Durante más de una generación se libró una guerra contra Estados Unidos. Sin embargo, la mayoría de americanos no lo sabían. Y hasta aquellos que sí lo sabían se han sentido intrigados por saber contra quién estábamos peleando.
La guerra empezó en 1979, después que el ayatolá Rujola Jomeini llegó al poder en Irán y sus seguidores, coreando “Muerte a América”, asaltaban nuestra embajada en Teherán y tomaban como prisioneros a nuestros diplomáticos. Pero no interpretamos que eso significaba que estabamos en guerra con Irán.
En 1983, los miembros del mismo movimiento bombardearon nuestra embajada y las barracas de los marines en Beirut matando a cientos. Pero no consideramos que estábamos en guerra con Hizbolá o sus patrocinadores.
En los años 90, los seguidores de la misma ideología – totalitaria, supremacista, antidemocrática – atacaron repetidamente a los americanos: Oficinistas en la ciudad de Nueva York, diplomáticos de embajadas en África, personal militar sirviendo en Oriente Medio. Y en 1996, un rico saudí que vivía en el exilio publicó lo que él denominó una “Declaración de guerra contra los americanos”.
Pero aún cuando sufríamos esos ataques, no reconocimos que estábamos librando una guerra. En realidad, la mayoría de americanos creían que estaban viviendo una era de paz y prosperidad sin precedentes. Incluso que había un “dividendo de paz” que se podían usar.
Los horrendos atentados del 11 de Septiembre de 2001 fueron una llamada de atención pero la nación se quedó atontada. Ya que hubo secuestro de aviones y que los estrellaron contra el World Trade Center, eso se consideró como un acto de terrorismo y empezamos a pelear una “guerra contra el terrorismo” como si no hubiera un movimiento que propulsara el terrorismo y una ideología que justifica la violación del viejo tabú contra asesinar intencionadamente a mujeres y niños.
La etiqueta persistió desde esa época hasta la semana pasada cuando el Presidente George W. Bush, en un discurso dado en la Fundación Nacional por la Democracia, dio un salto conceptual. Ligando los atentados contra civiles de Nueva York a Casablanca, de Sharm el-Sheik a Netanya, de Mombasa a Londres, de Estambul a Beslán, de Beirut a Bali, sostuvo que semejantes masacres “sirven a una ideología clara y focalizada, a una serie de creencias y objetivos que son malignos pero no insensatos”.
Agregó que “algunos llaman a este mal ‘radicalismo islámico’, otros le dicen ‘yihadismo militante’ y otros ‘islamofascismo’.
Bush tuvo cuidado en hacer la distinción entre esta ideología y “la religión llamada islam” agregando que “ésta se aprovecha del islam y al mismo tiempo convierte en objetivo a los musulmanes que aspiran a vivir en libertad, a escoger sus propios líderes y a adoptar el pluralismo”. Mencionó que “la mayoría de las víctimas que los militantes reivindican son hermanos musulmanes”.
Osama bin Laden y otros militantes asesinan en busca de un sueño – de conquista y dominación. Dijo Bush que es una visión abiertamente declarada “en videos, cintas de audio, cartas, comunicados y sitios web”.
Para lograrlo, necesitan acabar con “la influencia americana y occidental en Oriente Medio en general… Segundo, la red militante quiere llenar el vacío que una retirada americana crearía para ganar control de un país, una base desde la cual se lanzaran ataques y condujeran su guerra contra los gobiernos musulmanes no radicales”.
Privados de su base en Afganistán después del 11-S, “han puesto sus miras en Irak”. Bin Laden ha afirmado que “el mundo entero está mirando esta guerra y a sus dos adversarios. O bien es victoria y gloria o miseria y humillación”.
El Presidente también citó al comandante de bin Laden en Irak, Abu Musab al- Zarqawi: \"O bien logramos la victoria sobre la raza humana o pasaremos a la vida eterna”.
¿Tiene Estados Unidos la voluntad y la forma de detener a semejantes ideólogos decididos y sin escrúpulos? Bush reveló más de lo que ha hecho anteriormente sobre el progreso conseguido por Estados Unidos y sus aliados contra el islamofascismo: “Hemos matado o capturado casi a todos los directamente responsables de los atentados del 11-S al igual que a algunos de los más altos lugartenientes de bin Laden; administradores y operativos de al-Qaeda en más de 24 países; al cerebro del atentado contra el USS Cole que era el jefe de operaciones en el Golfo Pérsico; al cerebro de los atentados de Yakarta y del primero en Bali; a un alto planificador terrorista de Zarqawi que preparaba atentados en Turquía y a muchos de los altos líderes de al-Qaeda en Saudi Arabia.
En total, Estados Unidos y nuestros socios han desbaratado por lo menos 10 complots terroristas de al-Qaeda desde el 11 de Septiembre que incluían 3 planes para atacar dentro de EEUU”.
Al final de su discurso, Bush hizo una pregunta a aquellos que dicen que Estados Unidos debería contentarse con algo menos que la derrota de al-Qaeda en Irak. ¿Estados Unidos y las otras naciones libres estarían más seguras o menos seguras con Zarqawi y bin Laden controlando Irak, a su gente y sus recursos?
Y ofreció su respuesta: “Ya que hemos depuesto a un dictador que odiaba a la gente libre, no nos mantendremos al margen mientras un nuevo grupo de asesinos, dedicados a la destrucción de nuestro propio país, se hace del control de Irak violentamente”.
Sin duda éste es un punto en el que deberíamos tener un amplio consenso bipartidista.