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¿Son antiamericanos los árabes?
Colaboraciones nº 595   |  6 de Octubre de 2005
 
La “reina de la imagen” del Presidente Bush, Karen Hughes, está de visita por los países árabes, donde la sabiduría convencional afirma que el antiamericanismo es casi innato. Hughes, a cargo hoy de la diplomacia pública del Departamento de Estado, afirma descaradamente que comparte ese análisis — ¿por qué otro motivo elegir la región árabe para su viaje virginal?
 
Pero ¿hasta qué punto es cierta esa afirmación? ¿Son los árabes el pueblo más antiamericano de la tierra?
 
Comencemos con las pruebas. América es de lejos el mayor polo de atracción de las inversiones exteriores árabes a todos los niveles, desde fondos del sector público hasta pequeñas cuentas de ahorro privadas. Las estimaciones más conservadoras calculan el valor de los activos árabes en Estados Unidos en más de 4,5 trillones de dólares, lo que coloca a los países árabes rozando a Gran Bretaña, Japón y Holanda como los mayores inversores en la economía norteamericana.
 
Estados Unidos es también uno de los tres principales socios comerciales de virtualmente todos los países árabes. De hecho, muchos bienes de fabricación norteamericana (coches, por ejemplo) que no se venden en ninguna parte disfrutan aún de robustos mercados en los países árabes.
 
Después, también, América ha sido el destino turístico exterior número uno de los árabes desde los años 80, y ha continuado siéndolo a pesar de las restricciones impuestas a los visitantes árabes después del 11 de Septiembre. A los árabes de todos los ámbitos de la vida y de todas las sensibilidades políticas también les encanta enviar a sus hijos a estudiar a América. Y en lo que se refiere a buscar tratamiento médico, ningún país compite con Estados Unidos a la hora de atraer árabes acomodados.
 
Si se toma tiempo para pasear por las capitales árabes, Hughes estará sorprendida por la omnipresencia de todo lo americano. Es posible pasar unas vacaciones en la mayor parte de las capitales árabes sin salirse de la órbita de hoteles-franquicia americanos, restaurantes, servicios turísticos y bancos. Un paseo por los centros comerciales modernos revelará una población que lleva ropa de estilo americano, incluyendo gorras de béisbol, teléfonos móviles Motorola pegados a las orejas, mientras jazz de Nueva Orleáns suena de fondo. Podría tomar uno de esos cafés cuya elección exige un doctorado en un Starbucks, o regalarse un Hagen-Dazs de su elección.
 
Más del 70% de lo que emiten las cadenas de televisión árabes (incluyendo a esas clasificadas como “obsesivamente antiamericanas”) es de fabricación norteamericana; el 80% de las películas proyectadas en los cines árabes están hechas en Hollywood. Hay más de dos docenas de diarios en inglés, todos utilizando la versión americana del idioma. Hojéelos, y verá lo mucho del contenido que proviene de agencias y servicios asociados norteamericanos.
 
Incluso los periódicos en árabe sirven como emisoras del periodismo americano. Más de la mitad de todos los artículos relevantes en los dos diarios pan árabes principales viene del New York Times, The Washington Post, USA Today, el Los Angeles Times, Newsweek y Time, entre otras publicaciones norteamericanas. Algunos columnistas americanos se han hecho un nombre en la mayor parte de los países árabes.
 
A Hughes también le va a sorprender la cifra de legisladores árabes de contextos empresariales o educativos y/o conexiones americanas.
 
Sólo Dios y los servicios de inmigración de Estados Unidos saben cuántos árabes poseen tarjetas verdes o incluso doble ciudadanía árabe-norteamericana. Con la posible excepción de Libia, que tiene un régimen anómalo, y de Siria, cuyos líderes temen ser objetivo de “cambio de régimen”, casi todos los regímenes árabes tienen buena disposición hacia Estados Unidos. Dieciséis de los 21 estados miembros de la Liga Árabe albergan presencia militar norteamericana. El FBI tiene oficinas en al menos 12 capitales árabes.
 
Así que, ¿de dónde viene la impresión de que los árabes hierven de antiamericanismo? ¿No es posible que los árabes puedan compartir la manía antiamericana fabricada en Occidente, Estados Unidos incluido? ¿No estarán importando los árabes el antiamericanismo, como tantos otros productos?
 
En la prensa árabe, el grueso del material que podría clasificarse como anti-Bush y/o antiamericano se traduce de fuentes norteamericanas. Pasee por las calles en las que se venden libros y videos y cintas por las aceras y verá que el 90% de los artículos que demonizan a América provienen de autores americanos, franceses y británicos.
 
Ningún árabe antiamericano ha producido algo parecido a las teorías conspiratorias que intelectuales americanos como Noam Chomsky, Michael Moore, Scott Ritter, Seymour Hersh o Edward Said, por nombrar unos cuantos, han puesto los mercados de todas partes, mundo árabe incluido.
 
En cualquier momento dado, uno puede descubrir una horda de activistas americanos que visitan la región para animar a los nativos a odiar a América:
 
·         Hace dos años, un grupo de norteamericanos se presentó en las capitales árabes para parar a la gente de los bazares con el fin de “disculpase por las Cruzadas”, aunque los Estados Unidos ni siquiera existían cuando se libraron esas guerras entre Europa y Oriente Medio.
 
·         Antes de la liberación de Irak, cifras significativas de norteamericanos llegaron a Bagdad con el fin de ofrecerse como “escudos humanos” para Saddam Hussein. Ningún árabe fue tan absurdo.
 
·         Este mes, un grupo de 30 profesores americanos apareció en Teherán y Damasco para describir a Estados Unidos como “un estado anómalo de caza”.
 
·         Bianca Jagger, presentada como embajadora de UNICEF y “una pensadora relevante”, ha estado por la región contando a audiencias atónitas que Estados Unidos es la fuente de todos los males del mundo. (A propósito, ¿no se supone que UNICEF es apolítica?)
 
·         Un profesor norteamericano publicó recientemente un editorial en The New York Times relatando su viaje a Irán, donde le “decepcionó” ver que los estudiantes no sólo no odiaban a George W. Bush sino que, horror de los horrores, también anhelaban una democracia de estilo americano en lugar de una utopía islamista.
 
·         Las manifestaciones anti-Bush que los árabes contemplan en televisión tienen lugar en Washington, San Francisco y Seattle, no en alguna ciudad árabe.
 
·         A un amigo, que resulta que es ministro de un estado árabe, le entristeció este verano que, al pasar las vacaciones con su familia en Estados Unidos como siempre hacía desde sus días de estudiante, tuviera que pelear con un antiguo compañero de clase americano. El centro de la disputa fue que el americano insistía en que Estados Unidos era “un imperio perverso”, mientras que el árabe creía que podía ser la fuerza de reforma en Oriente Medio.
 
·         El mes pasado, un periodista iraquí rechazó su beca americana y volvió a casa porque los miembros del claustro de la universidad norteamericana a la que asistía le hacían sentir “culpable de haber sido liberado de Saddam Hussein”.
 
·         Un amigo kuwaití sacó a su hijo de una universidad americana para “protegerle de que le laven el cerebro para odiar Estados Unidos”.
 
Se han realizado muchas encuestas para demostrar que los árabes son antiamericanos. Una encuesta más interesante tendría como objetivo descubrir también cuántos americanos están tan afligidos por el auto-rechazo como para dedicar sus energías a la vilificación sistemática de su nación.
 
Lo mejor que podría hacer Karen Hughes es ayudar a hacer que la otra parte del debate americano estuviera disponible para los árabes; demostrar que no todos los americanos comparten la creencia de Chomsky de que Estados Unidos planeaba matar a 6 millones de afganos únicamente para construir un oleoducto desde Asia Central. Su objetivo debería ser ayudar a los árabes a comprender a América y todas sus contradicciones, no necesariamente adorarla.
 
Hay muchos temas en los que los árabes no están de acuerdo con Estados Unidos. Pero la mayor parte de los árabes no lo ven como muestra de anti-arabismo por parte de América. Hughes no debería verlo como señal de antiamericanismo por parte de los árabes.   

 
 
Amir Taheri nació en Irán y se educó en Teherán, Londres y París. Ha sido editor jefe de Jeune Afrique, del London Sunday Times, también ha escrito para el Times, y contribuye con The Daily Telegraph, The Guardian, y el Daily Mail entre otros. También ha trabajado para el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday, y The Washington Post, el alemán Die Welt, Der Spiegel, Die Zeit y el Frankfurter Algemeine Zeitung, La Repubblica, L'Express, Politique Internationale y Le Nouvel Observateur.


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