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Razonamiento atormentado
Colaboraciones nº 669   |  29 de Noviembre de 2005
 
Algunas personas parecen no ver nada entre cero y el infinito. Las cosas son categóricamente buenas o están categóricamente fuera de los límites. Esta forma de razonar -- si se le puede llamar razonar -- se refleja en la estampida para prohibir la tortura por decreto congresional.  
 
En lo concerniente a la política en general sobre la tortura, no hay ninguna tortura permitida como para prohibirla. Hay individuos que de manera aislada aquí y allá abusan de su autoridad violando las leyes existentes y las políticas establecidas para el tratamiento de prisioneros pero el punto es que éstas son en realidad violaciones de la ley.
 
Cuando algunas personas violan las leyes contra el asesinato, nadie piensa que eso requiera legislación congresional para añadir a las leyes ya existentes contra el asesinato. Lo que se necesita es la aplicación de las leyes existentes.
 
Prohibir la tortura categóricamente por imperativo legal federal adquiere una nueva dimensión en una era de redes de terrorismo internacional que pueden obtener armas nucleares durante esta generación.
 
Si un terrorista capturado sabe el lugar en el que hay plantada una bomba nuclear en alguna ciudad americana y sabe cuándo va a explotar, ¿se debe permitir que millones de americanos sean incinerados porque nos hemos vuelto demasiado escrupulosos para sacarle esa información como sea que fuese necesario?
 
¡¿Cuál es el precio a pagar por exhibicionismo moral o la ostentación política?!
 
Incluso en circunstancias menos extremas y hasta si no es nuestra intención torturar al terrorista capturado, ¿significa eso que necesitamos reducir nuestra influencia informando por adelantado a todos los terroristas del mundo entero que si salen con evasivas indefinidamente cuando sean capturados, no les va a pasar nada, que no hay nada que temer?
 
Ésta no es sólo una era de redes internacionales de terrorismo, también es una era de litigios desbocados y de jueces fuera de control. ¿De verdad queremos una ley federal que permita a los terroristas capturados llevar su caso al Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito?
 
Sin que importe lo que puedan acabar decidiendo los despreocupados jueces en ese impredecible organismo, no es muy probable que tomen una decisión con prontitud. Cualquiera puede tildar cualquier cosa como "tortura" prácticamente sin consecuencias personales pero con enormes costes de dinero y dilaciones contra los esfuerzos para proteger a los americanos contra el terrorismo.
 
No hay penas contra acusaciones falsas pero si hay consecuencias potencialmente letales por permitir que los terroristas paralicen nuestro sistema legal ejerciendo derechos concedidos a los ciudadanos americanos y ahora ofrecido irreflexivamente a personas que no son ciudadanos americanos y que están empeñados en asesinar a ciudadanos americanos y en destruir la sociedad americana.
 
Después de décadas ignorando el hecho que los derechos van de la mano con las responsabilidades, quizá era inevitable que una generación poco educada y fácilmente confundida incluya a algunos que no entienden que los derechos concedidos por la Convención de Ginebra a tropas capturadas se aplican a aquellos que han aceptado los términos de la Convención de Ginebra. No es aplicable a aquellos que no son soldados y que han violado flagrantemente el marco total de esa Convención.
 
Por más de dos siglos ya, existe una tendencia en la izquierda política aquí y en el exterior, de hacer que los malos parezcan víctimas y no los victimarios de los demás. De modo que quizá era inevitable que algo de esta actitud se filtrara de criminales a terroristas.
 
Pero lo que no era inevitable es que la mayoría permitiese que las cosas llegasen a este punto o que tantos otros fuesen arrastrados con el cuento de la superioridad moral o que no sean conscientes de las implicaciones de que haya una red internacional de degolladores empeñados en destruirnos incluso al coste de sus propias vidas.
 
Piense Ud. en esas implicaciones. Durante las últimas elecciones, Osama bin Laden amenazó a los americanos afirmando que en aquellos lugares donde se votase a favor de George Bush se lanzarían ataques terroristas como represalia.
 
Antes podíamos ignorarlo. Pero ¿nuestros hijos y nietos serán capaces de ignorar semejantes amenazas después que los terroristas consigan armas nucleares de manos de Irán o que Corea del Norte les haya vendido armas nucleares?
 
En el mejor de los casos, es un prospecto escalofriante. Es una locura atarnos de pies y manos cuando estamos tratando de prevenir o contrarrestar el catastrófico potencial del terrorismo internacional.

 
 
Thomas Sowell  es escritor prolífico de una variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
©2005 Creators Syndicate, Inc.
©2005 Traducido por Miryam Lindberg
 
 
GEES agradece al Dr. Thomas Sowell el permiso para publicar este artículo.


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