
Y eso es ciertamente la parte más light de esta iniciativa. Los vídeos de civiles y militares americanos y aliados, al igual que de rusos, nepalíes, coreanos, israelíes y otros, siendo decapitados, circulan en el ciberespacio.
 
Dado el enorme potencial de propaganda, para recaudar fondos y de reclutamiento, la triste realidad es que Internet es y seguirá siendo el medio de preferencia de los grupos radicales; inquietante testamento al poder y al ritmo de la innovación.
 
Además de la propaganda, los grupos radicales también han empezado a usar la tecnología para llevar a cabo investigaciones. En la red se puede encontrar a la disposición de cualquiera,  millones de páginas sobre cómo fabricar bombas, explosivos, construcción de misiles, comando y control e incluso técnicas de asesinato. Usando un ordenador y una línea telefónica, uno puede lograr un “título” en operaciones terroristas o acelerar la producción de armas químicas y biológicas. Al igual que Ud. puede planificar sus próximas vacaciones usando Internet, los terroristas y revolucionarios políticos están empezando a usar la red para investigar objetivos y planes de ataque.
 
Se ha informado que al Qaeda ha estado usando data mining (minería de datos) para seleccionar objetivos en potencia, usando los mismos métodos que las compañías usan para encontrar clientes. Recopilando inteligencia de posibles objetivos, especialmente nodos económicos importantes y entrando esa información en una base de datos, los grupos terroristas pueden identificar debilidades estructurales en instalaciones así como también pueden predecir los efectos totales más generalizados de un ataque.
 
Finalmente, los grupos terroristas usan tecnología moderna para comunicarse, coordinar operaciones o controlar actividades políticas. La conexión de redes y los teléfonos móviles dan enormes ventajas en alcance y velocidad para diseminar datos. Son indispensables para controlar pequeños grupos de gente en tiempo real, algo que no estuvo disponible para comandantes, jefes espías, oficiales y operativos en la era de la Segunda Guerra Mundial.
 
Los operativos de al Qaeda dependieron enormemente de Internet para planificar y coordinar los ataques del 11-S. Los funcionarios federales encontraron miles de mensajes encriptados que habían sido enviados desde un área con contraseña de un sitio web en el ordenador de Abu Zubaydah, uno de los cerebros de los ataques del 11-S. Para mantener sus identidades en secreto, los terroristas usaron Internet en lugares públicos como cafés de Internet y se comunicaron usando cuentas gratuitas de correo web como Hotmail.
 
A medida que la tecnología moderna, como Internet y los móviles, se convierten en algo generalizado, los gobiernos se enfrentarán a mayores desafíos tecnológicos por parte de grupos revolucionarios y de terroristas que buscan el cambio político.
 
Los gobiernos han escogido usar la tecnología moderna de la información para mantener archivos, intervenir teléfonos, vigilar los movimientos de la gente, filmar, fotografiar y procesar imágenes digitalmente. Pueden seguirle la pista al dinero usando sistemas bancarios computarizados, historial de tarjetas de crédito, movimiento de billetes de dólar, muchas veces para buenos fines pero a veces para malos.
 
Cuando las revoluciones democráticas avanzaron en Europa del Este a finales de los años 80, muchos creyeron que el ritmo rápido de la innovación tecnológica en comunicaciones era una señal de progreso. Al igual que con muchos otros pasados logros, las herramientas de las nuevas comunicaciones no obstante pueden servir para promover el cambio político, sea por la libertad o por el terrorismo.
 
La tecnología no es ni ética ni inmoral. La gente lo es. El desafío al que todos nos enfrentamos es estar a la vanguardia de la curva tecnológica y legislativa para garantizar que se use para hacer el bien y no el mal.

 
 
Ariel Cohen es miembro investigador de estudios rusos y euroasiáticos en el Instituto Kathryn y Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales de la Fundación Heritage.
 
©2006 The Heritage Foundation
©2006 Traducido por Miryam Lindberg
 
GEES agradece a la Fundación Heritage el permiso para publicar este artículo.


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