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Coloso. Auge y decadencia del imperio americano
Reseñas nº 49   |  21 de Septiembre de 2005
 
(Del libro Colossus de Niall Ferguson. Allen Lane, Penguin Group. Londres, 2004)
 
Niall Ferguson es un historiador de la economía, cuyo estudio sobre el imperio británico (Empire: How Britain made the Modern World) ha tenido un éxito considerable. También tiene una a mi juicio más interesante obra sobre la Primera Guerra Mundial (The Pity of War). Además es columnista del Los Angeles Times, en cuya página web pueden leerse todos los lunes sus artículos.
 
Coloso es uno de los libros dedicado a temas internacionales que ha sido últimamente traducido a nuestro idioma. Al respecto se observa un cada vez mayor interés por estos temas en el público español, lo que justifica la reciente traducción y edición de libros de Woodward, Brzezinski, Huntington, Weigel, Kagan, Nye y ahora Ferguson.
 
Alguna reseña leída antes de comprar el libro destacaba como Ferguson comparaba el imperio norteamericano con el británico y proponía, para los países más pobres del planeta, una suerte de neocolonialismo imperialista que les permitiera, a costa de la soberanía, crecer económicamente para sólo después de haber alcanzado cierto nivel de renta per cápita, recuperar la libertad. Es verdad que Coloso tiene algo de esto, pero apenas hay unas pocas páginas dedicadas a ello y, desde luego, no es lo más importante, aunque sí lo más provocador.
 
Notable es el análisis que del imperio norteamericano hace Ferguson y que le lleva a pasar revista a toda la actualidad internacional. La perspectiva es amplia y de largo alcance, lo que hace que, a pesar de haber sido escrito durante el verano de 2003, no haya perdido apenas vigencia, ni parece previsible que la pierda en el futuro inmediato.
 
A mi gusto, lo más interesante del libro es el repaso que en él se hace de aquellos procesos o acontecimientos históricos que hay que tener en cuenta, según el autor, para comprender el presente. Los amantes de la Historia que hayan sabido escoger sus lecturas no encontrarán nada radicalmente nuevo, pero el modo en que Ferguson trata el imperialismo americano entre 1898 y 1914, la política exterior de los EEUU en los años inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, la presencia británica en Irak y Egipto, la democratización de Alemania y Japón durante la posguerra, las guerras de Corea y Vietnam y algún otro que se queda en el tintero, permite extraer interesantes enseñanzas para el presente, que se mueven, casi siempre, fuera de lo comúnmente admitido, lo que a su vez estimula la reflexión.
 
También son notables las referencias a destacados libros, no siempre recientes, de análisis histórico. Valgan los ejemplos de dos que han sido traducidos al español, el Poder y Debilidad de Robert Kagan y el Auge y caída de las grandes potencias, de Paul Kennedy. Ambos son amablemente criticados, con desparpajo y sin ánimo de sentar cátedra.
 
Interesa también en la obra de Ferguson, sobre todo para los que no sean economistas, quienes pueden encontrar la exposición de estilo excesivamente didáctico, los análisis macroeconómicos de la actualidad realizados con perspectiva histórica. Hay varias páginas dedicadas a la globalización, fenómeno que ha despertado ya el interés de los analistas del Pentágono (vid. The Pentagon’s New Map, de Thomas P. M. Barnett), en los que el autor concluye lo que ya hemos oído antes, que el problema de la globalización no es que avance, sino que no lo hace con la suficiente rapidez. Los responsables de esta lentitud no son los países por globalizar, sino los globalizadores. El ejemplo más patente para Ferguson es el de las políticas de protección a la agricultura de EEUU y sobre todo de la Unión Europea, políticas económica y moralmente insostenibles, a su juicio.
 
En definitiva, Ferguson se muestra “a favor” del imperialismo norteamericano, pero considera que el mismo está comprometido por tres serios déficits: un déficit económico, otro de personal y el más importante, el de atención.
 
El déficit económico lo deduce Ferguson de dos circunstancias: la ciclópea deuda exterior de los EEUU y la previsible imposibilidad del estado de pagar a medio plazo las pensiones de los baby-boomers. La pésima situación de las finanzas norteamericanas sugiere a Ferguson (tomándosela prestada a Paul Kennedy, aunque actualizando la visión de éste) una inquietante similitud con la Francia prerrevolucionaria, victoriosa en el campo de batalla, pero ahogada en una crisis financiera que fue la que a la postre provocó la revolución francesa.
 
El déficit de personal se manifiesta tanto en el ejército de los EEUU, que hoy día carece del material humano necesario para hacer frente a las exigencias de su posición imperial, como en el funcionariado civil, que, a diferencia de sus predecesores británicos, no quiere colaborar en la misión imperial trabajando en países remotos y, cuando lo está, es siempre por períodos cortos de tiempo que no permiten alcanzar un conocimiento profundo de las circunstancias de los países en los que trabaja.
 
El déficit de atención es el modo que tiene Ferguson de llamar a la incapacidad de EEUU de sostener tenazmente proyectos que exigen plazos de compromiso más extensos que el de una legislatura para poder recoger beneficios tangibles. El actual empeño de establecer un programa de retirada de las tropas de Irak sin saber cuando se será capaz de acabar con la insurgencia es un buen ejemplo de este déficit.
 
De todo ello, deduce Ferguson la imposibilidad de que los EEUU actúen unilateralmente y la necesidad que tienen de hacerlo, en todo caso, multilateralmente, aunque, añade, esto no sólo implica obligaciones para los norteamericanos, sino que también exige la colaboración de lo que podríamos llamar las provincias mejor integradas en el imperio (léase UE, Commonwealth y Japón).
 
La imagen de estas provincias bien integradas en el imperio norteamericano sugiere la crítica más destacada que podría hacerse al libro de Ferguson, que es precisamente la ausencia de una comparación con el imperio romano, que es, de los que la Historia del mundo occidental ha conocido, al que más se parece.
 
En cualquier caso, un buen libro muy adecuado para estimular nuevas lecturas y reflexiones, amén de constituir una oportunidad de aprender algo de macroeconomía global, por lo menos, para los que, como yo, son neófitos en la materia.

 


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