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Primeras escaramuzas en la guerra civil de Eurabia
Colaboraciones nº 685   |  2 de Diciembre de 2005
 
(Publicado en The Daily Telegraph, 8 de noviembre de 2005)
 

Según su Office du Tourisme, se supone que el gran acontecimiento de Evreux este último fin de semana es la fête de la pomme, du cidre et du fromage anual en la Place de la Mairie. En lugar de ello, en esta encantadoramente llameante ciudad catedralicia de Normandía, un centro comercial, una oficina de correos, dos escuelas, hasta 50 vehículos y, oh sí, la comisaría de policía, fueron destruidas por - ¿cuál es la palabra? - “jóvenes”.
 
Acerca de la Place de la Mairie, M le Maire en persona, Jean-Louis Debré, parecía enfrentado a la idea misma de que debiera permitirse que un soupçon de carnage alterara la cata de quesos. “Cientos de personas han hecho pedazos todo y extendido la desolación”, declaraba a los reporteros. “Bien, ellos no forman parte de nuestro universo”.
 
Quizá no, pero desafortunadamente usted sí forma la parte del suyo.
 
Debré, un amigacho próximo al Presidente Chirac, estaba algo contrariado por las cifras. Se estimaba que había 200 “jóvenes” actuando con violencia por todo Evreux. Con bates de béisbol. Hirieron, entre otros, a una docena de bomberos. “Para aquellos responsables de la violencia, quiero decir: ¡sed serios!”, declaraba Debré a la emisora France Info. “Si queréis vivir en una sociedad más justa y fraternal, así no es como se llega”.
 
Oh, vaya. ¿Quién no “está siendo serio” aquí? En Normandía, el queso no es lo único suave y fluido. Vale que la esclerótica y sobre regulada economía de Francia obstaculiza profundamente la movilidad social de los inmigrantes, pero ni siquiera Debris[1] - ups, perdón - ni siquiera el Sr. Debré puede ser tan ajeno a la realidad como para pensar “en serio” que los alborotadores están alborotando por “una sociedad más justa y más fraternal”. Pero quizá él sí. La clase política y los medios parecen servir como refuerzos mutuos de sus obsoletas alucinaciones. O en palabras del titular de Washington Post: “La ira de los jóvenes franceses es una lucha por el reconocimiento”.
 
En realidad, son muy fáciles de “reconocer”: sólo mire por la ventana, son los que están prendiendo fuego a tu Renault 5. Apostaría a que “los jóvenes” “franceses” encuentran ese titular tan ridículo como los Jets en West Side Story hace medio siglo, cuando reprochaban al oficial Krupke las tentativas de la “sociedad” por “comprenderles”: somos depravados porque vivimos privados. Quizá algún empresario teatral de París monte una producción de West Eid Story[2], con pandillas coreografiadas de musulmanes norteafricanos bailando por toda la Place de la Republique, incinerando por donde pasan.
 
De hecho, la “ira” parece ser lo de menos: es la “alegría” y el “desprecio” lo que te sorprenden. E “ira” en el sentido de cólera espontánea es una caracterización cogida por los pelos de lo que, después de dos semanas, se parece a una campaña bastante inteligente y disciplinada. Este tema de la quema de coches, por ejemplo. En Irak, los “insurgentes” cogieron al vuelo lo de prender fuego a algún Nissan de segunda mano en el momento exacto para que su columna de humo fuera grabada convenientemente desde el balcón del hotel de la prensa a tiempo para el programa Today de la NBC y Good morning, America. Durante un rato, cada vez que cambiadas en la televisión de América, había algún presentador agorero largando frente al escenario en directo de un Honda Civic en llamas - tan seguro en su familiaridad como esa emisora local de una parte u otra de Norteamérica (Thunder Bay, creo) que solía mostrar una chimenea como su carta de ajuste toda la noche. Lo que el crítico australiano Tim Blair llama la barbacoa nocturna de coches en París queda genial en televisión, pero sin ser lo bastante criminal para reforzar al estado a reducir a la insurgencia por la fuerza.
 
De hecho, es una táctica casi perfecta si tu objetivo es tener al estamento francés al completo estremeciéndose en modo equilibrador de agravios hasta que les hayas sacado tantas concesiones políticas como puedas. Mírelo de esta forma: después de dos semanas, ¿qué prestigio ha sido realzado más? ¿El de los alborotadores? ¿O el del alcalde Debré, el presidente Chirac o el primer ministro deVillepin? En todo frente de estas dos últimas semanas, el estado francés ha sido puesto a prueba, y sólo trasmitió debilidad.
 
En cuanto a los “jóvenes” “franceses”, un lector de Antibes me advierte de no caracterizar a los alienados como “islamistas”. “Mire las fotografías de los jóvenes”, aconseja. “Parecen gángstas de Los Ángeles, no profetas de medio pelo con turbante”.
 
Dejando a un lado que lo que me llega es algo más que unos cuantos gritos de “¡Aláhu Ajbar!” en las calles, mi corresponsal está en lo cierto. Pero ésa es la idea. El primer país en abrazar formalmente el “multiculturalismo” - hasta el punto de concederle un puesto de gabinete - fue Canadá, en donde se vendió como forma de polinización cruzada cultural benigna: lo mejor de todos los mundos. Pero en la práctica totalidad de las ocasiones nos da lo peor de todos los mundos. Hace más de tres años, escribía acerca de la “tournante” o “coge la vez” - la violación en grupo que se está convirtiendo en el rito de iniciación a la adolescencia en los barrios musulmanes de las ciudades francesas – y fenómenos similares por todo Occidente: “Multiculturalismo significa que los peores atributos de la cultura musulmana - la subyugación de las mujeres - se combinan con los peores atributos de la cultura occidental - la licencia y la autosatisfacción. Las pandillas de cabezas rapadas paquistaníes tatuados y con piercings armando follón por las calles de las zonas del norte de Inglaterra son tan producto del multiculturalismo como el sikh de turbante del club vice-regal”. El propio islamofascismo es lo que dice: una fusión de la identidad islámica con la vieja escuela de totalitarismo europeo. Pero, ya sea con turbantes o cadenas gangsta, igual que el Comunismo en su momento, el Islam es la ideología preferida de los descontentos del mundo hoy.
 
Algunos de nosotros creemos que esto son las primeras escaramuzas de la guerra civil de Eurabia. Si los insurgentes emergen reforzados, ¿qué queda? En cinco años, habrá aún más, y aún menos resolución por parte del estado francés. Es probable que eso, a su vez, acelere el declive demográfico. Europa podría afrontar una versión del fenómeno “white flight” a nivel continental observado en las ciudades americanas corroídas por el crimen durante los años setenta, mientras daneses y holandeses huyen despavoridos a América, Australia o cualquier parte que los acoja.
 
En cuanto a dónde cae Gran Bretaña en este difícil panorama, hace unos meses observé que los lectores del Telegraph habían comenzado a cerrar sus melancólicas misivas destinadas a mi con las palabras, “Afortunadamente, no viviré para verlo” - una firma que ahora es tan rutinaria en mi buzón que asumí que era la versión británica de “Que tenga un buen día”. Pero ése es un consuelo falso. Como Francia nos recuerda esta última quincena, los cambios en Europa están teniendo lugar mucho más rápido de lo que pensaba la mayoría de la gente. Ese es el problema: a menos que planees palmarla inminentemente, vivirás para verlo.

 
 
 
 
Mark Steyn escribe sobre política, arte y cultura y sus textos se pueden leer en en medios de habla inglesa en todo el mundo. Es columnista de The Chicago Sun-Times, el quinto diario más leído en America, también aparece en The New York Sun, The Washington Times, y The Orange County Register en California. Mark realiza colaboraciones habituales para The Jerusalem Post.
 
Notas


[1] Debris, escombro, hace un juego de palabras con Debré, el nombre del alcalde.
[2] Juego de palabras de West (Side) Story y el Eid, último día de la fiesta del ramadán.


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