La crisis israelo-palestina ni cesa ni sorprende. Sigue un guión fatídico donde cada etapa da paso a otra tan prevista como lo fue la anterior y será la siguiente. Durante los largos y tensos debates parlamentarios en la Knesset sobre el fin de los asentamientos y la retirada de las tropas en Gaza, se repitió hasta la saciedad que daría paso a un principado islamista. Allí es donde tiene Hamás, la versión palestina de los Hermanos Musulmanes, su principal feudo y, por consiguiente, donde la Autoridad Palestina es más débil. Desde entonces hemos asistido a enfrentamientos entre la policía palestina y los militantes islamistas, treguas y lanzamiento de cohetes Qassam sobre las ciudades limítrofes israelíes. Hamas dicta la agenda política palestina y, por consiguiente, la diplomática.
Sharon no se equivocó. Mantenerse en Gaza era un error, como lo fue el conjunto de la política de asentamientos. Es verdad que la retirada ha envalentonado a los palestinos, como ya ocurrió con el repliegue del Líbano, pero es que los errores no salen gratis. De la misma forma que los palestinos llevan años sufriendo las consecuencias de no haber aceptado la existencia del estado de Israel, los judíos tendrán que pagar su insensato expansionismo de décadas atrás. Israel estaba atrapada, con enormes contingentes dedicados a la defensa de pequeños asentamientos. Ahora podrá concentrar sus unidades en la persecución y destrucción de los grupos terroristas además de disponer de una posición internacional mejor.
El campo palestino está profundamente dividido y, en estas circunstancias, es imposible avanzar en la Hoja de Ruta. Israel sólo puede anticipar pasos allí donde le interesa, pero no debe realizar concesiones mientras la Autoridad Palestina no desarme a los grupos terroristas, como indica la citada Hoja de Ruta. Mientras tanto, tiene que situar a los palestinos, y a la comunidad árabe en su conjunto, frente a su propia responsabilidad. En Palestina, como en Afganistán y en Iraq, el Islam se encuentra inmerso en un conflicto civil. Por encima de la lucha contra judíos, norteamericanos… islamistas y moderados resuelven sus diferencias a tiros. Los primeros utilizan la eficaz propaganda antioccidental para legitimar sus acciones, los segundos echan en falta un decidido apoyo del resto de los países musulmanes, atrapados, una vez más, en la estéril retórica antiglobalizadora.
La Autoridad Palestina tiene que abandonar sus intentos de sortear la Hoja de Ruta y afrontar, de una vez por todas, el descuaje del terrorismo. Allí tampoco hay atajos. Palestina sólo tendrá un futuro digno si supera tanto la tentación fundamentalista como la violencia. Israel no gozará de paz en mucho tiempo, pero, con acuerdo o sin él, debe continuar su retirada unilateral y actuar con toda contundencia contra aquellos grupos que pongan en peligro la seguridad de sus ciudadanos. Israel no debe ser un obstáculo para la construcción de un estado palestino. Ese debe ser un reto exclusivo de los árabes.