Habiendo asegurado la mayor parte de las posiciones clave durante los últimos meses, la nueva generación de revolucionarios islámicos de Irán es invitada ahora a prepararse a jugar “al gallina” con Estados Unidos.
“Las potencias satánicas quieren jugar al gallina con nosotros”, dice el General Mohammed Hijazi, el hombre a cargo de la Oficina para la Preparación de la Guerra del Ejército Islámico. “Debemos demostrar que somos águilas”.
La idea de que la República Islámica afronta un juego de “la gallina” contra Occidente fue difundida el mes pasado por Alí Larijani, el nuevo “zar de la seguridad” en la administración del presidente Mahmoud Ahmadinejad. Pero el hombre que presentó primero el análisis es Hassán Abbasi, que ha surgido como el principal gurú estratégico de Ahmadinejad.
Abbasi dirige el Centro de Investigación de Doctrinas de Seguridad del Cuerpo de la Guardia Islámica Revoluciona (RGC). Sus amigos le llaman “el Kissinger del islam”, en honor a Henry Kissinger, que sirvió como secretario norteamericano de estado en los años setenta.
“Para la nueva élite de Irán en el poder, Abbasi es el gran cerebro estratégico”, dice un diplomático europeo destacado en Teherán. “Cada vez más funcionarios le citan en sus reuniones con diplomáticos extranjeros”.
Según fuentes de Teherán, Abbasi es el arquitecto del llamado “plan de preparación de la guerra” actualmente en marcha en Irán.
El mes pasado, Abbasi presentó un esbozo de su análisis en una conferencia en la Facultad de Formación de Profesores de Karaj, al oeste de Teherán.
La conferencia merece atención porque ofrece una visión desde dentro del modo en que la nueva directiva de Teherán enfoca los temas de política internacional.
Según Abbasi, el equilibrio global de poder se encuentra en estado de transición y todas las naciones deberían luchar por ocupar un lugar en el futuro equilibrio. Las potencias occidentales, Estados Unidos en especial, aún conservan inmenso poder militar y económico, que “parece formidable sobre el papel”. Pero son incapaces de utilizar ese poder porque sus poblaciones han pasado a tener “aversión al riesgo”.
“El hombre occidental carece de estómago para luchar”, dice Abbasi. “Este fenómeno no es nuevo: todos los imperios generan este tipo de hombre, el hombre materialista, ególatra y con aversión al riesgo”.
Abbasi está seguro de que la intervención norteamericana en Irak, que implicaba “riesgos ligeramente superiores” a la invasión de Afganistán, fue la última de su clase. E incluso entonces, Estados Unidos entró en Irak a causa de "la disponibilidad a hacer lo que ningún otro líder americano se atrevería a contemplar" por parte del Presidente George W Bush.
Según Abbasi, Estados Unidos sabe que la única potencia capaz de, y dispuesta a, desafiarle en todo el globo es la República Islámica. El motivo es que la República Islámica no sólo disfruta “del fuerte respaldo de su pueblo”, sino también del apoyo de millones que están preparados para matar y morir por ella en todo el mundo.
Abbasi afirma que Estados Unidos y sus aliados han librado tres juegos contra Irán.
El primero fue un ejercicio de “palos y zanahorias” diseñado para tentar a una parte de la directiva de Teherán a alejarse de la política radical, al tiempo que espanta a otra sección para su sumisión. El siguiente juego fue el de “poli bueno, poli malo”, y tuvo el objetivo más siniestro de confundir y dividir a la directiva islámica. Finalmente, y empezando desde hace algo más de un año, las “potencias satánicas” juegan a un nuevo juego al que Abbasi ha puesto el mote de “gatillo preparado”. En este juego, colocan el arma metafórica en la sien de la República Islámica con su dedo en el gatillo.
Abbasi cree que el gatillo fue apretado, sin hacer diana, cuando la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) aprobó el mes pasado una resolución anodina acerca de la búsqueda de capacidad nuclear por parte de la República Islámica.
“Ahora que las potencias satánicas han fracasado en lograr su objetivo con todos sus juegos, se están preparando para un juego nuevo”, dice Abbasi. “Este juego nuevo es conocido como la estrategia del gallina, en el que dos bandos se mueven rápidamente uno contra el otro hasta que uno de los dos se desvía”.
No está claro si Abbasi u otros mulás han visto el “Rebelde sin causa” de Nicholas Ray. Pero fue esa película, protagonizada por James Dean, la que presentó a la audiencia en general “jugar al gallina”. Según el diccionario Webster, la frase alude a “cualquiera de diversas competiciones en la que los participantes arriesgan su seguridad personal para ver cuál abandona primero”. El perdedor es designado como “el gallina”.
Abbasi y sus discípulos de la nueva élite islámica están seguros de que es el mejor momento para involucrarse con Estados Unidos en “el juego del gallina”.
“Los regímenes occidentales carecen de legitimidad popular”, dijo Abbasi a su audiencia. “La economía occidental se basa en fundamentos inestables que dependen del petróleo. Las divisiones dentro del bando occidental, la fragilidad de la economía de Occidente y la desconfianza de la gente (de los países occidentales) hacia sus gobiernos hacen vulnerable a su bando”.
Abbasi cree que cuando el Presidente Bush dice que no hay ninguna opción descartada, implicando que podría utilizarse la fuerza contra la República Islámica, sólo está jugando al gallina.
“Los americanos no están preparados para enviar a un millón de hombres (a derrotar a la República Islámica)”, dijo Abbasi. “Incluso las sanciones económicas contra la República Islámica fracasarán gracias a la oposición de la opinión pública occidental y el rechazo de la mayoría de los países a implementar(las)”.
Abbasi afirma que en un plan de juego presentado a Ahmadinejad, él ha concluido que la idea de un ataque importante del ejército norteamericano contra Irán es “un farol”.
“Nuestra estrategia demuestra que cualquier tentativa de imponer un embargo sobre Irán elevaría el precio del petróleo hasta los 110 dólares por barril”, dijo Abbasi. “Y si fuéramos a ser objeto de un ataque militar, el precio podría superar la barrera de los 400 dólares”.
Un breve conflicto militar con Estados Unidos en este momento podría hacer maravillas para la República Islámica. El régimen sería capaz de machacar a la creciente oposición interna en nombre de la solidaridad nacional. También reanimaría las credenciales revolucionarias del régimen. La incursión en la embajada norteamericana en Teherán en 1979 concedió al nuevo régimen islámico un aura de extremismo de la que carecía, porque la revolución liderada por los mulás era difícil de vender como movimiento progresista antiimperialista. Abbasi recuerda también que la invasión de Irán por parte de Irak en 1980 fue “una bendición de Alá”, porque dio otra oportunidad al régimen revolucionario para demostrar su resistencia”.
En el sentido verdaderamente Nietzscheano, está seguro de que puesto que una guerra limitada con Estados Unidos no matará a la República Islámica, está destinada a hacerla más fuerte.
Pero no es sólo a Estados Unidos a quien Abbasi quiere reducir y humillar. Ha descrito a Gran Bretaña como “la madre de todos los males”. En su conferencia, afirmaba que Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Israel, y los estados del Golfo, todos eran “hijos de la misma madre: el Imperio Británico”. En cuanto a Francia y Alemania, son “países en declive terminal”, según Abbasi.
“Una vez que hayamos derrotado a los anglosajones, el resto buscará refugio”, dijo a su audiencia.
Puede que la estrategia de Abbasi sea consecuente con el presente ánimo de macho de Teherán. Pero la nueva directiva de Teherán debería pensárselo dos veces antes de embarcarse en una empresa potencialmente mortal y totalmente innecesaria sobre la base de premisas infantiles acerca del poder de Irán y la debilidad de Occidente.