En los círculos contrarios al derrocamiento de Saddam Hussein, una palabra está en boca de todos estos días: calendario.
Habiendo fracasado al no detener la guerra que liberó Irak, y frustradas sus esperanzas de insurgentes desfilando triunfantes por Bagdad, se han centrado ahora en un único tema: la retirada de las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos. Algunos quieren que esto ocurra inmediatamente, mientras que otros están dispuestos a conceder unas cuantas semanas o meses.
Aquellos políticos Demócratas de Washington que habían respaldado la guerra con tanto entusiasmo como George W Bush utilizan ahora el tema de la retirada como medio de distanciarse de sus posiciones iniciales. Los reaccionarios árabes que se estremecieron de emoción ante el pensamiento de un déspota derrocado por la intervención exterior se aferran ahora al lema de la retirada, con la esperanza de sabotear el proceso de democratización en Irak. En Europa, los antiamericanos profesionales de todo pelaje intentan ocultar su desnudez política con la hoja de parra de “la retirada”.
La verdad sin embargo es que ha existido en vigor un calendario desde el primer día de la guerra que puso fin a la tiranía ba'azista en el 2003. En ese calendario, la presencia militar de la coalición en Irak está vinculada al programa de reconstrucción política de la nación, como debería ser. En otras palabras, las fuerzas de la coalición están en Irak con el fin de lograr una tarea política precisa, y no para proporcionar a Estados Unidos o a cualquier otra potencia extranjera una plataforma de expansión en Oriente Medio.
El gran objetivo de esa tarea era arrancar el poder de las manos de un exclusivo grupo liderado por Saddam Hussein para entregarlo de nuevo al pueblo de Irak. La idea no era imponer la democracia sobre Irak, como afirman algunos círculos anti-liberación. La idea era eliminar los obstáculos a la democratización de Irak. Los iraquíes no son forzados hoy a crear una democracia. Pero tienen la oportunidad de hacerlo, si quieren. La tarea de la coalición consistía en proporcionarles la oportunidad. Y en ese sentido, el proyecto de Irak ha sido un tremendo éxito.
La tarea de conceder a los iraquíes esa oportunidad consiste en una serie de objetivos, muchos de los cuales ya han sido logrados, a menudo mascullados entre los dientes de la trapacería diplomática de las potencias anti-liberación y de la insurgencia nihilista por parte de la mayor coalición de terroristas que ha visto la región en la historia reciente.
Cualquier lista de objetivos mostraría claramente que el proyecto iraquí ha tenido mucho más éxito de lo que a los nostálgicos de Sadam les gustaría mostrar. El primer objetivo, derrocar a Saddam Hussein, se logró en tres semanas. El siguiente objetivo era quebrar el aparato de opresión creado por el Ba'az. A pesar de algunos problemas residuales, también ese objetivo se ha logrado. Otro objetivo era inutilizar la maquinaria bélica de Sadam que había sido utilizada contra los vecinos de Irak, así como contra kurdos y chi'íes. Tras sólo tres años, y no queda nada de esa maquinaria infernal.
Uno continuaría la lista con la formación del Consejo de Gobierno, representando el primer paso hacia la restauración de la soberanía iraquí.
A continuación tenemos la transferencia de la soberanía a los iraquíes, que se lograba en junio del 2004.
Eso fue seguido por la formación de un gobierno interino, una serie de elecciones municipales, unas elecciones generales que llevan a la formación del primer gobierno pluralista de Irak, la redacción de una nueva constitución, y un referéndum para aprobarla. El siguiente punto de la lista son las elecciones generales programadas para el 15 de diciembre.
La lista de puntos muestra claramente que todo objetivo incluido en el programa político se ha logrado en el plazo temporal preciso marcado por la nueva directiva iraquí y sus aliados de la coalición.
Un elemento relevante en todo esto ha sido el entendimiento explícito tanto por parte de los líderes iraquíes como por parte de la coalición de que no quedarán tropas extranjeras sobre suelo iraquí que no cuenten con el acuerdo expreso de los representantes electos de la nación. En otras palabras, el calendario de retirada ya existe, y el mecanismo para iniciarlo podría ser accionado por el parlamento y el gobierno que surgirán de las elecciones generales el mes que viene.
De hecho, el primer punto de la agenda del próximo gobierno electo, a constituirse hacia el próximo febrero como muy tarde, consiste en la decisión de la presencia de las tropas de la coalición en Irak. Fue comprendiendo eso que Naciones Unidas acordó poner fin a su postura enormemente negativa en Irak y jugar el papel de ayuda al país en los esfuerzos por construir un nuevo sistema político.
Estados Unidos y todos sus aliados de la coalición están igualmente comprometidos a retirar sus tropas si ése es el deseo expreso del próximo parlamento y gobierno electos de Bagdad.
Los iraquíes procedentes de todos los contextos étnicos, religiosos y políticos son unánimes en su deseo de ver abandonar su país a todas las fuerzas extranjeras tan pronto como sea posible. La cuestión que les divide es el marco temporal dentro del cual debería tener lugar la retirada.
Con la excepción de la banda criminal de Zarqawi y sus aliados ba'azistas residuales, casi nadie en Irak quiere una retirada inmediata de las fuerzas de la coalición. Los iraquíes saben que su país se encuentra ubicado en una región difícil, con vecinos depredadores en los que no se puede confiar. Ven la presencia de las fuerzas de la coalición como una especie de seguro político contra una intervención aún más brutal en sus asuntos por parte de varios vecinos de Irak.
La idea de un calendario para la retirada de Irak ha sido construida en un proyecto entero desde el primer día. Fue comprendiendo eso que el pueblo iraquí eligió no luchar por Sadam, permitiendo así alcanzar una victoria militar fácil y rápida a las fuerzas de la coalición. Ese hecho sentó el contrato moral entre el pueblo de Irak y la coalición liderada por Estados Unidos en calidad de co-liberadores del país. La parte del asunto del pueblo de Irak era no evitar el desmantelamiento de la maquinaria ba'azista de represión y guerra y dar la bienvenida a la construcción de un nuevo sistema político. La parte del contrato de la coalición era proteger a Irak de sus enemigos internos y externos hasta que fuera lo bastante fuerte como para cuidarse a sí mismo.
En las elecciones generales y referéndum constitucional celebrados este año, el pueblo de Irak aprobaba formalmente ese contrato. La coalición, por su parte, tiene que continuar haciendo honor a ese contrato hasta que el nuevo Irak se sienta lo bastante fuerte como para despedirse de sus liberadores.
Ese momento podría llegar como pronto la próxima primavera. Pero también podría llevar otro año o dos. Mi comprensión de la situación en Irak hoy es que el grueso de las fuerzas de la coalición podría retirarse con seguridad en algún momento del año que viene.
La insurgencia, que ya ha perdido la batalla política, se orienta hacia marcar nuevos máximos en términos de la violencia que sea capaz aún de provocar contra el pueblo iraquí. Y si el funcionamiento reciente de las nuevas fuerzas armadas de Irak en una serie de operaciones en dos provincias occidentales es una indicación, los iraquíes serán capaces de hacer frente a la insurgencia por su cuenta en lo que respecta a asestarle el golpe de gracia.
Lo que importa, sin embargo, es que decidir el momento y la modalidad de la retirada depende del pueblo de Irak y de sus aliados de la coalición. Es un juicio que no podría decidir nadie ajeno... Aquellos que se opusieron a la liberación, y aquellos que han hecho todo lo que han podido para deshacerla no tienen ningún derecho moral a unirse al debate.