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Inmigración problema europeo, ahora se acuerda ZP de Santa Bárbara
Análisis nº 85   |  3 de Noviembre de 2005
 
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, asistió a la Cumbre de Hampton Court con el propósito de debatir el problema de la inmigración en España, advirtiendo que se trata de un tema que afecta al conjunto de Europa y no solo al “vecino que está más cerca de la puerta".
 
Este enfoque del problema está muy bien, pero no olvidemos que ZP acudía a esta reunión informal con la “tarjeta roja” en la mano emitida por Estrasburgo hace pocas fechas, donde se aprobó un informe de la Comisión de Libertades del Parlamento Europeo, en el que se considera que la regulación masiva de inmigrantes ilegales llevada a cabo por países como España "no es sustituto de políticas sustanciales para tratar la inmigración, ni es un medio efectivo de reclutar inmigrantes económicos". Algo que ya se advirtió en su día, dentro y fuera de España, a un ZP más cómodo en el papel de rojo justiciero de las mujeres y que ahora acude a dicha Cumbre con su mejor sonrisa, tratando de buscar soluciones a la desesperada ante la preocupación que existe en nuestro país por la pesadilla vivida en Ceuta y Melilla.
 
No es un problema de nuevo cuño ni de fácil solución. La inmigración es una seria cuestión económica, política, social, cultural y de seguridad, que es preciso afrontar desde una perspectiva común a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, incluyendo a Bruselas y más cuando, en España, se trata de un asunto de primera magnitud por su posición geográfica que la convierte en el centinela de una Europa soñada por miles de personas que huyen de la miseria. Sin embargo, este difícil problema ha sido alimentado por la cortedad de miras de un Gobierno cuyo objetivo número uno es asegurarse los votos suficientes para poder gobernar en solitario, que ha sido aprovechado por las mafias, a sabiendas también del delicado momento político que vive Europa, tras el fracaso del respaldo ciudadano a la Constitución Europea. Hampton Court versus Santa Bárbara porque truena.
 
Los datos
 
Una vez pasado el éxtasis que producen 59 segundos de protagonismo en televisión, llega el momento de enfrentarse con las cifras.
 
Según los últimos datos del Eurostat, en 2004, España recibió un tercio de los inmigrantes que llegaron a la Unión Europea. En el ámbito nacional, esta inmigración supone casi el 90 por ciento del aumento de población registrada en España ese año, cuando pasó de 42.345.300 a 43.038.000 personas, 6 veces más que Francia, 7,5 más que Alemania y 3 más que el Reino Unido.
 
El porcentaje de población extranjera en España ya supera al de Francia, 8 por ciento, se acerca a Alemania, 9 por ciento,  y Austria, 9,2 por ciento, tal como indica la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración.
 
Si se tiene en cuenta que en 1996, el número de extranjeros era de 542.314, se deduce que en una década la cifra se ha multiplicado casi por siete.
 
Para paliar esto, ZP propone a los socios europeos una política basada en tres aspectos: el control de la inmigración ilegal, el impulso de acuerdos de readmisión y la aprobación de nuevas fórmulas de financiación para los mecanismos ya existentes. Este tema, señaló, “se discutirá en el marco de los próximos presupuestos en el Consejo Europeo de diciembre”.
 
Si el Presidente lo tiene tan claro: ¿por qué no lo aplicó antes, en vez de proceder una regularización masiva que ha provocado el efecto llamada que tanto se temía? Es verdad que los ciudadanos en busca de una vida mejor no sabrán ni que existe el BOE, pero sí las mafias que se lucran de todo ese tráfico inhumano de gente que han dejado imágenes en nuestra retina difíciles de olvidar.
 
Algunas decisiones obvias
 
El primer aspecto que Zapatero pone sobre la mesa es combatir la inmigración ilegal, y demanda mecanismos para la integración que no atenten a la seguridad. Unos días antes de esta Cumbre, el Consejo de Ministros de Justicia e Interior de la Unión Europea ya había acordado diversas medidas políticas encaminadas a tal fin, como es el apoyo a la  cumbre euro-africana propuesta por España y Marruecos. Este proyecto surge cuando se sabe con certeza que al menos 30.000 inmigrantes en Marruecos y Argelia están preparados para entrar en Ceuta y Melilla, según datos facilitados por el Comisario Franco Frattini. También se supo ese mismo día que Marruecos admitió a 73 inmigrantes ilegales repatriados por España como “medida extraordinaria” y a petición expresa del Rey.
 
Esta Cumbre, calificada por Blair como de "muy urgente", pero para la que no hay fecha, debería celebrarse con  el propósito de encontrar acuerdos reales de cooperación entre Madrid y Rabat, apoyados por Europa como parte implicada en el proceso. Sería deseable que el Gobierno español rebajase su nivel de optimismo con respecto al grado de colaboración del vecino de sur, que es manifiestamente mejorable y se aplicara en exigir a Marruecos que no mire para otro lado cuando las cosas se complican, ni por supuesto, que tenga que ser el Jefe del Estado el que actúe de bombero mientras los ministros de Exteriores sonríen en la foto. Ya es la segunda vez que el Rey utiliza su influencia para sacar de apuros a ZP. No olvidemos la visita de los Reyes al rancho de Bush. 
 
Al margen de esto, llama la atención que tanto Zapatero como la Unión Europea lancen ahora estas propuestas cuando simplemente había que continuar con la agenda ya acordada en junio de 2002. El gobierno anterior impulsó la adopción y puesta en marcha a escala europea del plan global para la lucha contra la inmigración ilegal y el plan para la gestión de las fronteras exteriores de los Estados miembros, aprobado durante la presidencia española de la Consejo de la Unión. En las Conclusiones de la Presidencia del Consejo Europeo de Sevilla de ese año  (21 y 22 de junio) queda por escrito que el Consejo Europeo tiene la firme decisión de activar la ejecución del programa aprobado en Tampere, cuyo objetivo era la creación en la Unión Europea de un espacio de libertad, justicia y seguridad. Recuerda la necesidad de instrumentar una política común sobre asilo e inmigración, cuestiones estrechamente ligadas. Además, se apunta la necesidad de conjugar la capacidad de acogida de la Unión en su conjunto y de los Estados miembros. Este documento está al alcance de cualquiera en Internet. No está de más asistir a las reuniones mínimamente documentado.
 
Acuerdos de readmisión
 
El segundo eje de la propuesta del Presidente del Gobierno español es la de impulsar acuerdos de readmisión de inmigrantes en sus países de origen. El Ministro Moratinos afirma que ya tiene firmados acuerdos de colaboración con Marruecos, Argelia, Nigeria y Guinea-Bissau. El acuerdo con Marruecos ya se lo encontró firmado por el gabinete anterior, más otros con Colombia, Ecuador, República Dominicana, Rumania y Polonia.
 
Moratinos asegura lo difícil que resulta repatriar a muchos inmigrantes porque ellos mismos destruyen sus tarjetas de identificación. Habrá que cuestionarse entonces cómo se ha podido llevar a cabo el último proceso de regularización sin estas tarjetas. O bien, que es seguro que la bolsa de inmigrantes sin regularizar que existe en España ahora mismo es mayor de lo que se ha dicho.
 
Sin embargo, el Ministro de Asuntos Exteriores asegura que “en contra de la percepción muy extendida en estos momentos, la realidad no es tan seria y grave como muchos apuntan en torno a la amenaza de la inmigración subsahariana”. Alega que el pasado año se cumplimentaron 14.000 expedientes de expulsión de subsaharianos dentro de los más de 100.000 relativos a otras nacionales.  No se trata de los que se hayan repatriado, se trata de que a esos hay que sumarles los que están en espera, como bien señala Bruselas.
 
Nada hay en la propuesta de ZP en la Cumbre de Hampton Court acerca de potenciar la contratación en origen, ni de llegar a pactos bilaterales entre esos países y España y/o la Unión Europea para una acogida ordenada de los inmigrantes. Esos acuerdos de contratación debieran ser tan importantes como los de repatriación, porque éstos últimos atacan el problema una vez producido. Una adecuada política de cooperación laboral bilateral elaborada dentro del ámbito de la Unión permitiría planificar los flujos migratorios para contribuir a que los inmigrantes no tengan que pasar el calvario que supone echar a andar sin información y sin horizonte seguro, ni encontrar la respuesta adecuada por parte del país receptor, que contribuya a la integración plena de estas personas en nuestra sociedad. Una vez más, queda demostrado que Zapatero se enfrenta a los problemas cuando ya están desbordados. Prevenir es siempre mejor que curar.
 
Europa- Magreb, la oportunidad de España
 
Zapatero asegura haber conseguido el compromiso de la Unión Europea  para duplicar, hasta 400 millones de euros, los fondos comunitarios dedicados en la actualidad a políticas sobre inmigración. Explicó que la suma se gestionará a través de los fondos de Vecindad y Desarrollo del presupuesto comunitario para el periodo 2007-2013. Sostiene que aunque no se alcance en diciembre un acuerdo sobre el paquete financiero, los programas de inmigración se activarán, aunque no aclaró en qué condiciones.
 
A la luz de las propias declaraciones del Presidente Zapatero, lo único que se ha traído de Europa han sido palmadas en la espalda, puesto que ni tan siquiera se ha previsto un nuevo calendario para concretar en qué se invertirán esos 400 millones de euros, ni cuando se dispondrá de esa cantidad.
 
Más allá de las cifras, si Zapatero apuesta decididamente por esta solución tiene que tener claras algunas cosas. La primera es que España se comprometa decididamente a erigirse como verdadero árbitro entre Europa y el Magreb para impulsar, de verdad, la  política de Vecindad y Desarrollo que nació en 2003 a propuesta de la Comisión Europea,  con el fin de crear un nuevo marco de relaciones con los vecinos del Este y del Sur, que hasta la fecha, no es más que una bonita declaración de intenciones en el aspecto concreto que nos ocupa, como es la inmigración procedente de África. Hasta hoy, las relaciones Europa- Magreb no son un asunto prioritario en la UE. Moratinos debería jugar una gran baza en este sentido, sacar a relucir su experiencia en el mundo árabe, para  que nuestro país sea el verdadero líder que desarrolle plenamente el espacio económico, político e institucional Europa- Magreb, mediante unas bases eficaces de relaciones bilaterales más allá de la foto y del “tranquilos, que no pasa nada”. España debe ser el “Pepito Grillo” de Europa para que las nuevas incorporaciones que se han hecho a la Unión por el Este no desvíen la atención de nuestros socios de lo que pasa en el Mediterráneo. Por la cuenta que nos tiene.
 
Buenos propósitos para un Plan Marshall 2
 
A estas alturas del conflicto, seria deshonesto no reconocer mérito de nuestro Presidente a la hora de conseguir que Europa hable de España, aunque sea para señalar con el dedo la mala fortuna del último proceso de regularización ejecutado por Caldera. Las voces de diferentes políticos y comisarios europeos de todas las opciones políticas y países, como ha sido Otto Schily, uno de los ministros del interior más influyentes de Europa, junto a otros (por ejemplo, Douglas Alexander, Ján Figel, Ewa Klamt, Martine Roure, Graham Watson, Kathalijne Maria Buitenweg, Giusto Catania,  Maria La Russa,   Johan Van Hecke) señalando la responsabilidad a España y pidiendo soluciones, quizá haya contribuido a que Bruselas afirme que invertirá  10.000 millones de euros adicionales en su Plan Marshall para atajar el subdesarrollo en África.  Este proyecto presentado por presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y el comisario de Cooperación, Louis Michel, junto con el presidente de la Unión Africana, Alpha Oumar Konaré,  tratará de traducir el uso del 0,56% del PIB de la UE, si se cumplen los compromisos, en ayudas públicas para el desarrollo en 2010, que llegará al 0,7% del PIB en 2015.
 
El Plan pretende lograr un desarrollo sostenible, un buen y eficaz gobierno de los Estados, promover el comercio, las intercomunicaciones, la cohesión social y la sostenibilidad ambiental. Hará  énfasis en la mejora de las infraestructuras para crear verdaderas redes transafricanas de transportes, de energía, hidráulicas y telecomunicaciones en una geografía arrasada hasta ahora por las guerras y el hambre. Se busca reforzar los Estados y sus administraciones para que puedan absorber las ayudas disponibles puesto que, actualmente, muchos de los países subsaharianos son incapaces de cumplir los criterios que la UE reclama para la entrega de ayuda.
 
En definitiva, Bruselas ha contabilizado un total de 26 políticas que pueden utilizarse para el desarrollo, entre ellas, medioambiente, consumo, creación de pymes, pero actualmente se utilizan de forma solapada entre países e instituciones, lo que impide sacarles todo el partido posible. Según cálculos de la Comisión, la UE dispondrá de 20.000 millones de euros más a partir de 2010 para la AOD y la mitad de ello, según acordó el Consejo Europeo, deberá ir destinado a África.
 
De nuevo, este Plan representa un ambicioso reto para el Gobierno de España juegue un auténtico papel de liderazgo en el cuidado de que estas ayudas se verifiquen y en la búsqueda de sinergias entre los vecinos del sur y Bruselas.
 
España en el corazón de Europa, la hora de la verdad
 
Durante la reunión plenaria de Alto Nivel sobre la Financiación al Desarrollo  en la Sede de Naciones Unidas en Nueva York, Rodríguez Zapatero pronunció un discurso  con una importante carga moral, hizo un llamado grandilocuente a confrontar el drama del hambre y la pobreza en el mundo: “un mundo sin miseria en una generación no es una utopía. La lucha contra el hambre y la pobreza es la guerra más noble que la humanidad puede librar. Den por seguro que en ese combate el gobierno y el pueblo español quiere batirse en primera línea”.
 
A priori, nadie pone en duda la rectitud de intenciones de ZP y su bondad de corazón, pero una vez bajados de la estratosfera desde la que suele fotografiarse nuestro Presidente, se pueden concluir algunos aspectos que conviene tener en cuenta, si de verdad queremos trabajar por un mundo mejor, en el que la paz y la prosperidad alcancen cada día a un mayor número de personas que tienen todo el derecho a ello.
 
Con respecto a España, el Gobierno de Zapatero debe creerse de verdad que forma parte del corazón de Europa, al que con tanta prisa teníamos que volver, sin que nos hubiéramos marchado nunca, y consultar cuando toma decisiones tales como ejecutar un proceso de regularización que a todas luces ha echado leña al difícil problema de la inmigración. El proceso ha llegado incluso a que la Comisión Europea promoviera un sistema de alerta entre los países miembros en busca del compromiso de que cada uno de ellos comunique al resto de los socios sus decisiones sobre inmigración ilegal.
 
Por la misma razón que acudió a Hampton Court con la intención de implicar a la Unión en un tema de esta magnitud, debería haber escuchado a las voces que le advertían que no es un problema exclusivo de España. ZP dice textualmente,  “el vecino que está más cerca de la puerta"…una puerta de la casa común europea. Porque estar en Europa no es sólo doblegarse a los intereses franco –alemanes, sino formar parte de pleno derecho del conjunto de políticas de la Unión. Es preciso trabajar para que España no ocupe las primeras cabeceras de los periódicos de Europa por la pésima gestión de nuestra política exterior.
 
Una vez dicho esto, queda mucho camino por recorrer de la mano de Europa y el Magreb. Primero, sentar las bases para que todas esas buenas intenciones materializas en cumbres, reuniones formales e informales  y partidas económicas sirvan de verdad para asentar una agenda de trabajo real y efectiva, donde se asuman compromisos reales y ejecutables, donde España trabaje activamente para que todo eso se cumpla y se siga en el tiempo. España no puede seguir haciendo la vista gorda ante determinadas actitudes de Marruecos y Argelia. El prestigio se gana con firmeza y sin complejos.
 
Este triángulo de cooperación España- Magreb- Unión Europea debe trabajar en dos direcciones. Por un lado,  en el control  de la inmigración ilegal y  en la lucha contra las mafias que trafican con seres humanos, creando redes de información en los países de origen de los inmigrantes y logrando la lealtad de los Gobiernos de dichos países.
 
En segundo lugar, obviando el extremado optimismo de Moratinos por la cooperación marroquí, para España y la UE no es admisible las violaciones de los Derechos Humanos que han sufrido los inmigrantes embarcados en autobuses con destino al desierto, al margen del más mínimo  control humanitario. No se puede consentir ni un minuto más la calculada ambigüedad del vecino de sur ante tamaño problema. Aquí el peso de Europa debe actuar con todas las consecuencias. Tampoco España ha apostado seriamente por ejercer su influencia en las instituciones europeas para movilizar los recursos comunitarios a favor de la creación de un espacio euromagrebí.
 
En paralelo al trabajo de acotamiento de este problema, Europa debe asumir con firmeza su liderazgo político. La última reunión de Hampton Court ha evidenciado el estado de situación de la Unión Europea hoy en día tras el fracaso de los referendos de Francia y Holanda. Falta de contenidos y ausencia de intención de riesgo, a pesar de que todos los protagonistas de esta cumbre se han esforzado por mostrar unanimidad de criterios y ganas de trabajar en el futuro de la Unión. Bien, una prueba de fuego puede ser precisamente el tema que nos ocupa. Los primeros pasos en materia de ayudas económicas, Planes de Acción y reuniones a corto plazo para trabajar sobre ello, pueden contribuir a devolver la esperanza a los ciudadanos europeos de que efectivamente, la Unión Europea es real y trabaja en pos de los intereses de la sociedad.

Zapatero tiene un bonito reto ante sí como Presidente del Gobierno: demostrar que forma parte de ese corazón europeo asumiendo el liderazgo de ese triángulo de trabajo con firmeza y sin complejos, ni ante Europa ni ante África, en especial con Marruecos.
 
Del éxito de este reto, de su apuesta por la seriedad en la consecución de políticas pegadas al terreno y con amplitud de miras más allá de la foto de turno, dependerá que España recupere su lugar en el escenario de la política exterior hecho añicos en el último año y medio.

 
 
Ana Ortiz es periodista.
 


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