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Memorándum para Murtha
Colaboraciones nº 668   |  25 de Noviembre de 2005
 
Antes de decir algo, quiero empezar agradeciendo al congresista Murtha por sus largos años de servicio público en Washington, y antes de eso, en Vietnam.
 
Y deje que también le felicite por provocar un debate franco. Hasta ahora, a lo que se ha llamado debate sobre Irak ha sido mayormente calumnia, por ejemplo, llamar al Presidente Bush mentiroso y cuestionar su patriotismo. Sí, sí, cuestionar su patriotismo: porque cualquiera que miente para meter a Estados Unidos en una guerra por razones no relacionadas a la seguridad nacional no sería un patriota. Sería un traidor.
 
Señor, yo le pregunto: ¿Alguna vez anteriormente se ha levantado semejante acusación malintencionada contra un presidente americano en tiempos de guerra o siquiera en tiempos de paz?
 
Pero Ud. no ha usado ese bajo recurso. Más bien Ud. ha dicho que cree que la guerra en Irak "no se puede ganar" y que es "hora de traer a los soldados a casa". Ésta es una discusión que vale la pena tener.
 
Ud. también dice que el "80% de los iraquíes quiere que nos vayamos". No estoy seguro de dónde sacó Ud. esa cifra, pero probablemente sea una estimación por lo bajo. Yo diría que está más cerca del 100% de iraquíes -- al igual que del 100% de americanos -- a los que les gustaría ver que las tropas americanas se van a casa para celebrar las fiestas. Pero algunos de nosotros pensamos que lo que importa es si dejamos Irak después de haber derrotado a nuestros enemigos o si nos vamos después de habernos rendido a nuestros enemigos.
 
Cuando Ud. sugiere que la planificación de la guerra de Irak estuvo llena de errores, pienso que tiene razón. Los líderes americanos, en el Pentágono y otros lugares, diseñaron una estrategia efectiva para derrocar a Saddam Hussein. Una vez que se cumplió la misión, no obstante, sólo tenían una vaga idea de cómo transformar Irak en poco tiempo en una nación libre, independiente y autosuficiente. Quizá sea porque nadie había intentado nunca antes una hazaña semejante.
 
Queda claro que no debemos fallar nuevamente en la cuestión de una adecuada planificación. De modo que le pediría sus planes tras la derrota que Ud. afirma debemos aceptar.
 
Por ejemplo, es obvio que si los militares americanos no pueden hacerle frente a al-Qaeda en Irak, entonces los novatos militares iraquíes post-liberación no tendrán ni una oportunidad. Eso significa que debemos planificar la posibilidad de que al-Qaeda logre el poder en parte de Irak o en todo Irak. ¿Qué es lo que Vd. propone, si es que propone algo, que debamos hacer para responder a ello?
 
Aún si al-Qaeda sólo lograse apuntalar sus posiciones en las áreas sunníes del oeste de Irak, debemos esperarnos que lo usen como base para seguir atacando a Jordania y otros países de la región. ¿Quizá deberíamos enviar asesores para que ayuden al rey de Jordania? Pero, ayudarle... para que haga exactamente...¿qué? ¿Para que decida en qué momento la lucha se ha vuelto desesperada?
 
También esto otro es posible: "El partido del Regreso", los baazistas leales a Saddam Hussein podrían tomar el poder nuevamente (quizá en algún tipo de coalición de facto con al-Qaeda). Hasta podrían soltar a Saddam de la cárcel donde ha estado esperando su juicio (cosa extraña que los juicios como las guerras ya no sean tan rápidas como eran antes, ¿no?) y reinstaurarlo en el poder. ¿Qué haríamos en ese caso? Le podríamos pedir a la ONU que nuevamente le impusiera sanciones y el programa Petróleo por alimentos...
 
Los chiítas de Irak podrían acudir a los mulás de Irán por protección contra al-Qaeda y los baazistas. ¿A quién más podrían pedirle ayuda? Si lo que viniera a continuación fuese un anschluss – anexión – del sur de Irak, ¿qué plan tendría Ud. para enfrentar esa contingencia?
 
Los iraquíes que "colaboraron" con nosotros se enfrentarían, sin duda alguna, a ser ejecutados, quizá decenas de miles serían muertos como venganza o sólo para enviar un mensaje. Creo que el Congreso podría presentar una resolución condenando semejante comportamiento.
 
Miles, quizá millones de iraquíes escaparían del país sin dudarlo. ¿Debería Estados Unidos aceptarlos como refugiados? ¿O les negamos la entrada?
 
En muchos otros países donde al-Qaeda ha estado presionando - Bangladesh, Indonesia y Tailandia por mencionar sólo algunos - tres cosas quedarían claras:
1.      Es peligroso ser aliado de Estados Unidos;
2.      Es inútil resistirse a al-Qaeda;
3.      Bin Laden y Saddam tenían razón prediciendo que si se mata americanos, los americanos siempre se darán la media vuelta y escaparán.
 
Como evidencia, no sólo citarán Irak, también Mogadishu y Beirut, y por supuetso, Vietnam, donde Vd. sirvió con honor. Es cierto que después de esa derrota -- mientras que millones de asiáticos del sureste sufrían y morían -- los americanos siguieron con su vida y hasta ganamos la Guerra Fría.
 
¿Ésa es la idea, Sr. Congresista? ¿Cruzamos los dedos y esperamos a que nuestra derrota en Irak siga el modelo de Vietnam? Porque si es así, Sr., tengo que decirle con toda candidez que no parece un gran plan.

 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
©2005  Scripps Howard News Service
©2005  Traducido por Miryam Lindberg
 
GEES agradece al Sr. May el permiso para publicar este artículo.
 


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