(Publicado en La Razón, 14 de octubre de 2005)
Uribe se ha atrevido a decirlo: muchas de las cumbres de presidentes sirven para muy poco salvados sus aspectos folklóricos y turísticos. La cumbre Iberoamericana que se abre en Salamanca este 14, no se va a distanciar mucho del diagnóstico del mandatario colombiano y es que es imposible poner en marcha medidas prácticas –como dice querer Moratinos- entre regímenes tan distantes como son la dictadura de Castro, el totalitarismo de Chávez y el liberal chileno, por citar algún ejemplo.
No obstante, el presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero sí esperaba algo de esta reunión, más allá de una foto codeándose con varios de sus homólogos. Tenía guardada la sorpresa de la ceremonia junto a Chávez de la firma de la venta de armas a Venezuela, su famosa venta de “armas pacíficas” con las cuales ideaba salvar de la crisis a los astilleros españoles. Pues bien, va a ser que no y Chávez ya le ha dicho que aviones sí; que lanchas también; pero que las corbetas y patrulleras, que no, que se las compra a nuestra vecina Francia puesto que, al fin y al cabo, Chirac es el mejor amigo de Zapatero.
Otros que también van a sacar algo de esta cumbre de Salamanca son, precisamente, Chávez y Castro, cuyos seguidores están ultimando un gran mitin en nuestra histórica ciudad. Inicialmente pensado para la Plaza Mayor, s posible que acabe en un estadio, pero no por encerrado es menos bochornoso. Dejar que dictatorzuelos vengan a darnos lecciones de dignidad y moral política no es sino el aperitivo de lo que nos promete el actual gobierno socialista obrero español con su cacareada “alianza de civilizaciones”, es decir, el respeto a la ley islámica, el velo, la ablación y la lapidación.
Darle cancha a Castro y Chávez no sólo es imperdonable para quien se dice defensor de los derechos de la persona, sino que es poner a Iberoamérica en la dirección errónea. Lo que el continente necesita es menos populismo y más democracia; instituciones fuertes y el respeto a la propiedad; seguridad jurídica, no mesianismos que sólo conducen a más pobreza y más violencia. El actual gobierno español, bien llevado de su rencor a Norteamérica; bien movido por su odio a la obra política de José María Aznar; bien prisionero de sus sueños izquierdistas, ha vuelto a peder una gran oportunidad. Hace de parador de turismo multilateral y deja de servir de guía para la región. Eso se lo dejan a Castro y Chávez, que para eso son nativos de allí.