El antiamericanismo ha sido y sigue siendo uno de los más grandes errores de las sociedades democráticas, especialmente de las europeas. Su origen es tan variado como específico en las diversas áreas geográficas y culturales del mundo. Aquella obsesión antiamericana de la que escribió tan acertadamente Jean-Françoise Revel es notable en España, en un antiamericanismo de raíz ideológica, surgido, arraigado y difundido sobre todo por las izquierdas políticas. Resulta así que el deprecio a Estados Unidos, a sus formas de vida y particularmente a la derecha liberal-conservadora norteamericana, responde a varias causas. En lo que toca al antiamericanismo en España, surgido desde las izquierdas políticas, una de sus causas más destacadas es la falta de verdadera información, la carencia de datos contrastados y ajustados que llevan al ciudadano a recibir informaciones a menudo adulteradas de la vida política y de los acontecimientos diarios en Estados Unidos.
Durante los años del Gobierno de José María Aznar fue notable su dejadez y su descuido en cuanto a la política de medios de comunicación. Esa carencia desembocó en una deficiente información que fue bien aprovechada entonces y ahora por el socialismo, en particular respecto a la exposición de las relaciones de España con Estados Unidos y la administración de George W. Bush. Así se explica la deficiente información dada sobre cuestiones vitales para España como la necesaria alianza con Estados Unidos en la implacable lucha contra el terrorismo. La Guerra de Irak, tan necesaria como mal explicada en España, permitió a las izquierdas internacionales –y en ellas al socialismo y comunismo español- realizar una sectaria campaña tan falsa como denigratoria contra el gobierno Aznar al hilo de falacias, exageraciones y mentiras sobre Irak y con acompañamiento del odio innato de las izquierdas contra Bush. Fue la manipulación, el uso y el abuso de un cierto e inherente antiamericanismo en algunas capas de la población española. La llegada al gobierno de la izquierda socialista significó un énfasis en ese desprecio contra Estados Unidos y, especialmente, ante la figura del Presidente Bush.
La permanente desinformación y la tergiversación mediática dirigida y orquestada sistemáticamente por el gobierno socialista y por los grupos mediáticos ligados a él -que son casi todos en España, a excepción de unos pocos- explican la confusión general sobre el verdadero significado del papel de Estados Unidos en el mundo y, particularmente, sobre la defensa realizada desde Washington a favor de los principios de libertad, seguridad y justicia. Tales son los ideales que guían al pueblo norteamericano, a su Gobierno y, en especial, a la derecha liberal-conservadora norteamericana. Como muestra de las constantes desinformaciones sobre Estados Unidos en general, el lector interesado puede recurrir a los artículos publicados en español por la
Atlantic-Pacific Alliance encaminados a esclarecer muchas de las tergiversaciones que se realizan en los medios de comunicación españoles sobre y en contra de Estados Unidos.
En medio de ese laberinto de desinformaciones, vale la pena aclarar algunas otras cosas a fin de que el lector pueda entender el desvarío ideológico del socialismo gobernante en España y el abismo al que los errores de sus políticas antiamericanas están llevando a nuestro país. No podríamos, aunque quisiéramos, realizar aquí un profundo análisis de la cuestión del antiamericanismo, pero sí al menos llamar la atención sobre el uso y el abuso de falsos argumentos contra la política exterior de Estados Unidos y, particularmente, de la realizada por Bush. Sin embargo, sí resulta necesario ejemplificar algo a la luz de un reciente estudio publicado hace unos días en el Real Instituto Elcano, que verifica los trasfondos de la visión antiamericana y el gusto del sectarismo socialista por reinventar la historia y presentarla.
Entre los errores políticos de quienes en la actualidad abanderan y dirigen el PSOE aparece, por encima de todos, el de disminuir el valor y el liderazgo de los Estados Unidos y, particularmente, de la actual administración Bush. Es por eso que las siglas de ese partido también podrían aludir al del “Partido Socialista Opuesto a España”: opuesto en fondo y forma, más allá de cuestiones particulares internas ligadas a estatutos y secesionismos. Nos referimos a una oposición real en las izquierdas peninsulares dirigidas por el socialismo a que España sea parte de los países más y mejor aliados con Estados Unidos.
El lector recordará sin demasiada dificultad las permanentes acciones de falta de respeto a nuestra alianza con Estados Unidos por parte del socialismo: desde la cobarde huída de Irak hasta la falta de respeto del líder socialista español –José Luis Rodríguez Zapatero- frente a la bandera norteamericana en el Día de la Hispanidad de 2003, pasando por los abrazos a los dos últimos dictadores que aún pululan por Hispanoamérica -léase Cuba y Venezuela-. No contentos todavía con todo eso, el pasado septiembre de 2005 el mismo Zapatero, ya como presidente del Gobierno, criticó demagógicamente a Bush por hacer de la lucha antiterrorista una prioridad internacional “única” y olvidarse de la lucha contra el hambre, la miseria o la defensa del medio ambiente.
En su peor momento desde su llegada al Gobierno en 2004, la retórica socialista llevó en noviembre de 2005 al segundo hombre del socialismo español -el secretario de organización del PSOE, José Blanco- a afirmar con despecho que si Mariano Rajoy –líder de la derecha española- hubiese ganado las elecciones en 2004, España seguiría hoy apoyando a Bush. Estas declaraciones confirman que el socialismo y sus alianzas antiliberales de izquierdas en España, faltos de proyectos y ya en precipitada caída, han optado por insistir en el antiamericanismo como forma de convencer a sus electores. De paso, arrecian los ataques contra Bush, el uso y el abuso de la Guerra de Irak como argumento de despiste y como método para intentar recuperar el cada vez menor apoyo de la ciudadanía española.
En un acto organizado en Asturias por una agrupación socialista local, José Blanco señaló textualmente que con la derecha en el gobierno "España seguiría en Irak, el Gobierno seguiría apoyando a Bush y, probablemente, estaríamos implicados en algunas de esas cosas que avergüenzan al mundo entero". En lo primero acierta Blanco y ojalá fuera ése el caso para el bien de una España comprometida con los valores liberales-conservadores de la actual administración norteamericana. En lo segundo, lo de algunas cosas que “avergüenzan” al mundo entero, Blanco vuelve a pecar de lo mismo que predica. Porque vergüenza es para el mundo y para todos los españoles la paulatina labor de desmantelamiento de la Constitución Española que su partido está realizando en España. Porque vergüenza es desinformar a través de la televisión pública de las realidades de la Guerra de Irak, del huracán Katrina y de la vida política norteamericana.
Porque vergüenza es, asimismo, mentir a la ciudadanía respecto a la permanente falsificación que hacen algunos de los miembros destacados de su partido sobre la inmensa mayoría de las cuestiones de interés nacional, incluida la veracidad de los méritos y los currículos de algunos conocidos integrantes y figuras políticas de su partido. No cabe, pues, mayor bajeza moral que apuntar a otro lado cuando el propio mensajero blanquecino está amparando el resurgimiento de la corrupción y la falsificación en las filas de su mismo partido a costa de la benevolencia de la ciudadanía. Con todo, este tipo de afirmaciones –tan demagógicas como infundadas- confirman el pelaje de quienes hoy lideran el gobierno de España. La manipulación por vía del uso y del abuso de ese ramplón antiamericanismo se apoya en la mencionada desinformación y parte de un cuidadoso esfuerzo del gobierno socialista en provocar tal visión negativa sobre Bush y la derecha norteamericana entre el público general.
El objetivo final, al igual que en las bananeras repúblicas del caudillismo populista chavista y de la dictadura castrista, es generar confusión al ciudadano respecto a la realidad de la democracia norteamericana. El propósito es censurar los valores de los Estados Unidos y, sobre todo, de la administración Bush. Ante la negligente labor de los escasos dos años en el gobierno de España, al socialismo no les queda otra opción ahora que volver a sus raíces y encontrar refugio en el ataque a Bush por vía de la Guerra de Irak, las filtraciones de la CIA y otras historias que se engalanan de falsedades con el apoyo de poderosos grupos mediáticos. Para ello, cuentan los socialistas con toda una quinta columna de prensa y medios de comunicación a su servicio, con periodistas tan sectarios como cegados por el poder y que incluyen tanques de ideas adaptados a los nuevos tiempos y a los nuevos mandatarios, como ocurre ahora con el Real Instituto Elcano, rebautizado y articulado en pro del socialismo (des)gobernante. Tal es la democracia y la libertad de expresión de las izquierdas en España.
Precisamente, un reciente estudio del Real Instituto Elcano sobre
el antiamericanismo en España resulta harto iluminador para comprobar el uso y abuso del control del poder y de los tanques de la (des)información por parte del socialismo y sus allegados. El estudio al que nos referimos viene firmado por William Chislett, un periodista que el pasado mes de abril de 2004, o sea, unas semanas después del vuelco electoral tras el 11-M, inició sus colaboraciones en inglés para dicho Instituto. Según el estudio de Chislett, y a la luz de un sondeo realizado por la “German Marshall Fund” los españoles son los europeos más antiamericanos si excluimos a los turcos. El sondeo refleja que los ciudadanos europeos puntúan a los norteamericanos con un 55 de media (en una escala de 1 a 100). Por encima se colocan los ingleses e italianos (un 57) y los polacos (con 56), estando el resto de los países entre 50 y 55. La valoración más baja entre los europeos sobre los Estados Unidos corresponde a Turquía (con 28) y en segundo lugar a España (con 42), siendo ambos los dos países que más bajo valoran a los estadounidenses.
El autor del estudio afirma, además, que existen seis elementos principales que con los años han ido moldeando los sentimientos de los españoles en contra de los Estados Unidos. Se citan allí textualmente: 1) la guerra hispano-americana de 1898; 2) el apoyo de Washington a Franco tras la Guerra Civil Española; 3) el Pacto de Madrid de 1953; 4) el poco entusiasmo mostrado por Estados Unidos en apoyar la transición española hacia una democracias tras la muerte de Franco; 5) el apoyo de la administración Reagan a las dictaduras militares de América Latina; y 6) la invasión estadounidense de Irak en 2003.
No entraremos a discutir aquí con detalle tan cuestionables premisas, pero sí vale decir algunas cosas. Primero, la guerra hispanoamericana de 1898, conocida en España como la Guerra de Cuba, queda ya muy lejos para los españoles de inicios del siglo XXI. Segundo, el apoyo de Washington a Franco fue tan ambiguo como relativo, según muestra la ausencia de un verdadero Plan Marshall para España. Tercero, el Pacto de Madrid con Eisenhower debe entenderse no como un apoyo a la España de Franco sino como parte de la estrategia norteamericana contra el comunismo en medio de la Guerra Fría. Cuarto, EEUU no se interpuso jamás en el reconocimiento de la necesidad de la democracia para España y colaboró en la reinstauración de la monarquía, como prueba la excelente relación de la Corona Española con Estados Unidos, incluida la familia Bush y el actual presidente. Quinto, Reagan –siguiendo la teoría política norteamericana del mal menor- entendió la necesidad de erradicar el comunismo en Hispanoamérica y las actuales democracias en Chile o Nicaragua ejemplifican su visión y su acierto. Eso, claro está, sin mencionar el apoyo dado por Reagan a Inglaterra contra la dictadura militar argentina a inicios de los ochenta. Sexto, la calificación de “invasión” de Irak refleja lo fallido de las premisas pre-concebidas de este estudio y la visión que lo guía.
En resumidas cuentas, la lectura de este estudio hace obvio el sectarismo de su autor al exponer informaciones bastante cuestionables desde el punto de vista histórico y detalles que apuntan a una notable voluntad de subvertir la realidad de la historia española del siglo XX y tomar apoyaturas históricas filtradas sobre los gustos de las izquierdas socialistas hoy en el poder. Así, por ejemplo, el autor escribe textualmente de “la invasión (de Irak) encabezada por Estados Unidos y el Reino Unido”. Al tratar de los hechos del 98 afirma que la pérdida de las colonias suscitó un resentimiento aún mayor hacia Estados Unidos, “sobre todo entre la derecha nacionalista y autoritaria”. A renglón seguido prosigue: “La derecha católica veía a EEUU como un país materialista, en fuerte contraste con España, a la que consideraba la ´reserva espiritual´ de Europa”. O cuando afirma que, tras la derrota de la derecha española en las elecciones de 2004, “los socialistas se convirtieron en el chivo expiatorio de las frustraciones de la Casa Blanca con ´la vieja Europa´”. Lo mismo cuando el autor afirma –generalizando- que “Zapatero, y España en general, no tiene ningún deseo de ser abrazado por el Tío Sam”.
Como comprobará el lector, las joyas no escasean en este estudio. Otra más: “El principal factor que enoja a España es la política exterior de Washington, y la diferencia entre los valores democráticos que se predican en casa y lo que se hace en el extranjero”. Estamos ante una longaniza de “talking points”, esos puntos que –por repetidos- resuenan siempre entre las izquierdas para acusar a Bush y a Estados Unidos de todos los males del mundo. Por eso, la perla del estudio viene al tratar particularmente de Bush. El autor trae a colación una encuesta del “Pew Global Attitudes” sobre la pregunta de cuál es el problema con Estados Unidos. Se señala que para el 76% de los españoles el fallo es “sobre todo Bush”. A esto añade Chislett su nota particular de objetividad e indica que la encuesta no reveló el motivo por el cual a los españoles les desagrada mucho más Bush que, por ejemplo, a los alemanes o los franceses, de forma que el autor reconoce que sólo puede tratar de adivinarlo.
Puesto a hacer de Mago de Oz, el colaborador del Real Instituto Elcano nos cuenta que en la lista de factores que, según él, justifican la poca estima entre los españoles sobre Bush, pueden incluirse casi sin ninguna duda los siguientes, que citamos textualmente: “su falta de cultura y elocuencia (un motivo por el que Clinton suscitaba grandes simpatías entre los españoles), su negativa a suscribir el Protocolo de Kyoto para combatir el calentamiento global (España está haciéndose cada vez más ecologista) y el hecho de que muestre abiertamente su religión (el secularismo está muy al alza en España)”. Otra vez, los mismos tópicos y las mismas tergiversaciones: Bush tonto, Clinton listo; Bush antiecologista, religioso fanático y la ristra de puntos manoseados desde las izquierdas contra Bush, igual que antes contra Aznar, contra Thatcher o contra Reagan.
El lector comprenderá que las visiones de Chislett sientan muy bien al socialismo español porque formulan sus ideas en boca de la supuesta autoridad de un norteamericano que, muy posiblemente, desprecia tanto a Bush como los acólitos del partido de la oposición en Estados Unidos, los mismos que dan cancha al socialismos español y al antiamericanismo en el mundo para seguir atacando a Estados Unidos. No extraña así que, en el gusto del socialismo gobernante, el libro de Chislett España y los EEUU: en busca del redescubrimiento mutuo encuentre hueco en las prensas, gracias a la Editorial Ariel y el Real Instituto Elcano, ahora bajo el control socialista.
Este estudio que aquí hemos comentado de Chislett forma parte, a su vez, de un libro sobre la materia que será publicado en la Universidad de Princeton en 2006. Como ya dejamos apuntado en otra colaboración sobre la cuestión del adoctrinamiento en la Universidad norteamericana, estamos, de nuevo, ante esas redes de “intelectuales” que desde posicionamientos enteramente sectarios y desde un hispanismo a veces tan tergiversado como cuestionable vuelven a reinventar la historia de España al gusto del consumidor y aparecen evaluando realidades desde posicionamientos antiliberales pero que resultan muy atractivos para la academia y el elitismo universitario. El caso de este periodista no es, ni mucho menos, el más significativo, pero sí uno que demuestra el uso y abuso de la idea del antiamericanismo en España.
No nos cabe ninguna duda sobre un hecho incontestable: que a medida que en España vaya aumentando la pérdida de apoyo al socialismo, conforme siga creciendo la corrupción y la falta de ideas y el desmoronamiento del actual gobierno socialista, mayor será la manipulación y la tergiversación. De igual manera, mayor será también ese fomento del antiamericanismo, ese permanente acoso y ataque contra Bush y la derecha norteamericana, así como el juego pancartero y sectario en torno a la Guerra de Irak como contienda ilegal o invasión del imperialismo yanqui. Lo lamentable de toda esta situación es que el socialismo español y las izquierdas internacionales tienen en el Partido Demócrata estadounidense –el dirigido por Howard Dean- un modelo perfecto de ese acoso y falsificación de los hechos sobre Irak con el único objetivo de expulsar a Bush de la Casa Blanca.
Tal manipulación requeriría de otra colaboración, pero baste lo dicho aquí para entender los peligros que corre la democracia y la seguridad en el mundo. Como ciudadanos debemos ser capaces de valorar, en su justa medida, lo que significa la lucha contra el terrorismo iniciada por los Estados Unidos, la guerra en Afganistán y en Irak dentro del marco de la estrategia para llevar la paz y la libertad al mundo entero empezando por Oriente Medio. Hace unos días el Partido Demócrata en Estados Unidos propuso en boca del congresista John Murtha la retirada de las tropas norteamericanas de Irak. Se trataba de una mera pose de ese partido ante sus votantes más radicalizados a la izquierda. Ante tal iniciativa, el Partido Republicano propuso una moción para realizar una votación que incluía pedir el regreso inmediato de las tropas norteamericanas de Irak. El resultado final, pese a la demagogia y la pose del Partido Demócrata, fue el absoluto apoyo de todos los legisladores a la permanencia de las tropas estadounidenses en Irak.
Es por eso que frente a las poses, los gritos y la demagogia, Estados Unidos sabe muy bien de la importancia de luchar por la libertad contra los terroristas. En la España socialista todavía no se han enterado y, si lo han hecho, lo esconden porque les resulta útil para arañar votos del ciudadano. Para que los votantes conozcan la verdad de las situaciones, los hechos y los datos va siendo ya hora de que la derecha española haga algo. Va siendo hora de que explique a sus ciudadanos lo contraproducente del antiamericanismo a estas alturas de la historia. Va siendo hora también de que la derecha española permita que eso sea posible a través del apoyo, la creación y la financiación con fondos privados e independientes de centros de comunicación y tanques de ideas que apoyen los principios ideológicos del liberalismo conservador, que son los de la auténtica libertad y la democracia.
Ese compromiso de la derecha española pasa por crear inmediatamente unos buenos tanques de ideas, pasa por apoyar los ya existentes, más allá de la mera financiación pública o partidista que conocemos. Esa y no otra es a día de hoy la primera y gran asignatura pendiente de la derecha en nuestro país. Frente al torrente de falsedades que cada día leemos y oímos sobre los Estados Unidos, hace falta hacer frente en la batalla de las ideas todo cuanto de falso se desprende de los monopolios mediáticos de las izquierdas en España. El uso y abuso del antiamericanismo es tan sólo una página de un extenso libro de tergiversaciones y hace falta igualar la balanza. Cuando eso ocurra, la claridad del pensamiento liberal-conservador podrá salir adelante –como ha ocurrido ya en Estados Unidos- y será posible explicar una y mil veces con detalle la importancia de seguir los pasos de la primera democracia del planeta.